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Arabia Saudí y Qatar, la jaula de oro para deportistas que amenaza el negocio europeo

Benzema, la última gran estrella que sucumbe a los petrodólares para acabar su carrera

Recibimiento en Yeda a Karim Benzema.

Recibimiento en Yeda a Karim Benzema. EFE

Brasil, China, Qatar y, ahora, Arabia Saudí. Desde hace años, el fútbol europeo y otros deportes con arraigo en el Viejo Continente han tenido que hacer frente a nuevos mercados que no han tenido tapujos para sacar la billetera para atraer a las grandes estrellas.

Sucedió en los años 2000 en Brasil, cuando las grandes instituciones futbolísticas atrajeron a importantes futbolistas para acabar su carrera allí. Años después, China se convirtió en la nueva meca de aquellos futbolistas que no veían con malos ojos pasar unos años en su carrera a cambio de una importante suma de dinero. Ahora, los petrodólares de Qatar y Arabia Saudí son los que intentan restar protagonismo al prestigio histórico de vestir una camiseta de un club europeo.

Los magnates del país del Golfo Pérsico han cambiado su estrategia. Ya no quieren comprar clubes de Europa. Ahora anhelan formar grandes plantillas pero con clubes locales. Algunos casos son el PSG, el Manchester City o el Newcastle, que jugará la Champions League tras muchos años sin pena ni gloria en la Premier League.

Este cambio de rumbo se debe, fundamentalmente, a expandir la marca Arabia Saudí y Qatar al resto del mundo, dos países en los que la sombra de la homofobia y el machismo sobrevuela constantemente. El deporte siempre ha sido históricamente una de las grandes armas propagandísticas para lavar la imagen ante la sociedad y es lo que las autarquías están haciendo en los últimos tiempos.

Qatar consiguió celebrar su Mundial bajo unas estrictas normas y una enorme polémica por los vetos a símbolos en apoyo a la homosexualidad o las miles de muertes por la edificación de estadios. El país consiguió llevarse a grandes futbolistas, entre ellos españoles, como Xavi Hernández, Gabriel Fernández o Santi Cazorla. De hecho, el actual entrenador del Fútbol Club Barcelona fue embajador del Mundial. Ese modelo lo ha clonado Arabia Saudí que anhela celebrar el torneo en 2030. Cristiano Ronaldo fue la primera gran estrella en aterrizar en la liga saudita.

El de Funchal cobrará 200 millones de euros por temporada en el Al-Nassr, la cifra más alta que ha percibido un futbolista en toda la historia de este deporte. El jugador firmó hasta junio de 2025, lo cual significa que podrá conseguir hasta 600 millones de euros por tres temporadas. Los primeros meses, eso sí, no han sido los mejores y Ronaldo ha llegado a ser silbado por culpa de la mala situación que atraviesa su club.

El siguiente ha sido Karim Benzema, ex compañero de Cristiano Ronaldo en el Real Madrid. El francés sorprendió al mundo del fútbol cuando anunció su adiós del club español. Horas antes parecía haber cerrado la puerta a Arabia Saudí, pero una última llamada de su nuevo presidente precipitó su marcha. Cobrará 100 millones de euros por temporada al que hay que sumar un bonus de 20 millones como embajador del Mundial 2030. Kanté, futbolista francés del Chelsea y que cumplía su contrato, cierra un nuevo contrato multimillonario para jugar en el torneo local.

No obstante, el país no se podrá poner el broche de oro. Leo Messi se ha decantado finalmente por jugar en Estados Unidos, otro de los mercados que más está creciendo en los últimos años, y ha declinado percibir una cantidad astronómica. “Se pasó por encima una propuesta, pero nunca una formal, escrita, firmada, porque todavía no había nada y no sabíamos si se iba a poder hacer. No hablamos de dinero formalmente. Si hubiese sido una cuestión de dinero me habría ido a Arabia o a otro lado”, reconoció el propio futbolista en una entrevista concedida a Sport.

“Son muchos millones de euros y hay muchos intermediarios interesados en cambiar de aires. Son cifras inverosímiles para clubes europeos y que a los futbolistas se les hace cuesta arriba decir que no”, indica un reconocido representante de jugadores de fútbol en España.

Pero no todo es el dinero. “Ganarán mucho dinero, pero son países que tienen poco que ver con nuestra cultura. La dieta, el ocio o la vida familiar es completamente diferente a Europa. Se gana mucho dinero, pero los jugadores no quieren estar más de dos años en esos países”, puntualiza.

El fútbol español también ha sucumbido al dinero fácil y la Real Federación de Fútbol Español (RFEF) llegó a un acuerdo con Arabia Saudí para disputar la Supercopa de España durante seis años a cambio de 240 millones de euros, despojando de poder ver el torneo a los socios de los clubes nacionales de fútbol.

El pádel europeo también tiembla

El fútbol no es el único caso. Otros negocios también miran con recelo el apetito deportivo de los países que tienen dinero casi por castigo. Es el caso del pádel, una modalidad en la que España ha sabido sacar todo el jugo hasta hace poco.

El pádel saltó por los aires el año pasado. Damm llegó a un acuerdo para controlar el 100% del circuito de World Padel Tour, tras alcanzar un n acuerdo con el fondo Rucio Investments para adquirir la participación del 20% que poseía la empresa en Setpoint Events (la propietaria del circuito) desde mayo de 2021.

Fue entonces cuando apareció Qatar. En un primer momento intentó replicar el modelo a través del torneo Premier Padel, con suculentos contratos a las mejores palas, terminó por diluirse tras estallar una guerra. Finalmente, el fondo comandado por el también presidente del PSG, Nasser Al-Khelaïfi, llegó a un acuerdo para adquirir el 50% de los derechos, para así crear el mayor circuito de pádel a nivel mundial a partir del próximo año 2024.

El golf de oro

Como decíamos, otros deportes con tradición en Europa también han sido tentados por el dinero del petróleo. El golf es otro claro ejemplo. El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí, dueño del Newcastle, ha puesto en marcha este año el LIV, un nuevo circuito de golf profesional para competir directamente con el actual circuito estadounidense, el PGA.

La organización ha tentado a importantes deportistas como es el caso del español Sergio García. Incluso Tiger Woods fue llamado para competir. “Te pagan un montón de dinero por adelantado, juegas unos pocos eventos y 54 hoyos. La música suena a todo volumen y el ambiente es diferente. No veo cómo este movimiento es positivo a largo plazo para muchos de estos jugadores, especialmente si la organización de LIV no obtiene puntos de clasificación mundial”, llegó a decir en una entrevista.

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