El presidente de C`s en Andalucía Juan Marín, el diputado granadino Luis Salvador, Albert Rivera e Inés Arrimadas.

El presidente de C`s en Andalucía Juan Marín, el diputado granadino Luis Salvador, Albert Rivera e Inés Arrimadas. EP

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El auge de Ciudadanos alarma al bipartidismo: "Es una marea"

Política

El auge de Ciudadanos alarma al bipartidismo: "Es una marea"

No es habitual que una encuesta sobre intención de voto en unas elecciones autonómicas en Andalucía generen tanto shock entre la clase política nacional. Pero el barómetro de la Universidad de Granada, considerado el CIS andaluz, venía a ratificar una tendencia que se consolidaba sondeo tras sondeo. El auge electoral de Ciudadanos, que Susana Díaz intenta minimizar al llamarlo «la espuma del cava» para atribuirlo a su gestión de la crisis catalana, ha llevado al partido de Albert Rivera a ser primera fuerza en intención de voto en la comunidad más poblada, creciendo a costa de PP y PSOE. Y eso sí genera alarma.

Según otras encuestas publicadas por medios como El Mundo de Andalucía o Abc de Sevilla con motivo del 28-F, Día de Andalucía, el partido de Albert Rivera puede acabar con 36 años de gobiernos socialistas en la comunidad. Todos los sondeos muestran la misma tendencia al alza de Ciudadanos pero con una nueva peculiaridad: crece a costa del PSOE principalmente. Según el sondeo de NCReport, Cs lograría 190.104 votos más, mientras que el PSOE perdería 72.278, aunque volvería a ganar las elecciones. El PP, por su parte, se dejaría 36.685 papeletas.

Según la encuesta de Abc, Ciudadanos pasaría de 9 a 26 diputados, quedándose sólo a un escaño de poder formar gobierno con el PP en Andalucía, lo que sería un cambio histórico en la comunidad. Los socialistas podrían intentar un frente de izquierdas con Podemos e IU que se antoja muy difícil por la desconfianza generada entre ellos después de que Susana Díaz rompiera el pacto de gobierno con IU en 2015 de la noche a la mañana para adelantar las elecciones. La cabeza de la presidenta podría ser, en este sentido, una exigencia para el acuerdo.

En Andalucía, Ciudadanos es la cuarta fuerza política con nueve diputados autonómicos, seis menos que Podemos. En 2015 irrumpió en el Parlamento a pesar de no contar prácticamente con estructura en la comunidad. Y así sigue. Precisamente la falta de liderazgo del partido en ciudades y ayuntamientos ha llevado a PSOE y PP a minusvalorarlo. Ciudadanos sigue sin apenas estructura orgánica en Andalucía ni posición política determinada. Como socios parlamentarios del PSOE, sostienen el Ejecutivo de Susana Díaz sin formar parte de él. No son Gobierno, pero tampoco se destacan por su labor de oposición.

Otro factor de su escaso posicionamiento en clave autonómica es el desconocimiento ciudadano de su líder, Juan Marín, antiguo concejal de un partido local independiente en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Según la encuesta del Egopa, a Marín lo conocen el 41% de los andaluces, menos que al líder de IU, Antonio Maíllo (58%); de Podemos, Teresa Rodríguez (59%); del PP, Juan Manuel Moreno (58%) y muy distanciado de Susana Díaz (91,6%).

Si Ciudadanos es la primera opción de voto para los andaluces por motivos ajenos a su gestión en la comunidad, ¿qué está pasando? Es lo que se preguntan en el seno del PP y del PSOE. «Es una marea», responde tajante un histórico socialista, que teme que su partido esté subestimando el auge real de la formación naranja.

De hecho, Pedro Sánchez insiste en que la subida de Ciudadanos es una «oportunidad de oro» para que el PSOE logre el Gobierno, ya que divide el voto de la derecha mientras los socialistas consideran que ya han ganado la batalla de la izquierda a un Podemos en caída libre. ¿Y por qué Podemos cae mientras Ciudadanos se mantiene a pesar de su escasa relevancia política en Andalucía?

Quizás, la explicación de ambos fenómenos sea común y se basen en la postura a nivel nacional de ambos partidos más que en su gestión en la comunidad. Podemos llegó al sistema político como movimiento de impugnación del bipartidismo y «el régimen del 78» sobre la ola de indignación por la crisis económica.

El estado del bienestar impulsado principalmente por el PSOE está resistiendo esa crisis a pesar del importante deterioro que han sufrido los servicios públicos fundamentales. Pero ahora España se ve inmersa en otra crisis de distinta naturaleza. Algunos dirigentes socialistas la consideran una crisis de seguridad, que se puede visualizar en las cargas policiales con motivo del 1-O en Cataluña. En ese cuestionamiento de conceptos básicos como la unidad nacional, la seguridad o de privilegios territoriales es donde Ciudadanos encontraría su principal caladero de votos en Andalucía.

En ese sentido, la impugnación que hacen los de Rivera del sistema político español desde la Transición es más profunda que la de Podemos, que está más vinculada a cuestiones coyunturales como la crisis económica. Desde 1978, PP y PSOE han optado por convivir con los nacionalistas, negociar y gobernar con ellos. Ahora, Ciudadanos cuestiona esa práctica del bipartidismo y la señala como culpable de tensiones territoriales como la sufrida en Cataluña, País Vasco y ahora también en Baleares.

Tras la crisis económica y política española, la crisis catalana y de seguridad está incidiendo en la colaboración política con los nacionalistas que ha sustentado el sistema partidista hasta ahora. Los ataques de Ciudadanos a acuerdos como el del cupo vasco o al de la inmersión lingüística en Cataluña abren en ese modelo una grieta de efectos inciertos.