Fue la imagen de la guerra hace más de tres décadas. Yacimientos petrolíferos en llamas en mitad del desierto y oleoductos destruidos a consecuencia de las bombas. El 2 de agosto de 1990 el mundo se había despertado con la invasión de Kuwait por parte de las tropas de Irak. Sadam Husein quiso anexionarse el país vecino, rico en petróleo y energía. Aquella invasión no tardó en recibir la respuesta de una coalición internacional liderada por EEUU y que comenzó con la recordada operación ‘Tormenta del desierto’.
Fue el comienzo de una guerra cuyos efectos se dejaron sentir durante años. La imagen de las infraestructuras de petróleo iraníes en llamas se repitió durante meses y con ellas, una suerte de colapso en los mercados internacionales, con caídas de suministro en la región e incrementos de precios en los mercados.
Hoy, 35 años después, el Golfo Pérsico, de algún modo, ha retornado a aquella imagen de los 90. Otro conflicto, esta vez entre la vecina Irán y los EEUU, ha vuelto a poner en jaque la industria del petróleo. De nuevo los misiles y las bombas han situado a los yacimientos, oleoductos y plantas petroleras en su punto de mira. Esta vez el objetivo prioritario y de mayor impacto ha sido el estrecho de Ormuz, punto estratégico por el que circulaba, antes del inicio de la guerra, el 20% del crudo mundial. La situación de bloqueo en el suministro y circulación de buques ha provocado que el nivel de producción y suministro en la zona se hunda y los niveles de producción de barriles diarios se equiparen a los que existieron poco después de la guerra de Irak.
El último sobresalto a los mercados ocurrió el jueves. Alidos proiraquíes lanzaron una oleada de ataques mediante drones contra el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudi. Este sábado, Riad anunciaba el cierre preventivo de este oleoducto que se había convertido en una alternativa al bloqueo del estrecho de Ormuz y por el que estaba logrando sacar 7 millones de barriles al día. Una circunstancia que vuelve a dañar el suministro global y a tensionar el mercado.
También en los años 1993 y 1994, a consecuencia de la Guerra del Golfo, las potencias de la zona vieron cómo su capacidad quedaba diezmada y su producción reducida, en algunos casos por culpa de los embargos como el impuesto a Irak por la ONU. En agosto de 1994 la producción total de crudo que lograron sacar al mercado Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes, Kuwait, Irán y Qatar fue de 16,79 millones de barriles diarios. Ahora, tres décadas más tarde, según los últimos datos aportados por la Agencia Internacional de Energía (AIE), estos seis países del Golfo Pérsico también han tenido que reducir drásticamente su producción. Una caída especialmente acuciada en agosto y que la sitúa en niveles de aquellos años 90: 16,72 millones de barriles diarios el pasado mes de agosto. Ahora, tras el nuevo ataque y bloqueo del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudi conocido este sabado, la producción diaria en la región volverá a resentirse.
Producción a la baja en la región
La guerra que comenzó el 27 de febrero empieza a cronificarse en la zona. El estrecho de Ormuz apenas ha aliviado su bloqueo y la capacidad de almacenamiento lleva semanas colmada, impidiendo producir más en muchos casos. A todo ello, en agosto se sumaron los ataques que aliados iraníes protagonizaron en algunas de las rutas alternativas donde se estaba liberando crudo para sortear el bloqueo de Ormuz. Hace un mes tropas hutíes ya protagonizaron ataques contra el oleoducto Este-Oeste por el que hasta entonces Arabia Saudí –la gran potencia petrolera de la región– estaba logrando sacar parte de su producción. Los ataques provocaron que la producción se tuviera que reducir drásticamente. Solo en agosto, Arabia Saudí tuvo que reducir su producción, que ya representa un 38% menos que la que generaba antes del inicio del conflicto. Ahora, la producción, tras los últimos ataques con drones, se ha paralizado de modo preventivo.
En conjunto, los seis países han visto recortada de manera muy importante su capacidad de producir crudo. Arabia Saudí ha visto cómo sufría daños su complejo de Jizán y la compañía Saudi Aramco ha tenido que parar parte de su actividad. En las terminales de exportación de Irán los ataques también han provocado daños severos y la industria qatarí del petróleo también ha sufrido importantes daños. A todo ello se suman los ataques a petroleros en la zona. Según la AIE, y a la espera de estimar el impacto de los últimos ataques, la capacidad que ahora está bloqueada en el Golfo equivale a una producción de 10 millones de barriles diarios. La Agencia Internacional estima además que no será hasta 2027 cuando, en el mejor de los escenarios, se podrá recuperar y normalizar la actividad.
Actualmente en el Golfo no se puede producir mucho más crudo pero tampoco almacenar. Ya no cabe un solo barril más en la mayoría de los depósitos que esperan momentos mejores para encontrar rutas liberadas y sin riesgo para suministrar el crudo. La caída en un 38% de la producción que sufre Arabia Saudí desde el inicio de esta guerra es similar a la caída del 39% de Irak, según datos de la AIE, o del 29% de Kuwait. En la vecina Irán, el descenso en la producción por culpa de la guerra ronda el 22%. En el caso de Emiratos Árabes el impacto apenas llega al 13% y en Qatar incluso han logrado aumentar levemente su producción un 0,8%.
Sin capacidad de almacenar y dificultad para suministrar
Una situación que todo apunta a que continuará complicándose mientras no se alcance una solución definitiva al conflicto iniciado en febrero. Por ahora, ni EEUU ni Irán parecen estar cerca de encontrar un acuerdo que ponga fin a las hostilidades. Mientras tanto, los ataques cruzados se intensifican casi a la misma velocidad que se tensionan los mercados. El viernes el precio del barril de crudo Brent llegó a rozar los 109 dólares. Supone un encarecimiento en su cotización de casi un 50% respecto a los apenas 71 dólares con los que comenzó el 1 de julio pasado, un precio similar al del inicio del conflicto.
A partir de ahí, los compromisos adquiridos por ambas partes en el ‘Memorándum de Islamabad’ –suscrito el 17 de junio– y con el que se confiaba en alcanzar la paz se incumplieron y saltaron por los aires. De modo inmediato se precipitó el incremento de la cotización del crudo, imparable desde entonces.
Ahora y solo gracias a las rutas alternativas que se han recuperado, desde el Golfo Pérsico está saliendo buena parte del crudo. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha obligado a buscar soluciones y, al menos una parte de ella, están en algunos de los desiertos más inhóspitos del planeta. Por ellos discurren algunos de los oleoductos a los que han tenido que recurrir países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Omán. Por Ormuz circulaban antes de la guerra cerca de 20 millones de barriles al día. Ahora, esa capacidad se ha reducido a la mínima expresión. Sin embargo, estas rutas alternativas de oleoductos kilométricos permitirían, a su máxima capacidad, poner en el mercado el equivalente a 9,4 millones de barriles al día.
Vías alternativas a Ormuz
La ruta más imponente es la que Arabia Saudí construyó en los años 80 y que ahora ha sido atacada y obligada a paralizar. Se trata de una impresionante estructura de conductos que recorren 1.200 kilómetros, atravesando puntos críticos como el desierto de Arabia. Esta infraestructura, enterrada bajo dunas rojas y llanuras infinitas, se prolonga por áreas en las que las temperaturas pueden superar los 50 grados centígrados. Operado por Saudi Aramco, este oleoducto conocido como ‘Petroline’ conecta los campos petrolíferos de Abqaiq en el Golfo Pérsico con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. Su puesta en marcha se remonta a 1981 como una alternativa ante el riesgo de la guerra entre Irán e Irak que podría poner en peligro el suministro del petróleo en la zona.
La segunda de las rutas del desierto que está siendo clave la están explotando los Emiratos Árabes Unidos. El oleoducto de crudo de Abu Dabi (ADCOP) conecta el campo de Habshan, en Abu Dabi, con el puerto de Fujairah, en el Golfo de Omán. Se trata de una infraestructura que recorre 399 kilómetros, entre ellos varias zonas desérticas. En este caso los Emiratos pueden bombear por él hasta un máximo de 1,5 millones de barriles diarios. Esta vía se puso en marcha en el año 2012, después de una amenaza anterior de Irán de cerrar el tránsito por el estrecho de Ormuz.
El tercero de los grandes oleoductos es el que comunica Irak con Turquía. Parte desde el norte de Irak, en Kirkuk, y recorre 970 kilómetros hasta el puerto de Ceyhan, en Turquía. En su trazado, discurre por áreas como el desierto de Mesopotamia. Permite trasladar la producción de crudo hasta un puerto en pleno mar Mediterráneo. Inaugurado en 1977, supuso una gran innovación al permitir por primera vez que el petróleo del Golfo se desviara hacia una ruta mediterránea sin pasar por el estrecho de Ormuz. Inicialmente su capacidad se diseñó para 1,6 millones de barriles diarios, si bien su falta de mantenimiento y diversos ataques han reducido su capacidad real a entre 0,9 millones y un millón de barriles diarios.
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