Los ministros de Finanzas de la Unión Europea llevan semanas debatiendo qué salida económica darle a la crisis sanitaria del Covid-19 con posturas muy enfrentadas. A la lucha por la imposición de los coronabonos se suma ahora la propuesta de que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) ponga a disposición de los Estados miembros líneas de liquidez, algo a lo que los defensores de mutualizar la deuda, como España o Italia, no están muy dispuestos. 

De entrada, beneficiarse de las líneas de liquidez del MEDE echa para atrás a los países que ya tuvieron que recurrir a ellas en el pasado por el “estigma” que aún persiste, como lo califican los expertos de Berenberg. Este fondo de rescate se creó al calor de la crisis financiera de 2012 y supuso una red de seguridad para Portugal, Irlanda, Grecia y Chipre. También para España, que lo utilizó para inyectar fondos a su sistema financiero.

En la pasada crisis, como bien conocen España e Italia, el acceso a la liquidez del MEDE vino acompañada de determinados requisitos de cumplimiento, así como de una estrecha vigilancia por parte de la troika, el equipo formado por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo.

El problema para aceptar una solución así ahora se encuentra en los condicionantes de acceder a esa financiación, uno de los puntos calientes de los debates del Eurogrupo. Mientras los países menos afectados por la crisis sanitaria no están dispuestos a aceptar una ayuda sin condiciones, como demostraron en la maratoniana reunión del Eurogrupo del martes, Estados como Italia querrían que las líneas del MEDE no fueran acompañadas de supervisión ni requisitos.

Los países más afectados por la crisis sanitaria del coronavirus no quieren volver a la dura situación vivida tras la crisis de 2008, que trajo a países como España exigencias de cumplimiento de déficit y deuda pública, principalmente porque consideran que la recesión que sufrirán no se deberá a sus decisiones de gestión durante los últimos años, sino a un shock externo, una emergencia sanitaria. Por eso, empujan para que la solución pase por una mutualización de la deuda, es decir, por que los países miembros de la Unión Europea compartan los riesgos de sus emisiones.

Durante las últimas semanas, España e Italia han hecho frente común a favor de una de las herramientas de mutualización de deuda por excelencia: los eurobonos o coronabonos, como se les conoce en este contexto. Como era de esperar, esta medida ha encontrado detractores entre los sospechosos habituales (Alemania, Países Bajos y otros países del Norte), que se resisten a compartir el riesgo de los países más afectados.

La oposición de los Estados del Norte ha sido más fuerte que el empuje de los del Sur y la puesta en marcha de los eurobonos se descartó hace días, aunque Italia ha seguido insistiendo en su necesidad hasta el final.

Un MEDE sin troika

En medio del debate sobre los coronabonos, Alemania defendió hace unos días el acceso a fondos del MEDE sin condiciones agresivas ni troika que controle a los países que recurran a sus fondos. Esta medida podría facilitar a España el acceso de hasta 28.000 millones de euros para luchar contra la pandemia, según estimaban el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, y el vicecanciller y titular de Finanzas, Olaf Scholz, en una tribuna publicada en varios medios europeos el pasado lunes.

La relajación de esas condiciones haría más atractivo recurrir al fondo, pero España no tiene, por el momento, intención de acceder a una medida así y eso que recurrir al MEDE es, desde luego, una medida más rápida que los eurobonos, que según los expertos podrían tardar hasta un año en ponerse en marcha debido a obstáculos legales que deberían ser sorteados.

Bien es cierto que, tras esta declaración de intenciones de Alemania, España llegó ayer a la reunión del Eurogrupo más abierta a que exista la posibilidad de recurrir al MEDE, pero lo hizo defendiendo que no lo necesita.

La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, afirmaba antes del encuentro que España no tiene «ninguna necesidad» de recurrir a «ningún mecanismo de acceso a liquidez», pues considera que España ha obtenido resultados “positivos” las últimas veces que ha acudido a los mercados. Veremos qué ocurre finalmente.