Parece que fue ayer, pero ya han pasado casi cuatro años desde que Donald Trump se hiciera con los votos necesarios para convertirse en el 45º presidente de Estados Unidos. Aquella noche del 8 de noviembre de 2016, el republicano puso a su nombre casi 63 millones de votos -frente a los casi 66 de su rival, Hillary Clinton- y colocó su apellido en el buzón del 1600 de la Avenida Pennsylvania.

El mandato de Trump ha sido el que ha sido, con sus (muchas) sombras y sus (escasas) luces a nivel político o en cuestiones tan importantes como la inmigración. En cualquier caso, Trump, como todos sus predecesores, tiene sus horas en el cargo contadas. Y sus posibles sucesores ya están tomando posiciones para adelantar a sus rivales en la carrera.

En el lado republicano, poca oposición le va a salir al actual comandante en jefe. Pero hay un importante vacío de figuras entre los demócratas. Bernie Sanders, que estuvo muy cerca de ser candidato en 2016, ya se ha postulado, pero de nuevo tendrá que imponerse ante un buen número de contendientes.

La política, como casi todo, es cuestión de momentum. El timing lo es todo en casi cualquier cuestión de la vida, y la cosa pública no va a ser diferente. Y si hay que fijarse en eso, ahora mismo Andrew Yang está opositando a estrella emergente entre los demócratas.

Todavía no es conocido en España, pero en Estados Unidos ya está sumando a nombres importantes a su causa y eso, en una carrera por las primarias en la que importa más el dinero que las ideas, es oro puro.

Yang es una figura clave dentro del panorama del emprendimiento en su país. Saltó a la primera línea después de poner sobre la mesa 120.000 dólares de su bolsillo para crear Venture For America, una organización que se dedica a impulsar a compañías tecnológicas situadas fuera de espacios tradicionales como Silicon Valley o la abigarrada costa Este. La cosa fue bien y Barack Obama le otorgó el honorífico título de «Embajador del Emprendimiento Global», tal y como recoge The Verge.

Esos contactos le han valido para que, en el mes de marzo, las donaciones alcanzaran los 2 millones de dólares, con aportaciones de nombres como Jack Dorsey, fundador y CEO de Twitter, o el actor Nicolas Cage.

¿Un presidente marxista?

Es posible que el próximo máximo mandatario de Estados Unidos tenga ideas cercanas a Marx, toda una ironía tratándose del país que hace tiempo que se ha pasado el capitalismo salvaje en modo experto.

Yang siempre ha negado su cercanía con los postulados marxistas, pero su propuesta estrella la podría haber firmado el Pablo Iglesias de Vallecas (no confundir con el de Galapagar) cuando había que tomar el cielo por asalto: un cheque de 1.000 dólares mensuales por persona.

Esta renta básica, rebautizada hábilmente como «dividendo de libertad» para adaptar una medida populista al lenguaje empresarial y darle un toque sofisticado, es la gran baza de Yang, de evidentes orígenes asiáticos, para ganarse a los votantes demócratas sin que se le cuelgue el cartel de comunista, una palabra todavía proscrita en suelo estadounidense.

Andrew Yang, en un encuentro con sindicalistas. Andrew Farley

El neoyorquino, que cuenta ahora 44 primaveras, apoya con datos demoledores su intención de poner un sueldo a cada estadounidense: apenas el 63% de los estadounidenses tiene un trabajo a tiempo completo -el mismo porcentaje que en 2014-, y sólo un 62% afirma que podría pagar una factura hospitalaria de 1.000 dólares en caso de que se produzca, Dios no lo quiera, cualquier accidente.

Yang es muy crítico con la economía estadounidense y su modelo de producción, especialmente con la automatización de industrias como la automovilística, históricamente potente en la zona del Medio Este y especialmente en la quebrada Detroit. Según ha explicado en algunos de sus actos, que de momento rondan el medio millar de asistentes, los fabricantes de coches mantienen unos niveles de producción similares al año 2007, pero con un millón de trabajadores menos.

«Confiar en el mercado se va a volver más y más autodestructivo, mientras cada vez más y más gente se queda fuera», afirma, apuntando a que es necesario que «construyamos otro tipo de economía lo antes posible».

Trabajadores en peligro

La situación, cuenta, es especialmente peligrosa para los trabajadores poco cualificados de Estados Unidos. «El retail es el sector que más personas emplea en todo el país. Cuando, en cuatro años, hayan cerrado un 30% de tiendas físicas y de centros comerciales, ¿qué hacemos?», se pregunta Yang.

Lo cierto es que el retail, en el que el cambio de marcha impuesto por Amazon ha cambiado para siempre el sector, y la logística son los dos grandes negocios en peligro. La profesión más numerosa en Estados Unidos es conductor de camión, un empleo cuyo destino no es otro que la destrucción.

Aparte de unos datos engañosos en el empleo, por mucho que Trump los tuitee con mayúsculas y exclamaciones, Estados Unidos vive un problema demográfico importante. Mientras en el resto del mundo la esperanza de vida mantiene una tendencia ascendente, en EEUU la curva lleva tres años mirando peligrosamente hacia abajo.

Un estudio de la Universidad de Princeton que recoge The Verge apunta a que los hombres entre 50 y 55 años de edad que mueren a causa del alcohol, las drogas o el suicidio ha aumentado. Buena parte de las veces se debe a que la crisis les ha dejado sin trabajo y sin ingresos, y fuera de un mercado laboral al que ya no aspiran a volver.

Yang pretende acabar con todo eso con sus «dividendos de la libertad», pero habrá que ver cómo reacciona Estados Unidos después de penar cuatro años con una legislatura del que probablemente es el peor presidente que ha tenido el país en las últimas décadas. Quizás el próximo ocupante de la Casa Blanca sea un asiático con tendencias marxistas, vivir para ver.