Economía

Lagarde ofrece algo de optimismo a Europa: "Los riesgos son menos pronunciados"

La presidenta del BCE, Christine Lagarde. EFE

Christine Lagarde llega al sillón presidencial del Banco Central Europeo (BCE) con buenas nuevas para la Eurozona. Modestas, cierto, pero buenas y eso ya representa una novedad reseñable, para una región acostumbrada desde hace varios trimestres a asumir continuos recortes en sus perspectivas.

Siguiendo el tono marcado un día antes por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), la nueva presidenta del banco central se presentó ante la prensa tras su primera reunión de política monetaria afirmando que los riesgos que amenazan la economía de la región se muestran hoy «menos pronunciados» y han permitido unas incipientes señales de estabilización que alimentan la esperanza de que lo peor de la reciente desaceleración haya quedado atrás.

De hecho, la institución se permitió por primera vez en mucho tiempo elevar sus previsiones de crecimiento para el año en curso (ahora espera que la economía crezca un 1,2%, una décima más que en septiembre), aunque tuvo que rebajar en la misma medida la previsión de 2020, situándola en el 1,1%.

La institución mejoró su previsión de crecimiento en 2019, aunque redujo una décima la proyección para el próximo año

Las menores inquietudes en torno al Brexit o la guerra comercial apuntalan esta expectativa de estabilización, que, sin embargo, no ha llevado a la expresidenta del FMI a plantear el menor cambio a la hoja de ruta dibujada por su antecesor, Mario Draghi.

No sólo porque calcó su último comunicado inicial, en el que se establecía el mantenimiento de los tipos de interés y de las últimas medidas de estímulo aprobadas, sino también porque durante la rueda de prensa posterior insistió en algunas de las principales líneas defendidas en los últimos tiempos por el banquero italiano: la conveniencia de mantener una política monetaria expansiva durante un tiempo prolongado y la necesidad de que los gobiernos contribuyan a reforzar la actuación del banco central.

En el primero de estos aspectos, Lagarde dio a entender que las políticas monetarias actuales están favoreciendo la recuperación de la economía regional, al facilitar el crédito a empresas y familias y, de este modo, afianzar el consumo y la inversión en la Eurozona.

La necesidad de que estas medidas sigan en pie vino dada por la consideración de que en 2022 -el último año incluido en las previsiones del BCE- se espera una tasa de inflación del 1,6% (1,7% en el último trimestre), que Lagarde se encargó de señalar que resulta insuficiente para los objetivos marcados por el banco central.

Para alcanzarlos requirió, como venía siendo habitual en los discursos de Draghi, el respaldo de las políticas fiscales y las reformas estructurales de los gobiernos de la región. «Se necesitan muchos para bailar el ballet económico que genere estabilidad de precios y crecimiento», apuntó Lagarde.

El BCE llevará a cabo una revisión estratégica de sus políticas a lo largo de 2020

En cualquier caso, la nueva presidenta del BCE quiso marcar distancias con sus predecesores, al tiempo que se desmarcó también de la común clasificación de los banqueros centrales entre halcones (los partidarios de una política más estricta) y palomas (aquellos defensores de una postura más suave y favorable a los estímulos económicos). Frente a este binomio, Lagarde expresó su deseo de mostrarse como un búho, caracterizado por su sabiduría.

En ese objetivo de trazar su propio camino, Lagarde tratará de sacar adelante una revisión estratégica de las políticas objetivos del BCE, que está previsto que se inicie en enero de 2020 y finalice hacia finales de años. El objetivo de esta revisión será evaluar la adecuación de la política monetaria de la Eurozona a los cambios registrados en la economía global en los últimos años y el impacto de cuestiones claves como el cambio climático.

«Felices fiestas, feliz Navidad y cualquier cosa que sea lo que celebres, espero que seas feliz y hagas felices a quienes te rodean», se despidió la política francesa en su primera comparecencia como presidenta del banco central. Las primeras gotas de esperanza ya las había ofrecido en su discurso.

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