Economía

El calor, la sequía y la guerra disparan el trigo: "Habrá gente que no pueda comprar una barra de pan"

Una espiga de trigo en los campos de Boquiñeni, población cercana a Zaragoza

Una espiga de trigo en los campos de Boquiñeni, población cercana a Zaragoza EFE

«Está jodido. Es un año muy malo para el cereal». Son varios los motivos que empujan a este pesimismo a José Roales, responsable nacional de cultivos herbáceos de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) y agricultor cerealista de Villamayor de Campos (Zamora) desde hace 40 años. La falta de lluvias, un calor excesivo y prematuro, y la invasión de Rusia en Ucrania – uno de los principales productores de trigo mundial – han asfixiado al mercado. «La sequía y el calor exagerado que hemos tenido a principios de mayo ha arrebatado la cosecha», señala Roales en jerga agraria para aludir a cómo las altas temperaturas han lastrado el fruto de sus tierras.

Estas condiciones ambientales adversas no son exclusivas de España. Según las previsiones del Departamento de Agricultura de EEUU, la cosecha de China caerá por primera vez en cuatro años. India, segundo productor de trigo a nivel mundial, ha prohibido la exportación del cereal ante su escasez. Además hay que dejar de contar con el aporte ucraniano, ya que sus almacenes han sido atacados y Vladimir Putin ha bloqueado la salida al mar para desabastecer a Europa del cereal. Es decir, menos trigo en el mercado y una mayor demanda debido a que las cosechas serán menos cuantiosas inflan el precio. «La cosecha media en España es entre un 20% y un 30% menor que habitualmente. En algunas zonas tiene un 50% menos de cosecha que un año normal. Que cada año lloverá menos y será más caluroso es evidente. El cambio climático ha llegado para quedarse», explica Roales.

La escalada de los precios del trigo ya se deja ver en las lonjas, tal y como muestra el Observatorio de Precios de Asaja. En la de Salamanca, el trigo blando cuesta 153€ más por tonelada que hace un año (de 225€/t a 378€/t); en Albacete la misma variedad vale 133€ más por tonelada (de 219€/t a 352€/t); y en León el trigo pienso ha subido 159€ por tonelada (de 218€/t a 377€/t). El siguiente damnificado es el consumidor, asevera Roales: «Ya se nota al ir al supermercado. Es un bucle muy peligroso porque habrá gente que no podrá comprar alimentos tan básicos como una barra de pan o un kilo de naranjas. No es demagogia, es así».

Peligros para el productor y el consumidor

Roales advierte que los alimentos «ya no van a ser baratos porque producir no lo es». El agricultor cerealista destaca la subida de los costes de producción que machaca al campo, como es el caso del combustible y de los fertilizantes. «Se ha encarecido la producción y todavía no se ha visto reflejado en el precio de las cosechas, pero hay que tomar medidas porque sino los agricultores nos tendremos que plantar». Roales denuncia que antes de la guerra de Ucrania, «ya se producía al límite del umbral de rentabilidad».

La solución que plantea Roales rehúye de ayudas como la PAC (Política Agraria Común), «que sirven para que la gente no pague 3€ por la barra de pan». «Habría que regular el precio del cereal. Poner un mínimo y un máximo, porque cuando baja el cereal el gasoil no lo hace y al productor le pagan menos pero le cuesta lo mismo. De esta manera las oscilaciones no repercutirán sólo en el agricultor y en el consumidor, que son los que pagan siempre los platos. Hay un camino en el medio en el que se enriquece muchas personas, que también tienen que ganar, pero no tanto», sentencia Roales.

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