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La incertidumbre del Brexit lastra la economía mundial

La ausencia de un plan claro de ruptura entre Reino Unido y la UE sostiene la amenaza de un Brexit caótico que perturbaría el comercio mundial

Crisis del Brexit: carteles de Corbyn, May y Johnson en Londres.

Crisis del Brexit: carteles de Corbyn, May y Johnson en Londres. EFE

El Brexit es algo más que una amenaza. Las huellas del turbulento e inconcluso escenario para la ruptura entre Reino Unido y la Unión Europea son visibles desde hace tiempo sobre la economía global. Y amenazan con hacerse más contundentes a medida que el proceso se acerca a su fecha límite (su segunda fecha límite) sin perfilar una solución viable.

Así lo recordó este martes la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, en un encuentro celebrado en Washington en el que ha adelantado que la institución que preside volverá a recortar la próxima semana -ya lo hizo el pasado enero- sus previsiones para el crecimiento de la economía mundial para 2019, actualmente situadas en el 3,5%. Lagarde ha hablado de una economía «vulnerable», sobre la que pesan distintas incertidumbres como la guerra comercial entre Estados Unidos y China y el Brexit, cuyo impacto resulta especialmente preocupante para la economía europea.

Una preocupación que crece a medida que los líderes políticos británicos se muestran incapaces de desencallar la situación. «Emprendo esta acción para salir del atolladero». La primera ministra británica, Theresa May, habla de atolladero pero podría decir laberinto o callejón sin salida.

El Brexit se ha convertido en un factor divisorio en el Reino Unido. El Gobierno conservador está fragmentado entre los que quieren una salida sin acuerdo (unos 14) y los que defienden que los lazos económicos puedan ser más estrechos y que para trabajar en ello haya una ampliación mayor del plazo (una decena).

May anunció el martes que pedirá a la UE hasta el 22 de mayo para buscar una vía consensuada con el laborista Corbyn

May anunció el martes que iba a pedir a la UE hasta el 22 de mayo para buscar una vía consensuada con el líder laborista, Jeremy Corbyn. La decisión, tras siete horas de reunión de su gobierno, no se tomó por unanimidad.

La iniciativa supone, aunque lo hace a nueve días del segundo plazo de salida de la UE, el 12 de abril, la necesidad de un compromiso de los dos grandes partidos para una de las decisiones más trascendentes de la historia reciente del Reino Unido. Corbyn simplemente dijo que le hace «muy feliz» verse con May.

«Veremos a la primera ministra. Reconocemos que se ha movido. Trabajaremos por los que apoyaron a los laboristas y por quienes quieren seguridad y certidumbre», ha añadido Corbyn.

Lo más importante, a juicio de Corbyn, es asegurar que «no salimos de forma caotica de la UE la próxima semana».  Es el mínimo común denominador entre May y Corbyn de momento.

Nada felices estaban, sin embargo, los brexiters, especialmente los miembros del European Research Group, como Jacob Rees-Mogg. Para los que no temen la salida sin acuerdo, esta aproximación de May a los laboristas aumenta el riesgo de que el Reino Unido se quede apalancado en la Unión Europea. Los parlamentarios que apuestan por una salida a las bravas son unos 170.

Distintas opciones

Hasta ahora el Parlamento, que ha tomado las riendas de la agenda del Brexit, ha intentado encontrar soluciones consensuadas pero no lo ha conseguido. Hace una semana ocho votos indicativos se saldaron con ocho noes. Este primero de abril hubo otra votación pero tampoco hubo ninguna alternativa con mayoría.

La opción que quedó mas cerca de lograrlo fue la presentada por el tory europeísta Kenneth Clarke, que aboga por un Reino Unido dentro de la unión aduanera, lo que para los brexiters priva al Reino Unido de la libertad de negociar sus propios acuerdos comerciales. Es posible que sea una de las que manejen May y Corbyn.

Las opciones que se votaron el lunes en Westminster incluían dos versiones del Brexit blando, una en la que el Reino Unido estaría en el Espacio Económico Europeo, como Noruega o Islandia, y otra que defendía una unión aduanera. Ninguna de ellas soluciona la cuestión de la frontera interirlandesa.

Los unionistas norirlandeses, que encabeza Arlene Foster, rechazan todo lo que implique que las condiciones de Irlanda del Norte son diferentes a las del resto del Reino Unido.

Entre las dos Irlandas no debe haber una frontera dura, tal y como está reflejado en los Acuerdos de Viernes Santo. De ahí, la garantía de la salvaguarda que contempla el plan de May y los Veintisiete.

La división puede ser territorial también por el problema irlandés, y también porque los escoceses quieren seguir en la Unión Europea, y amenazan con otro referéndum para separarse del Reino Unido, si la salida es abrupta.

La enmienda sobre la unión aduanera, propuesta por el europeísta Kenneth Clarke, solo tuvo tres votos en contra. En un tuit del think tank Institute for Government se reproduce cómo fue el voto de estas propuestas en el Parlamento. Se trataba de votos indicativos, es decir, no vinculantes para el Gobierno de May, pero muy relevantes.

El laborismo ha dado tumbos durante estos dos años y medio largos desde la celebración del referéndum del Brexit, el 23 de junio de 2016. Después de que su plan alternativo fracasara la semana pasada en la primera ronda de votos indicativos, han apoyado las opciones del Brexit blando, sin éxito. Pero esta propuesta de May les permite pasar a primer plano en un momento decisivo.

El adalid de otra de las enmiendas más apoyadas, Mercado Común 2.0, el conservador Nick Boles, anunció el lunes por la noche que dejaba a los tories, por su falta de interés en buscar «una salida constructiva». Boles se unió al Grupo Independiente, donde confluyen laboristas y conservadores descontentos.

Boles es un reflejo de lo desgastada que está la clase política británica por el Brexit. Y el Grupo Independiente, abanderado por el laborista Chuka Umunna, ronda el 18% de los apoyos. Van a constituirse como partido político bajo el nombre de Change UK.

El Consejo Europeo tendrá que decidir el próximo 10 de abril sobre la prórroga que acaba de solicitar May

Boles ha arremetido, en declaraciones a la BBC, contra May, quien «ha malinterpretado el Brexit y lo ha llevado de mal en peor, debido que solo intentaba agradar al partido conservador, en lugar de construir un plan para todo el país».

Según Boles, los tories están dividido entre los europeístas que se mueven poco por cobardía y el dogma de los brexiters«. Tras conocer la última propuesta de May, Boles ha señalado que es un primer paso en la buena dirección.

A día de hoy, la única opción sigue siendo la salida sin acuerdo el 12 de abril. El Consejo Europeo, convocado el próximo 10 de abril, tendría que decidir sobre la prórroga que acaba de solicitar May, hasta el 22 de mayo. Tendrán que mostrar avances May y Corbyn para que el Consejo Europeo se arriesgue a dar ese paso.

Nadie asegura que después de esa prórroga requieran otra, y con las elecciones europeas el 23 y el 26 de mayo el lío lo tendrá la UE con un miembro que no convoca elecciones pero sigue dentro.

Una economía en problemas

En medio de este laberinto, la advertencia lanzada este martes por Lagarde no supone una novedad. La incertidumbre sobre el Brexit ha sido señalada en las últimas semanas -del mismo modo que en los últimos meses- como objeto de especial preocupación por distintos organismos, como la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), que en su reunión del pasado 7 de marzo asestó un recorte de calado a sus perspectivas sobre la Eurozona, para pronosticar el menor crecimiento desde 2013.

Los débiles datos de la industria europea, cuyos índices de actividad reflejaron en marzo sus peores niveles en los últimos seis años, han sido consistentemente ligados a la parálisis de las decisiones de inversión que provocan riesgos como el Brexit. En Reino Unido, según un reciente informe de Goldman Sachs, el proceso ya ha restado hasta un 2,4% del PIB desde su aprobación en 2016, al ocasionar un deterioro de la inversión y el consumo que podría intensificarse a las puertas de la fecha clave.

Y sin embargo, en los últimos tiempos, los mercados parecen no darse por enterados. Este martes, el índice bursátil europeo Stoxx 600 cerró en sus mejores niveles desde el pasado septiembre, tras acumular en 2019 una remontada superior al 14%. Y el mercado británico no ha sido, ni mucho menos, una excepción en el buen tono general: el Ftse 100, su índice de referencia, gana cerca de un 10% en el año, mientras que la libra esterlina ha recuperado más de un 6% de su valor frente al euro en los últimos cuatro meses.

Entre los inversores ha calado la idea de que al final no se producirá un Brexit sin acuerdo y que, incluso, la ruptura podría evitarse

Entre los inversores parece haber calado la idea de que al final no se producirá un Brexit sin acuerdo y que, por lo tanto, el impacto económico de la salida de Reino Unido de la Unión Europea será manejable. Frente a al posibilidad de una ruptura caótica, «nos atenemos a nuestro caso base de que sigue siendo más probable un impulso hacia un Brexit suave, muy probablemente una unión aduanera», sugiere David Alexander Meier, economista de Julius Baer.

La prolongación de los plazos para la salida definitiva e, incluso, la posibilidad de que la ruptura quede en papel mojado por medio de un segundo referéndum son vistas con cierto optimismo por parte de analistas e inversores.

Pero lo cierto es que, según pasan los días, «el caos político del Parlamento incrementa la probabilidad de una salida sin acuerdo», advierten en la firma de análisis Macroyield. Este escenario ha sido siempre visto como el menos probable, por ser indeseable para ambas partes, pero siempre ha estado abierta la posibilidad de que, de forma accidental, se acabara produciendo una ruptura radical, de consecuencias imprevisibles.

Esta misma semana, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, trataba de restar dramatismo al Brexit, señalando que sus riesgos son manejables para la economía de la Eurozona. Pero, como también añadía el propio Guindos, «persisten algunas vulnerabilidades que podrían generar efectos más adversos si interactúan con los riesgos que afectan actualmente a la perspectiva para la Eurozona».

Y esta amenaza, sin duda, se multiplicaría exponencialmente en el caso de un Brexit desordenado. El pasado noviembre el Banco de Inglaterra advertía en un informe de que una salida sin acuerdo de la Unión Europea podría provocar una contracción de hasta el 8% en la economía británica, lo que supondría la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial.

Hacia el exterior, se espera, las consecuencias serían mucho más modestas, pero un descalabro de este tipo en la quinta economía del mundo causaría, sin dudas, notables distorsiones a nivel global, y podrían llegar a hacer descarrilar un crecimiento ya debilitado. Y esto, en mayor medida, en Europa, donde las relaciones entre ambos bloques son mucho más estrechas: Reino Unido acapara casi el 11% de las exportaciones interiores de bienes en Europa y casi un 15% de las importaciones.

Cualquier trastorno en esta cadena comercial ocasionaría no solo un impacto directo en las transacciones, sino que podría perturbar el correcto desarrollo de las cadenas de suministro de diversas industrias.

El impacto para España

España no es uno de los países más estrechamente ligados al comercio con Reino Unido. Un informe reciente de Oliver Wyman pronosticaba que España sería, en términos absolutos, el sexto país de la Unión Europea más afectado por la implantación de barreras arancelarias y no arancelarias en las relaciones comerciales con Reino Unido, con un coste que valoraba en unos 2.500 millones.

Este informe señalaba a la industria de automoción como la más castigada, con un coste de hasta 886 millones de euros, seguida del sector agroalimentario y los bienes de consumo. Entre los tres concentrarían el 70% del impacto. Por regiones, la Comunidad Valenciana, Cataluña y Castilla y León (tres regiones con fuerte implantación del negocio de automoción) serían las más perjudicadas.

Oliver Wyman estima en unos 2.500 millones de euros el coste para España de la implantación de barreras comerciales con Reino Unido

Por su parte, el Banco de España estimaba recientemente que un Brexit sin acuerdo supondría una merma para la economía nacional del 0,8% del PIB en los próximos cinco años, lo que se traduciría en una pérdida de algo más de 9.000 millones de euros.

Si estos números no parecen especialmente alarmantes, la situación si resulta mucho más inquietante para algunas de las principales empresas españolas que cuentan con negocios en el país. Sectores como el financiero, con Santander y Sabadell fuertemente implantadas en el país; el de las aerolíneas, con IAG, la matriz de Iberia y Vueling, luchando por mantener la licencia para operar en el territorio comunitario; o los grupos turísticos españoles, que se juegan hasta 95.000 empleos -700.000 en toda Europa-, en el peor de los escenarios, son solo algunos de los ejemplos más notorios de los riesgos que el proceso del Brexit tiene para la economía española y la mundial.

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