Basta con ir a comprar el pan -dar un paseo está prohibido a no ser que uno tenga un perro- para darse cuenta del parón que se ha producido en la vida ciudadana y, por tanto, en la economía.

Cines, bares, restaurantes, comercios cerrados, autobuses vacíos. La mayoría de los pocos viandantes va con mascarilla y ¡por Dios! que no se te ocurra toser en la calle. Miradas asesinas se dirigen hacia ti como si tuvieras la peste.

Pero hay que amoldarse a la situación. Hay que cumplir de manera estricta las limitaciones impuestas en el decreto de alarma aprobado por el Gobierno el pasado sábado. No queda otra. Por mucho que nos limiten, el esfuerzo merece la pena. Es la única garantía de que en unas semanas volveremos a una cierta normalidad, a unas rutinas que ya nunca será iguales que antes de la irrupción del coronavirus en nuestras vidas.

Un alto funcionario europeo estima que en el segundo trimestre el PIB español podría caer cuatro o cinco puntos

A partir de hoy esas limitaciones afectarán a todas las personas y a todas las empresas. Casi nadie se atreve a hacer un pronóstico porque el daño depende de cuánto tiempo haya que mantener las medidas de excepción.

Sin embargo, lo peor que se puede hacer con esta crisis -como ya ha ocurrido a nivel sanitario- es minusvalorarla. Los cálculos de caída del PIB y aumento del desempleo para España que han hecho algunas instituciones y bancos de inversión (ver la información de Elena Lozano y Olga Rodríguez) me parecen tímidos, poco realistas.

Un alto responsable de una institución europea, en conversación off the record con este periodista, estima que la caída del PIB anualizado en el segundo trimestre de este año podría ser de 4 a 5 puntos. Es decir, que España entraría en una recesión severa.

Si el PIB cae, naturalmente aumentará el desempleo, con unas diferencias sustanciales respecto a la crisis de 2008: entonces la tasa desempleo era siete puntos menor que ahora y la tasa de deuda no llegaba al 40% del PIB, mientras que ahora es prácticamente similar.

Lo peor, insisto, que se puede hacer ante una situación de incertidumbre es ser timorato. Ese fue el error cometido por la presidenta del Banco Central Europeo (BCE) Christine Lagard el pasado jueves cuando, al anunciar el paquete de liquidez de 120.000 millones para compra de deuda (a añadir a los 20.000 euros que se destinan a ese propósito cada mes), dijo que la función del BCE no era reducir la prima de riesgo de los países, lo que llevó a que el diferencial de Italia subiera 60 puntos y el de España y Grecia otros 30 puntos. Por cierto, fue ella la que utilizó el término shock para definir lo que está pasando en la economía.

No, así no. El mejor ejemplo de cómo se lucha frente a un ataque contra la moneda única lo dio Mario Drhagui con su histórico «Whatever it takes». Lo que haga falta. Lo que haga falta, pero en serio.

Veremos lo que hace hoy el Eurogrupo en su reunión virtual. Si se arruga, acogotado por Alemania, o da un puñetazo encima de la mesa, como piden Enmanuel Macron o el presidente italiano Sergio Mattarella.

Pensar que a unos les va a afectar más que a otros (acuérdense de los Pigs) es un grave error. La única forma de fortalecer el proyecto europeo y el euro es que las instituciones comunitarias actúen para defenderlo utilizando todas las herramientas a su alcance, que son muchas.

La crisis va a afectar de forma especial al sector servicios: la hostelería y el turismo, que, en conjunto, suponen más del 10% del PIB español, donde una parte importante del empleo es precario.

Bruselas debería parar el reloj o congelar el cumplimiento de la senda de déficit. Y el BCE facilitar toda la liquidez que fuera necesaria

Me atrevo a proponer una serie de ideas para que esta crisis, que nos afectará negativamente sí o sí, tenga el menor efecto posible en la vida de los ciudadanos y en nuestro estado de bienestar.

1º Bruselas debería parar el reloj (esta es una expresión que gusta mucho entre los eurofuncionarios) o congelar de manera momentánea los objetivos de la senda de déficit. Claramente algunos países, como Italia, España o Francia no los van a cumplir.

2º Aplazar esos objetivos no significa que se imponga la indisciplina presupuestaria, como cree Alemania. Se deberían alargar los plazos para que los países más afectados puedan volver a esa senda sin provocar un estallido social entre sus ciudadanos.

3º El BCE debería comprometerse a dar la liquidez que haga falta a los bancos nacionales y a los Estados -mediante la compra de deuda pública- para que no se produjera una crisis de liquidez, que agudizaría la caída de la actividad y el cierre de empresas.

4º La Unión Europea debería poner en marcha un ambicioso plan de inversiones públicas para compensar la caída de la actividad. Es decir, aplicar una política anticíclica.

5º El gobierno español tendría que evitar un desplome de la demanda interna. Facilitar los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) para que las empresas eviten el cierre.

6º El «plan de choque» en su versión completa, que se conocerá tras el Consejo de Ministros del próximo martes, debería ampliar las ayudas fiscales y los aplazamientos en el pago de la Seguridad Social de pymes y autónomos. Hay que preservar el tejido productivo. Cerrar una empresa es fácil; crearla y hacer que funcione es muy difícil.

El Gobierno tiene que huir de los Planes E (fórmula Zapatero) y evitar el ahogamiento de las empresas garantizando el pago a proveedores

7º El Gobierno debería huir de medidas facilonas como los Planes E que se aprobaron durante la etapa de Rodríguez Zapatero y que sólo sirvieron para aumentar el despilfarro y crear empleos ficticios.

Sánchez debería aprender de la experiencia y copiar lo que hizo el gobierno de Rajoy para mantener la actividad. El Estado facilitó el pago a proveedores con una línea especial que evitó que empresas sanas acabasen cerrando por el retraso en el pago de deudas con el sector público.

9º El Gobierno tiene que acordar su plan con empresarios y sindicatos y también con la oposición. Cuanto mayor consenso tengan las medidas, más fácil será aplicarlas y serán más efectivas.

10º Huir de la demagogia y de recetas mágicas. La solución a una crisis como la que vamos a vivir siempre ha venido de un esfuerzo conjunto de los sectores público y privado. Este tanto nos lo tenemos que apuntar todos y todos debemos asumir nuestra responsabilidad.

En las próximas semanas lo fundamental, sin embargo, será que el sistema sanitario no colapse. Es decir, que las medidas incluidas en el decreto de estado de alarma tengan un efecto en la disminución del número de afectados y de muertos. Esa es ahora la prioridad.