La inflación de septiembre aumentó un 4,9% respecto al mismo mes de 2025, según el dato adelantado este martes por el INE (Instituto Nacional de Estadística). El IPC encadena así su octavo mes consecutivo de avances, después de que en agosto registrara una tasa interanual del 4,3%, lo que supone una aceleración de seis décimas en apenas un mes. Además, el repunte devuelve la inflación a niveles que no se veían para un mes de septiembre desde el episodio inflacionista de 2022.
De hecho, el dato de este mes es el segundo más elevado de la serie histórica para un septiembre, que comienza en 2002. Solo en 2022 los precios aumentaron más en el noveno mes del año, con un avance interanual del 8,9%, en plena crisis energética provocada por la invasión rusa en Ucrania, que disparó los precios energéticos.
Cuatro años después, el origen del repunte vuelve a encontrarse en los mercados energéticos, aunque en esta ocasión el foco se sitúa en Oriente Medio. La prolongación de la guerra en Irán mantiene la presión sobre los mercados energéticos, donde los precios de los carburantes actúan como el motor principal del alza inflacionista y es que, en agosto, los productos energéticos registraron un incremento interanual del 16,9%.
Vigilar la subyacente
La cuestión ahora es si este encarecimiento queda concentrado en estos componentes más volátiles o termina trasladándose al conjunto de la cesta de consumo. Aquí es donde entra en juego la inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados para evitar el efecto de sus mayores oscilaciones. Así, su evolución permite comprobar si el encarecimiento de la energía comienza a trasladarse a los precios del resto de bienes y servicios.
En este sentido, en septiembre, la tasa se sitúa en el 3,1%, dos décimas más que en agosto aunque todavía entre el intervalo del 2,8%-3% en el que se mueve desde febrero. Aunque continúa por debajo de la inflación general, su evolución será determinante en los próximos meses: cuanto mayor sea la transmisión del encarecimiento energético al resto de componentes, más difícil será que la inflación general vuelva a moderarse.
La OCDE eleva al 3,7% su previsión para 2026
Este telón de fondo explica los vaivenes de las previsiones de los principales organismos. La semana pasada, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) actualizó sus previsiones macroeconómicas a nivel mundial. Para España, estimó que la inflación media de 2026 se situaría en el 3,7%, cuatro décimas más respecto a su previsión de junio. Y para 2027, el organismo sitúa su previsión en el 3,4%, cinco décimas por encima de la estimación anterior.
Además, el organismo internacional advirtió del riesgo de que el encarecimiento de la energía terminase trasladándose al resto de componentes de la cesta de consumo si las tensiones se mantienen durante más tiempo, reafirmando que la evolución de los precios durante los próximos meses estará condicionada por la intensidad y la duración del conflicto en Oriente Medio. .
Asimismo, las previsiones de otros organismos y servicios de estudios se mueven en una horquilla similar. El consenso elaborado por Funcas, que reúne las previsiones de 19 servicios de análisis, sitúa la inflación media de 2026 en el 3,4% y la de 2027 en el 2,5%. Por ejemplo, el Banco de España estima una inflación media del 3,6% para este año y del 2,6% en 2027, mientras que BBVA Research las sitúa en el 3,8% y el 2,8%, respectivamente.
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