Los grandes banqueros son muy diferentes a sus antecesores. La nueva generación de altos ejecutivos del sector financiero está compuesta por perfiles con una formación mucho mayor, experiencia laboral internacional y nuevas habilidades para pilotar un negocio que es mucho menos estable y predecible que hace un par de décadas y que requiere, además, una mayor rendición de cuentas ante la sociedad. Los banqueros ya no son intocables.

«El perfil del banquero ha evolucionado al hilo del desarrollo de las nuevas tecnologías y de las exigencias por parte de los accionistas. En el 95 la imagen actual del banquero cercano, que se comunica con sus empleados y clientes a través de vídeos en redes sociales o que tiene un canal de Twitter, nos hubiese resultado difícil de creer», explica a El Independiente Laura Díaz Bettarel, directora de Comunicación Financiera de Evercom.

Esas exigencias hacen que en los currículums de los nuevos banqueros destaquen tanto la experiencia internacional como la formación en disciplinas a las que antes no se prestaba atención. «El claro enfoque por la transparencia, la sostenibilidad y, en general, la responsabilidad social corporativa han contribuido a la incorporación de perfiles con mayor currículum académico y una experiencia más global e internacional», añade la experta de Evercom.

«En el 95 la imagen del banquero cercano, que se comunica con sus empleados y clientes a través de vídeos, nos hubiese resultado difícil de creer»

Laura Díaz-Bettarel

La propia Ana Botín, presidenta de Santander, reivindicaba hace algunos meses que estas cualidades la convirtieron en la mejor elección para suceder a su padre: «Si miras lo que había hecho durante mi carrera y el resto, sobre el papel era el candidato mejor, tenía una experiencia internacional que otros no tenían y había unanimidad».

Desde luego, los banqueros están ahora obligados a tener un «campo de miras» más amplio, pues su ámbito de conocimiento debe ser mucho mayor, como explica a El Independiente Arturo Zamarriego, especialista en el sector financiero.

En este sentido, apunta que los conocimientos de los banqueros de las generaciones anteriores estaban centrados en las finanzas puras, mientras que ahora los grandes ejecutivos de la banca deben tener también conocimientos sobre el riesgo reputacional o el medioambiental, entre otros.

Una reputación que está cada vez menos ligada a la influencia política. Aunque el sector financiero siempre conformará un gran poder económico, los actuales banqueros se han quitado de encima la cercanía al poder que caracterizaba a perfiles como el de Emilio Botín y no tienen problemas en mostrarse críticos con la clase política, algo que se ha hecho palpable durante esta pandemia.

Cada día más, la nueva generación de banqueros se está acostumbrando a tomar decisiones con una mayor incertidumbre y anticiparse a los eventos, como explica Zamarriego.

Y más en el contexto actual de crisis y reestructuración del sector. «El contexto hace que las alianzas entre compañías líderes en cada sector sean fundamentales para la supervivencia y crecimiento de las entidades, lo que obliga a los perfiles de nuevos banqueros a tener una visión completamente estratégica, ya que cada vez tendrá que tomar decisiones más complicadas, rápidas y transcendentales para su negocio», apunta, por su parte, Andrea Carreras-Candi, directora de EFPA España.

Menor peso en el capital

La banca española hace mucho que dejó de ser un negocio familiar, como ocurría en sus orígenes, lo que ha llevado a los ejecutivos a tener mucho menos peso en su accionariado.

En los años cincuenta era habitual encontrarse con entidades financieras denominadas como las familias fundadoras, que eran también sus dueñas. Es el caso de Masaveu y Cía (después Bankia Banca Privada), Matías Blanco Cobaleda (más tarde Banco de Castilla) o Viñas Aranda (posteriormente Banco de Galicia).

Los bancos dejaron de ser familiares y sus gestores se han ido alejando poco a poco del control del capital

En esta evolución, los banqueros han ido alejándose poco a poco del control del capital de las entidades.

Hasta la generación de Emilio Botín, era habitual que los primeros ejecutivos de la banca tuvieran mayores participaciones en los bancos que ahora, como el propio expresidente de Santander (0,663%) o su hermano, Jaime Botín, expresidente de Bankinter, que aún ostenta el 22,88% de la entidad a través de la sociedad Cartival.

Hoy en día, sin embargo, los grandes ejecutivos de la banca tienen en las entidades participaciones muy pequeñas, prácticamente irrelevantes. La posesión de acciones del banco es una muestra de confianza en la evolución del negocio, por lo que no es difícil ver a los directivos aumentar su porción de capital en momentos de bache bursátil. Además, alimentan estas participaciones con el cobro en forma de acciones del sueldo variable, ligado al cumplimiento de objetivos.

Participaciones, en todo caso, poco relevantes, como lo son la de Ana Botín, que únicamente mantiene el 0,171% en Santander; la de Carlos Torres, su homólogo en BBVA, con un 0,014%, o la de María Dolores Dancausa, consejera delegada de Bankinter, que dispone de un 0,142% del capital de su banco.

Hay en la banca española, sin embargo, una excepción. Juan Carlos Escotet es el máximo accionista de Abanca, de la que, además, es presidente, lo que constituye a día de hoy una rara avis en España y en Europa, donde los bancos suelen ser cotizados y tiene un accionariado muy diverso.

Esta diversificación en el capital influye también en el hecho de que ahora se les exige una mayor responsabilidad social y están más expuestos al escrutinio de la sociedad, lejos de aquella imagen del banquero intocable.

De hecho, ver a un primer ejecutivo de la banca desfilando por la Audiencia Nacional para declarar, ya sea como investigado o como testigo, ya no es nada extraño. En los últimos meses han tenido que hacerlo Ana Botín (caso Popular), Gonzalo Gortázar (compra de BPI), José Ignacio Goirigolzarri (caso Bankia) o Francisco González (caso BBVA-Villarejo), entre otros.

Carreras diversificadas

Los antiguos banqueros se caracterizaban por tener una carrera ligada a pocas empresas, con una gran trayectoria en sus entidades. Muchas veces, de hecho, hacían carrera únicamente en una entidad, un perfil muy distinto al de hoy en día. Entre los primeros ejecutivos de los principales bancos del país, solamente Josep Oliu, presidente de Sabadell, supera una antigüedad de diez años en el cargo y todos han sumado experiencia laboral en varias empresas.

Santander y Bankinter están dirigidos por mujeres y son las únicas compañías del Ibex 35 en el que se da esta situación

Emilio Botín (56 años en Santander), Amado Franco (50 años vinculado a Ibercaja), Emilio Ybarra (más de 30 años ligado a lo que más tarde sería BBVA), Luis Valls (presidente de Popular durante 32 años), Francisco González (18 años en BBVA), Isidro Fainé (38 años ligado a CaixaBank), Ángel Ron (33 años) y otros muchos históricos banqueros acumularon largas trayectorias vinculadas a sus entidades, una característica que ahora es difícil de ver.

La nueva generación es, además, muy joven. La edad media de los primeros ejecutivos de los seis bancos más grandes del país es 61 años, una cifra muy alejada de la edad a la que se retiraron Valls (78) y González (74) o a la que falleció, siendo presidente de Santander, Botín (79). Fainé, a sus 78 años, sigue vinculado a CaixaBank.

En esta generación, además, hay mujeres. Dos de los bancos más importantes del país, Santander y Bankinter, están dirigidos por mujeres y son las únicas compañías del Ibex 35 en el que se da esta situación. «La presencia de la mujer al frente de entidades, que aunque pueda parecer baja, hace 25 años era anecdótica», añade Díaz Bettarel, de Evercom.

Más formados, más internacionales, más diversos y más expuestos a la opinión pública. El negocio bancario va cambiando con los años y el perfil de sus gestores también evoluciona. Cada día, además, a pasos más agigantados.