Economía

El debate que divide Europa: ¿Es el gas una energía verde?

La decisión de la Comisión Europea de que invertir en gas sea considerado 'verde' divide sobre cómo abordar la transición ecológica.

Una plataforma de gas y petróleo frente a la costa de Libia en el Mediterráneo

Una plataforma de gas y petróleo frente a la costa de Libia en el Mediterráneo Antonio Sempere / Europa Press

En febrero, la Comisión Europea propuso que invertir en energía nuclear y en gas natural fueran consideradas inversiones en energías verdes, igual que las renovables. El órgano ejecutivo de la UE quiere que las plantas nucleares cuyo permiso de construcción sea previo a 2045 y las plantas de gas que emitan 270 gramos de CO2 por kilovatio/hora hasta 2031 y menos de 100 en el resto de su vida útil puedan catalogarse como inversiones sostenibles. 

La decisión de la Comisión ha dividido a los gobiernos, con Francia liderando los países pronucleares y Alemania el bloque pro gas natural. Sólo cuatro gobiernos europeos se han opuesto a la inclusión de ambas energías, España entre ellos. “Ni la nuclear ni el gas cumplen los criterios científicos y legales para ser consideradas sostenibles ni recibir el mismo tratamiento que tecnologías incuestionablemente verdes, como la eólica o la solar, y orientan en sentido contrario a las prioridades de un proceso de descarbonización de la economía europea sin riesgos ambientales”, aseguró la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, en enero fijando la postura del Gobierno.

Sería un enorme y costoso error climático»

Organizaciones ecologistas

Para que siga adelante la clasificación del gas como inversión verde debe pasar el examen del poder legislativo donde muchos grupos políticos del Parlamento Europeo han decidido plantarse ante la iniciativa, que no ha caído bien en los partidos verdes. Tampoco entre los grupos ecologistas que presionan para que Europa cumpla sus objetivos de acción climática y reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.

Esta semana ya han fallado en el Europarlamento las comisiones de Medio Ambiente y Economía, en contra de que invertir en nuclear y gas sea verde. Una noticia que ha sido muy bien acogida por los colectivos ecologistas. “Los combustibles fósiles y los residuos nucleares no tienen nada de sostenibles y muchos inversores y bancos no quieren que se los etiquete como ‘verdes’. Ahora el pleno debe seguir a estas comisiones y rechazar lo que sería un enorme y costoso error climático: canalizar miles de millones hacia proyectos sucios, en lugar de financiar la transición energética renovable que necesitamos», afirmaban organizaciones ecologistas españolas (Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife y WWF) en un comunicado tras conocer la noticia.

Pero la decisión del Europarlamento todavía se halla en el aire. La resolución definitiva saldrá de un pleno entre el 4 y el 7 de julio. Está fuera de toda duda que el gas produce energía que contamina, pero sus defensores la ven como necesaria en la coyuntura actual. De su aprobación depende que las empresas gasísticas reciban ayudas para infraestructuras y explotaciones futuras. ¿Es necesario el gas para transitar a una economía descarbonizada? 

Fundamental para la descarbonización

«El gas natural es fundamental para hacer posible el proceso de transformación del modelo de generación y descarbonización de la economía que ha emprendido la UE», alegan desde Sedigas, la asociación que reúne a las empresas gasistas españolas. A su juicio, «sin el gas peligra el objetivo de descarbonización total para 2050 y la garantía de suministro energético». «Es una tecnología necesaria para garantizar la transición hacia ese modelo de futuro en los plazos fijados, ya que no todos los países serán capaces de desarrollar la generación renovable lo suficientemente rápido para satisfacer la demanda de electricidad existente por la eliminación del carbón y otros combustibles más contaminantes», agregan en declaraciones a este diario.

No hay cosas verdes, azules o negras, hay alternativas mejores o peores»

Roberto Gómez Calvet, profesor de Economía de la Universidad Europea

Un argumento que cuenta con no pocos detractores. “El gas natural es un combustible fósil que se compone principalmente de metano en un 98% y el metano cuando se quema produce CO2 y por sí mismo el metano es un gas de efecto invernadero con un potencial 82 veces mayor que el propio CO2”, afirma Carlos Bravo, de la organización Transport and Environment.  “No se puede descarbonizar la economía usando un combustible fósil, es absurdo invertir dinero público, que es lo que pasaría si se declara verde en la taxonomía y permitiría que se destinaran fondos públicos para un combustible fósil que nos ayuda a descarbonizar. Es como si a un alcohólico le quieres quitar la dependencia del whisky con ginebra”, añade.

Para el profesor de Economía de la Universidad Europea, Roberto Gómez Calvet, la situación no resulta tan clara. “No hay cosas verdes, azules o negras, hay alternativas mejores o peores. Y, hoy por hoy, el gas es la mejor alternativa como sustituto del carbón. Las renovables por sí solas no dan la seguridad que el sistema necesita. Por eso se la clasifica como energía verde, porque se necesita. Las renovables son energías intermitentes y necesitan un apoyo continuo y la más verde que hay es el gas”, asegura el académico que no deja de reconocer que el gas es contaminante. “Si verde tiene que ser algo super inocuo el gas no lo será, porque es un combustible fósil, pero dentro de las energías menos contaminantes y de las que podemos recurrir está el gas”. 

De la decisión de Europa depende también dónde va a recaer la factura de la transición energética y la velocidad de la misma. “Si no se clasifica verde no va a pasar nada porque vamos a seguir necesitando el gas; otra cosa es que no se subsidie, en ese caso pues se notará más en la factura”, asevera Gómez Calvet. 

Pero Bravo prefiere que Europa apueste por las renovables y no invierta más en gas. “Si entra en la taxonomía como inversión verde se libera un montón de dinero para construir nuevas infraestructuras y exploraciones de gas. Y todo eso absorbería recursos que podrían favorecer el despliegue de los combustibles de cero emisiones, el mercado inevitablemente necesita de combustibles fósiles, pero hay que procurar que sea el menor tiempo posible y avanzar en la descarbonización”, afirma.

«El gas es la energía más importante para combatir el cambio climático porque, a pesar de ser un combustible fósil, emite la mitad del CO2 comparado con el carbón»

Gonzalo Castro de la Mata, experto en sostenibilidad

El ‘lobby’ de Qatar

Uno de los valedores más importantes a nivel internacional de las “bondades” del gas es Qatar, el mayor exportador de gas natural licuado y la tercera reserva de gas del planeta. “Qatar tiene un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático porque es el mayor exportador de gas del mundo después de Rusia”, explica Gonzalo Castro de la Mata, director ejecutivo de Earthna, un recién creado centro para políticas ambientales dependiente de la Qatar Foundation, una poderosa institución estatal qatarí dirigida por la familia real del país.

El peruano Castro de la Mata, experto en sostenibilidad y con experiencia en diversos departamentos del Banco Mundial, ha sido elegido para liderar un think tank que busca proporcionar voz a las posiciones de Qatar en el escenario internacional y “abordar nuevas soluciones políticas” a los retos climáticos. Su apuesta pasa precisamente por hacer una defensa cerrada del gas. “Qatar exporta su gas licuado a todo el mundo y el gas es la energía más importante para combatir el cambio climático porque, a pesar de ser una energía que emite CO2 porque es un combustible fósil, un hidrocarburo, emite la mitad del CO2 comparado con el carbón y más o menos el 70 por ciento comparado con el petróleo”, arguye Castro de la Mata.

“Cada vez que sale una molécula de gas de Qatar y desplaza el carbono en alguna planta en Europa que aún lo está quemando, automáticamente se reducen las emisiones a la mitad. En todos los escenarios del IPCC, se considera que es una energía que en los próximos 20 o 30 años va a ser necesaria para desplazar a los otros combustibles fósiles”, opina el experto. Su alegato coincide con el incremento de la producción de gas en el que desde hace algunos años trabaja el país árabe. Doha aumentará en más del 60 por ciento sus capacidades de producción a partir de 2024.

Para muchos expertos en energía, su apuesta inicial por potenciar sus instalaciones en campos que comparte con Irán parecía un planteamiento descabellado, realizado a contracorriente de las tendencias globales. Pero los avatares de la política internacional han cambiado las tornas y Doha, que posee contratos gasísticos a largo plazo con Asia, es ahora un jugador buscado por la Unión Europea.

En mitad de una coyuntura geoestratégica marcada por la invasión rusa en Ucrania y la búsqueda a contrarreloj de nuevos suministros en Europa, el Gobierno qatarí se halla embarcado en un tour por el Viejo Continente para llegar a nuevos acuerdos gasísticos. En los últimos meses, el emir ha visitado Alemania, Reino Unido, Eslovenia o la propia España. En el escenario español, se suma la crisis diplomática abierta con Argelia, hasta ahora el principal suministrador de gas. Castro de la Mata agita el gas como una solución temporal para el «mix energético» de Europa. “Eventualmente el gas también será desplazado y reemplazado por energías renovables no convencionales como solar y viento pero eso va a tomar tiempo. Mientras tanto, Qatar es parte de la solución al cambio climático”, concluye. 

Pero es precisamente esa dependencia de Europa y España del gas la que los grupos ecologistas usan como argumento para que las inversiones se dirijan a las energías renovables como el hidrógeno verde que puede ser una oportunidad de liderazgo para España. “La decisión de clasificar el gas natural y la energía nuclear como sostenibles pondría en riesgo el liderazgo y el futuro renovable tanto de la Unión Europea como de España. Vetar el acto delegado de la taxonomía supone una oportunidad para avanzar en la independencia energética y lograr acelerar la tan necesaria transición ecológica con criterios de justicia social”, afirman los grupos ecologistas españoles en un comunicado.

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