Economía

Efectos del incremento de precios

El gasto de las familias toca techo por la inflación, pese al impulso que debería traer el verano y la paga extra

El consumo de los hogares creció más de un 1% en el tercer trimestre de 2024 y 2025, pero este año el avance se ha moderado hasta el 0,6%

Clientes de un bar se refrescan en la terraza, en Madrid (España).
Clientes de un bar se refrescan en la terraza, en Madrid (España). | Ricardo Rubio / Europa Press

El encarecimiento de la vida empieza a dejar señales de alarma en la contabilidad nacional, concretamente en el consumo de las familias. Desde el estallido de la guerra en Irán, la inflación se ha ido disparando mes a mes. Desde el entorno controlado del 2% de principios de 2026, en el mes de octubre, el IPC (Índice de Precios al Consumo) del INE (Instituto Nacional de Estadística) ha marcado el tercer registro más alto de la serie: de media, los precios han crecido un 4,9% respecto al mismo mes de 2025.

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Este viernes, el INE ha publicado el dato adelantado del crecimiento de la economía española en el tercer trimestre, que ha sido del 0,6% respecto al segundo trimestre. De esta forma, el PIB ha crecido un 2,7% en los últimos cuatro trimestres, lo que le permite a España mantener un ritmo de crecimiento que triplica el de la media de la zona euro (del 0,9%).

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Sin embargo, un análisis en profundidad de los datos arroja una evolución menos favorable. Los datos del tercer trimestre permiten observar cómo el incremento de la inflación empieza a pasar factura al consumo de las familias, cuyas decisiones de gasto acusan con mayor intensidad la subida de los precios que en el caso de las administraciones públicas o en la inversión de las empresas.

La diferencia es especialmente visible en el tercer trimestre, cuando las vacaciones de verano y el cobro de las pagas extraordinarias suelen dar un impulso adicional al consumo de los hogares, tal y como sucedió en 2024 y 2025. Sin embargo, el impulso de este estímulo en 2026 no ha impedido que el gasto familiar pierda fuerza.

La demanda nacional se desacelera

El crecimiento del PIB depende, por el lado de la demanda, de dos factores: la demanda interna y la externa. La primera recoge el gasto que realizan los hogares, las empresas y las administraciones públicas dentro de España, ya sea en consumo o en inversión. La segunda refleja la diferencia entre lo que España vende al exterior, a través de las exportaciones, y lo que compra a otros países, mediante las importaciones.

Pues bien, la evolución de ambos componentes permite entender mejor por qué el dato del tercer trimestre resulta significativo. Por el lado de la demanda externa, su aportación al crecimiento del PIB ha sido positiva, un fenómeno extraordinario que también sucedió durante el primer trimestre de 2026. No obstante, desde 2024 las exportaciones y las importaciones habían restado crecimiento a la economía. Sin embargo, entre julio y septiembre, el saldo exterior ha sumado una décima al avance del PIB. Una contribución positiva que ha compensado parcialmente la menor aportación de la demanda nacional y ha evitado que la desaceleración del crecimiento fuera mayor.

El consumo de las familias pierde impulso

Asimismo, la demanda nacional se compone de otros tres elementos: el consumo de los hogares, el gasto de las administraciones públicas y la inversión, que recoge, entre otras partidas, el dinero que destinan las empresas a ampliar o renovar su capacidad productiva. Dentro de este conjunto, el consumo de las familias es uno de los componentes que más refleja la pérdida de impulso.

En el tercer trimestre de 2024, el gasto de los hogares creció un 1,21% respecto al trimestre anterior. Un año después, el avance se moderó hasta el 1% y, entre julio y septiembre de este año, se ha reducido al 0,62%. Es decir, las familias siguen aumentando su consumo, pero lo hacen a un ritmo cada vez menor. La moderación resulta especialmente significativa porque el tercer trimestre coincide con las vacaciones de verano y el cobro de las pagas extraordinarias, dos factores que habitualmente favorecen un mayor gasto de los hogares.

Concretamente, la desaceleración se aprecia en la compra de bienes. El gasto en bienes duraderos, como los electrodomésticos o los vehículos, pasó de crecer un 3,15% en el tercer trimestre de 2024 al 1,61% en 2025 y apenas un 0,51% este año. En los bienes semiduraderos, como la ropa y el calzado, el comportamiento ha sido todavía más acusado: tras avanzar un 1,8% hace dos años y caer un 0,29% en 2025, el consumo se ha contraído un 2,18% en el último trimestre. Los servicios, por su parte, también han moderado su crecimiento, hasta el 0,9%, frente al 1,08% del año pasado.

En cambio, la evolución del gasto público y de la inversión revelan una moderación más contenida. El gasto de las administraciones públicas ha crecido un 0,86% en el tercer trimestre, frente al 0,94% de 2025 y el 1,22% de 2024. Y la formación bruta de capital fijo de las empresas, que recoge la inversión en activos productivos, también ha avanzado un 0,73%, por encima del 0,62% registrado por el consumo de los hogares.

Una diferencia en la intensidad de la desaceleración del gasto que apunta a que el encarecimiento de la vida está teniendo un impacto mayor en las decisiones de las familias que en las administraciones públicas o en las empresas. Y es que los hogares tienen que destinar una mayor parte de sus ingresos a hacer frente a unos precios más elevados, lo que reduce el margen que les queda para consumir.

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