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Los asesores, desbordados ante la avalancha de los ERTE: "Una auténtica locura"

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Los asesores, desbordados ante la avalancha de los ERTE: "Una auténtica locura"

Europa Press

Resumen:

Faltaban apenas unos días para la declaración del estado de alarma. La medida ya estaba sobre la mesa del Gobierno: agilizar los ERTE para tratar de paliar los efectos devastadores de la pandemia del coronavirus, que estaba a punto de paralizar la economía de España. Comenzaron así las largas jornadas de trabajo de las asesorías: «Ha sido una auténtica locura». 

Porque la mirada de los asesores en los primeros meses del año está puesta en la campaña de la Renta. Una época «relativamente sencilla» y de «tranquilidad», cuenta Rafael Martín, consejero delegado de Asesor Excelente, una empresa de formación online para asesorías fiscales y laborales. Pero el estallido de la crisis sanitaria rompió todos los esquemas de este sector: teletrabajo, reajustes de plantilla y una «multitud» de llamadas de empresas a sus asesorías con dudas sobre las medidas económicas aprobadas por el Gobierno.  

8 de cada 10 asesores no habían tramitado un ERTE antes de esta crisis. Ahora, 7 de cada 10 asesorías tienen a más de la mitad de clientes con ERTE o ceses de actividad 

Las asesorías legales forman parte del grupo de actividades esenciales durante el estado de alarma. Sus trabajadores han podido continuar en su puesto, pero en circunstancias diferentes a las que están acostumbrados. En España, según Martín, el área fiscal y los servicios de gestoría son la rama principal de una asesoría típica. «De hecho, en muchas asesorías se subcontrata lo laboral», matiza.  

El Decreto Ley del 17 de marzo para agilizar los ERTE de las empresas obligó a las asesorías a readaptar su personal, depender de la subcontrata, pedir ayuda para formarse en materia laboral o aprender por sí mismos. «Cuando salieron los Boletines Oficiales del Estado (BOE) se tuvieron que formar a golpe de ERTE y atender a todos sus clientes», asegura Martín.  

El impacto de los ERTE en el trabajo del asesor es indudable. Según una encuesta elaborada por Asesor Excelente, 7 de cada 10 asesorías tienen a más del 50% de sus clientes suspendidos de actividad o con ERTE. Todo ello, además, teniendo en cuenta que los expedientes de regulación temporal era una figuras poco conocidas en el sector: 8 de cada 10 asesores no habían tramitado un ERTE antes del estado de alarma, según el estudio.  

Jornadas eternas, trabajo más lento… 

«Estamos trabajando al 125%». Lo dice Javier Montero, director de QualityConta, una consultora que, entre otras cosas, asesora a pymes. Gran parte de la plantilla de QualityConta ya teletrabajaba a jornada parcial antes de la pandemia. Pese a ello, tuvieron que comprar ordenadores a un 10-15% de los empleados cuando se declaró la alarma. En unos meses tienen previsto abandonar su oficina en la madrileña calle de San Germán para trasladarse a otra. «Nuestros sistemas de comunicación de ahora no son tan buenos como los de dentro de dos meses… El ritmo de trabajo es más lento», explica.  

¿Cómo ha cambiado la pandemia el trabajo de esta asesora? Desde el 18 de marzo hasta el 8 de abril, un día antes de que El Independiente conversara con Javier Montero, las jornadas laborales se alargaban 12 horas diarias, incluidos sábados y domingos. Trabajan desde casa, aunque se van turnando para que cada día acuda un empleado diferente a la oficina: «Nosotros somos privilegiados, tengo compañeros que no pueden ni trabajar… Esto nos ha enseñado una cosa, que gracias a Dios tenemos la tecnología adecuada, si no hubiera sido un caos». 

Los ERTE permiten a las empresas despedir de forma temporal a sus empleados o reducirles la jornada 

En un sector donde es vital presentar la documentación a tiempo, QualityConta ha trabajado con programas informáticos para comunicarse y compartir el papeleo con sus clientes. «Gracias a Dios el sistema judicial está parado y hemos podido dedicarnos a los ERTE, si no sería imposible», reconoce Montero.  

Uno de los problemas, según la consultora, es que las empresas creían que su ERTE respondía a causas de fuerza mayor, es decir, que las reducciones de jornada o el despido temporal de los empleados tenían como causa directa el Covid-19 o las medidas adoptadas para combatir la enfermedad. Este tipo de ERTE permite que las empresas no paguen las cuotas de la Seguridad Social (según el número de empleados) y que los trabajadores puedan recibir la prestación por desempleo sin haber cotizado el mínimo necesario. Los efectos de estas medidas, además, se retrotraen al día en el que se produjo la causa mayor.  

«Ninguneados» y «cabreados» 

Cuenta Rafael Martín, de Asesor Excelente, que sí en un mes normal suelen recibir entre 30 y 40 consultas de las asesorías a las que prestan servicios, en las últimas semanas acumulan cerca de 1.000. Los asesores no solo han jugado con el tiempo en contra, también se han encontrado —detalla Martín— con las páginas web de las administraciones «caídas», la necesidad de trabajar con documentación física y bajas por coronavirus entre el personal. «Imagínate que tienes que atender a 100 clientes en cuatro días y sin haberlo hecho antes». 

También hay palabras de denuncia. En las últimas semanas, los asesores se han sentido «muy ninguneados». «Han tenido que dar soporte a los autónomos y a las pequeñas y medianas empresas, que han sido soportadas y gestionadas fiscal y laboralmente por nuestros asesores, muy cabreados porque [desde el Gobierno] cambiaban la normativa constantemente y ha sido una auténtica locura», clama el CEO.  

Ahora, cinco semanas después del estado de alarma, ya ha bajado esa «carga brutal de trabajo» a la que estaban sometidos los asesores, reconoce Martín. A ello ha contribuido una nueva medida del Ejecutivo que entró en vigor el miércoles: la moratoria de un mes en la presentación y pago del IVA, IRPF y del impuesto de sociedades para pymes y autónomos. «Pero hasta el miércoles ha sido un mes en el que probablemente los asesores han dormido poco, sufrido y desesperado mucho». 

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