El miedo al coronavirus ha colonizado el territorio empresarial chino más grande de Europa, el polígono Cobo Calleja. Los empleados chinos que trabajan en estos locales no quieren oír ni hablar de esta enfermedad que ya ha afectados a cientos de miles de personas y que está poniendo en riesgo la economía a nivel mundial.

Sus calles, habitualmente repletas de gente, de personas comprando, de población china haciendo negocio; hoy transmiten la frialdad, el silencio y la incertidumbre del qué pasará con sus más de 500 empresas si el virus sigue avanzando. Algunos restaurantes han cerrado temporalmente debido a que su producto fresco llega directo del país asiático. Otros locales que también han bajado sus cierres estas semanas justifican su baja temporal con carteles de “cerrado por vacaciones” o “estudiando el menú”.

Tal es el miedo a la epidemia que tras entrar en uno de sus comercios y escucharles en un perfecto español, a los poco minutos, al mencionar el coronavirus, bajan la cabeza, aseguran que no entienden castellano, se ponen a mirar el teléfono móvil y hasta invitan a los periodistas a salir de allí: «No entiendo nada, gracias, adiós…»

En Usera, otro de los territorios con mayor cantidad de comercios chinos de la Comunidad de Madrid, la intranquilidad que ha generado el coronavirus es casi mayor. Un transportista que descarga habitualmente en la zona ha observado que al llegar a la tienda donde tenía que dejar unos palets había un cartel que indicaba que se encontraba cerrada por coronavirus: «Después me han abierto la nave, he descargado el género y rápidamente han vuelto a cerrar», afirmaba, «aquí en Usera sí que hay psicosis».

En medio de esta tesitura, algunos ciudadanos chinos han decidido guardar cuarentena voluntaria en sus domicilios tras haber regresado recientemente de China. Es su aportación contra el estigma, que es la mayor amenaza para el complejo empresarial.

El cierre de fábricas en China por el coronavirus está provocando disrupciones en las cadenas de distribución y amenaza con desabastecer a empresas de todo el mundo. Siendo de origen chino la mayor parte de los productos importados por los negocios de esta zona, el riesgo es mucho mayor.

Dos mujeres van a comprar al polígono Cobo Calleja con mascarillas y guantes. EL INDEPENDIENTE

El presidente de la Asociación de Chinos en España, Mao Feng, dice no temer un problema de desabastecimiento «a corto plazo» ya que «la mayor parte de los almacenes tienen preparados los productos para la venta seis u ocho meses antes de que llegue cada temporada». Pero, añade, «existe una cierta preocupación, de cara al largo plazo, de que haya problemas puntuales de abastecimiento».

Por su parte, fuentes de la Entidad de Conservación de Cobo Calleja admiten que «en el momento en el que el polígono estornude por el coronavirus, la economía de la Comunidad de Madrid temblará».

La fuerte recesión económica que se inició en España en 2008 dejó huella en el recinto. Cobo Calleja superó también en 2012 otra crisis, esta vez de imagen, después de la operación policial llevada a cabo contra el fraude fiscal. En esta, denominada ‘Operación Emperador’, se detuvo al empresario chino Gao Ping como cabecilla de una trama que defraudó a Hacienda unos 17 millones de euros. Esta última, ‘Coronavirus 2020‘, es la tercera de sus crisis. Afecta a su economía pero también a su vida y a su familia.