// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Pancartas 8M en Madrid

Movilización del 8 de Marzo en la calle Gran Vía de Madrid

Economía

Las cuentas pendientes de la revolución feminista tras el 8M

El apoyo unánime suscitado por la movilización del 8M, incluso entre los partidos que inicialmente se oponían a ella, pone en evidencia que el discurso contra el feminismo ya no se sostiene políticamente. La sociedad española, con las mujeres a la cabeza, demandó masivamente en las calles más medidas a favor de una igualdad, no solo legal sino real.

Esta unanimidad podría diluirse si el Gobierno no pasa a la acción. El balance del 8M, sin embargo, hace pensar que el Ejecutivo va a reaccionar a las reivindicaciones feministas, igual que está haciendo con los pensionistas y funcionarios, convirtiéndolas en un nuevo asunto central de la agenda política en la búsqueda de un rendimiento electoral para contrarrestar la caída en las encuestas.

Para avanzar hacia las reivindicaciones feministas que alzaron la voz el 8M hay que concretar medidas en las empresas, la educación y la seguridad

¿Cuales son las cuentas pendientes en igualdad en España?: Las empresas, la educación y la seguridad son los tres ejes donde habría que actuar, según los expertos, para seguir avanzando en las reivindicaciones feministas que alzaron la voz el 8M.

Las empresas se preparan para la transparencia salarial

El mismo 8 de marzo, cuando la presidenta de Banco Santander, Ana Botín, considerada una de las directivas más influyentes del mundo, manifestaba su apoyo a las reivindicaciones de la mujer a través de Twitter, la filial británica de su banco hacía pública la diferencia de sueldos entre hombres y mujeres, siguiendo la ley de Reino Unido.

Así que mientras Ana Botín escribía que “el castigo de la maternidad no es un mito: Después de un primer hijo, la renta de las mujeres cae bruscamente y nunca llega a recuperarse completamente”, los datos del banco que ella misma dirigió en Reino Unido lo confirmaban: la mayor brecha salarial en el Santander UK entre hombres y mujeres se producía precisamente en los equipos senior de la entidad: un 35%. Y en los bonus es aún más grande: del 69,1%. El objetivo de la entidad presidida por Ana Botín es llegar a la paridad en el 2021.

Y mientras la ley británica ya está obligando a las compañías británicas a una mayor transparencia salarial para atajar la discriminación salarial, las entidades españolas están poniendo sus nóminas a remojar.

La movilización del 8M ha puesto el tema en la agenda política, pero también en la de las empresas, conscientes de que deben empezar a prepararse para una eventual Ley de Transparencia salarial, un proyecto que el Gobierno tenía guardado en un cajón pero que podría impulsar.

En España, la brecha salarial es del 16,2% de media según Eurostat, frente al 20% británico. Estas cifras sitúan a España justo en la decimocuarta posición de los 28 países de la Unión Europea, en mejor posición que naciones como Alemania, Francia, Holanda y Dinamarca, aunque muy lejos de los mejores países en este aspecto, que son Rumanía, Italia y Luxemburgo.

“Las corrientes que niegan la brecha salarial solo se explican o por falta de conocimiento o por la defensa de los privilegios”, afirma Nuria Valera, doctora en Ciencias Jurídicas y Sociales y autora de Feminismo para principiantes (Ediciones B). “La brecha salarial no se genera simplemente porque en el mismo lugar de trabajo existan diferencias. Empieza por los procesos de selección, cómo se realizan los ascensos… Las cosas no son tan simples, pero pueden empezar a solucionarse con mayor transparencia”.

“No hay que cambiar las leyes, lo que urge es empezar a cumplirlas”, añade Varela. “Hay una Ley de Igualdad que no cumple ni el propio Gobierno ni las empresas. El trabajo de cuidados en un 83% lo hacemos las mujeres. ¿El 83% de las mujeres optamos por encargarnos de cuidar a la familia? Las habrá que opten por ello por elección personal, pero hay que quitar las trabas para la conciliación para que cada una elija en libertad.

La brecha salarial es un problema mucho más allá de los convenios. Empieza por los procesos de selección, cómo se realizan los ascensos…

Los expertos alertan también de que la brecha salarial es un problema mucho más allá de los convenios. Hay profesiones muy feminizadas en las que se cobra menos que en otras profesiones equivalentes tradicionalmente masculinas. “¿Por qué en un supermercado un reponedor cobra más que la cajera?”, pregunta Varela. Y añade: “Hay un techo de cristal que genera que las mujeres ya no asciendan y hay que analizar por qué. Si no, las empresas estarán renunciando a aprovechar la mitad de su talento y perdemos todos como sociedad”.

El primer paso para remediar la brecha salarial es detectarla. “Nosotros hemos analizado  cada categoría de la empresa al detalle y hemos detectado que hay una diferencia media del 16% entre sueldos de mujeres y hombres que no tiene explicación aparente”, reconoce un directivo experto en Diversidad de una consultora española que prefiere no revelar su nombre.

“Hemos abierto un debate interno para buscar soluciones. Todas las empresas deberían empezar a hacer este ejercicio para controlar su situación”, añade este experto. Según su análisis, una parte de la brecha puede explicarse por factores culturales: “Estamos evaluando si los hombres directivos tienen una camaradería más cercana e inconsciente con otros varones que les haga más sencillo progresar a ellos o si el ambiente no es propicio para que muchas mujeres quieran progresar”. Y concluye: “No se puede solucionar subiéndole el sueldo porque sí a unas ni tampoco bajárselo a los otros. La solución pasa por más coaching y mentoring interno para retener talento, analizar el sistema de retribuciones para hacerlo más transparente y hacer progresar al talento”.

Si prospera la Ley de transparencia salarial será un proceso que tendrán poco a poco que ir profesionalizando todas las empresas.

El feminismo no llega a las aulas

La educación en igualdad es otra de las prioridades que piden los colectivos feministas:  “Todavía hay una resistencia a que el feminismo entre en el aula”, explica Nuria Valera. “Salimos del colegio pensando que estudiamos la historia universal pero estudiamos la historia de los hombres. Todavía hoy puedes graduarte en Filosofía sin estudiar a María Zambrano, en Política sin saber de Clara Campoamor y en Literatura sin estudiar que hay mujeres fundamentales en la Generación del 27. Más allá de Marie Curie y Cleopatra, en muchos planes educativos parece que no hubo mujeres en la Historia”.

Explica Varela que es fundamental que el feminismo entre en el aula para educar en igualdad desde niños. “Lo contrario a la igualdad es la desigualdad, no la diferencia”, explica. “Cuando hablamos de feminismo no hablamos de homogeneización, sino de acabar con las desigualdades que se construyen sobre el actual desequilibrio de poder. No hay nada de biológico en ello. Y las niñas necesitan referentes para crecer en un entorno que garantice la igualdad de oportunidades”.

Salimos del colegio pensando que estudiamos la historia universal pero estudiamos la historia de los hombres y las niñas necesitan referentes”, dice Varela

Octavio Salazar, autor del libro El hombre que no deberíamos ser (Planeta, 2018), profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y miembro de la red feminista de Derecho Constitucional es otro convencido de que falta más feminismo en las aulas. De los talleres de Igualdad que realiza en institutos y universidades ha sacado en claro que “los adolescentes siguen metidos en los esquemas tradicionales de la dependencia”, afirma. “A los hombres desde que nacemos nos educan en la pedagogía del privilegio. Y si los jóvenes siguen reproduciendo patrones de comportamiento en los que son los protagonistas mientras que a ellas se les fomenta la idea romántica de esperar a un príncipe que venga a salvarlas…no estaremos educando en igualdad. El esquema se repite en el porno que ven los adolescentes y el reguetón que escuchan”. Y añade: “Por eso es tan importante trabajar la igualdad desde el mismo momento en que los niños y las niñas construyen su visión del mundo. La educación es la clave”.

Faltan recursos contra la violencia machista

La Comisión 8M en Madrid pide también al Gobierno que apruebe urgentemente los primeros 200 millones para el Pacto de Estado contra la Violencia Machista, que sigue pendiente pese a haber sido ratificado por las Comunidades Autónomas, por no estar aprobados los Presupuestos Generales del Estado. La Ley de Dependencia es otro de los ejemplos paradigmáticos, ya que los cuidados a las personas dependientes siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres (según el Ministerio de Sanidad, a comienzos de 2018 había 700.000 personas con el derecho a las prestaciones de la Ley de Dependencia reconocido y en lista de espera por los recortes presupuestarios).

Amnistía Internacional lamenta la falta de campañas institucionales de prevención de la violencia sexual

También depende de la voluntad de los legisladores el reconocimiento de las agresiones sexuales como violencia machista. En España, cuatro mujeres sufren cada día una violación pero solo se denuncia el 20% según datos de Interior. Para remediarlo, los colectivos feministas demandan más recursos para ayudar a las víctimas de violencia sexual y más personal especializado en las Fuerzas de Seguridad y los operadores jurídicos. Amnistía Internacional lamenta la falta de campañas institucionales de prevención de este tipo de violencia sexual que se da fuera del marco de la pareja o ex pareja y la importancia de ofrecer más formación en perspectiva de género y nuevos protocolos para ayudar a las víctimas.

“No hacen falta más leyes, pero hay que cumplirlas”, insiste Varela. “No dotar de presupuesto la Ley de Igualdad de 2007 la deja sin efectividad real. Es una ley referente a nivel mundial pero no está desarrollada todavía”.

Pero hay muchas otras medidas concretas que piden los movimientos feministas, como aumentar los permisos de paternidad para que tener hijos deje de penalizar únicamente a las mujeres en las empresas; universalizar la educación entre los cero y tres años; y racionalizar los horarios (¿qué pasó con aquella propuesta del PP de finalizar la jornada laboral a las 18h?).

Para que las políticas de igualdad se materialicen en medidas concretas tras las protestas del 8M habrá que ver si pasan o no a convertirse en una prioridad presupuestaria, la prueba del algodón para comprobar si este Gobierno pasa de los lacitos a los hechos.

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