El Consejo Europeo está aún lejos de alcanzar un acuerdo sobre el fondo de reconstrucción. Los líderes de los Veintisiete llevan reunidos dos días, pero la negociación está encallada debido a la oposición a las pretensiones de los países del Sur de los llamados frugales (Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia), especialmente de Países Bajos, que quiere exigir a España reformas laborales y de pensiones.

Mark Rutte, presidente de Países Bajos, se ha mostrado favorable a ser solidario con los países del Sur y a entregar una parte de los desembolsos a través de transferencias sin retorno, pero a cambio exige poder controlar el destino de los fondos a través de algún mecanismo que le otorgue poder de veto. A esto se oponen España e Italia, principalmente dado que estos trámites retrasarían la disposición de las ayudas, cuando llevan semanas pidiendo que lleguen cuanto antes para atajar las consecuencias económicas de la pandemia.

El rumbo de las negociaciones, que desde el primer momento se antojaban muy complicadas, cambió esta mañana tras la nueva propuesta del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que suponía mantener el importe del paquete en 750.000 millones de euros, pero equilibrar un poco más la distribución entre préstamos y transferencias a fondo perdido. Según el nuevo plan, esta última partida se situaría en 450.000 millones en lugar de los 500.000 millones que quería la Comisión Europea en su plan original.

Esta propuesta, a pesar de equilibrar las cesiones, no ha convencido a los Veintisiete, a pesar de que Michel ha celebrado durante todo el día reuniones bilaterales con los distintos Estados, incluyendo una con los líderes holandés, español e italiano, las partes más enfrentadas en la negociación, en la que ha intentado acercar sus posturas y a la que han asistido también sus homólogos de Alemania y Francia, así como la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.

De hecho, Giuseppe Conte, primer ministro de Italia, anunciaba a media tarde del sábado que las negociaciones estaban «en punto muerto» y estaban siendo «más complicadas de lo previsto».

En la sesión del viernes, los líderes se habían limitado a marcar sus líneas rojas durante ocho horas de reunión, tras la cual celebraron una cena a las 20 horas y reuniones bilaterales y el equipo de Michel trabajó durante la noche para idear la nueva propuesta.