Una persona sale del metro del distrito de Usera, Madrid. EUROPA PRESS

España ANÁLISIS

Ni rojos ni azules: el sur de Madrid nunca fue de nadie

La rebelión en el sur de Madrid ha estallado, y el PSOE, aunque sobre todo Podemos, se han lanzado a capitalizar y personificar el descontento social de los distritos y municipios más humildes de la región, sabiéndose merecedores del derecho de ser representantes legítimos de los intereses de estos barrios por su tradicional consideración como bastiones de la izquierda madrileña con poca o ninguna simpatía por lo conservador.

Mientras la oposición de los ayuntamientos que forman parte del histórico ‘cinturón rojo’ de Madrid alza la voz contra el «intento», sobre todo por parte de la formación morada, de convertir estos territorios en guetos ideológicos, Podemos se moviliza y agita las calles del sur en nombre de la lucha de clases, por la «segregación clasista» de la popular Isabel Díaz Ayuso en la aplicación de medidas restrictivas para frenar la expansión del coronavirus, que vino a afectar especialmente -aunque no únicamente- a las zonas más humildes de la comunidad.

Pero por mucho que sea esa la imagen que se ha construido y que ahora explotan algunos partidos para sostener su discurso, lo cierto es que el sur de Madrid nunca ha votado unas mismas siglas. El PSOE ha ganado, pero nunca ha arrasado; el empuje que pudo tener Unidas Podemos en 2015 prácticamente desapareció cuatro años después por la fragmentación de la izquierda y la aparición de fuerzas como Más Madrid; y el PP ha llegado a conquistar hasta el último reducto del voto obrero.

El rojo de Alcorcón, Móstoles, Fuenlabrada, Parla, Getafe y Leganés en ocasiones se ha teñido, como mucho, de rosa pálido, una suerte que también han corrido distritos humildes del sur de Madrid -Usera, Vallecas, Villaverde o Carabanchel-, donde se han sucedido concentraciones e, incluso, altercados violentos por las decisiones tomadas desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid en materia sanitaria. La primera y principal conclusión de la evolución del sufragio en estas zonas -tomando como muestra las últimas cuatro elecciones autonómicas, correspondientes a 2007, 2011, 2015 y 2019- es que se ha votado por contaminación de la dinámica política nacional más que por ideología. Y los datos así lo avalan.

El PP comenzó a fraguar la conquista del gran bastión rojo unos años antes de que en las autonómicas de 2011 lograse definitivamente teñir el cinturón sur de Madrid de un azul nítido. En 2007, el mapa empezó a cambiar, y los populares se hicieron con la primera plaza en Móstoles y Alcorcón: en el primero, la candidatura de Esperanza Aguirre llegó a superar la barrera del 50% de los apoyos, mientras que en el segundo el PP mejoró en 10 puntos la marca que logró en 2003, hasta situarse en el 48,31% de los votos y lograr una ventaja de más de 7.000 votos respecto al PSOE.

En el resto del bastión ‘rojo’ ganaron los socialistas, pero con un margen muy escaso respecto a los populares, que a punto estuvieron del sorpasso en Getafe y Leganés. Sólo arrasó el PSOE en Parla (55,58%), y ni si quiera en Fuenlabrada (47,29%), una de las joyas de la corona de la izquierda madrileña.

La historia se repitió en los distritos más humildes de Madrid. En 2007, el PSOE perdió barrios como Usera y Villaverde. Aunque por muy poco, logró mantener Vallecas. La situación fue especialmente dramática en Villa-Vallecas, donde Aguirre se quedó a 146 votos de imponerse al socialista Rafael Simancas.

Comunidad de Madrid

En las autonómicas de 2011, el mensaje de los conservadores caló definitivamente en el electorado de la región, y el sur no fue una excepción. Por la candidatura del PP votaron mayoritariamente en Fuenlabrada (41,78%); Getafe (41,72%); Leganés (42,02%); Móstoles (49,82%); Alcorcón (48,96%)… y se impuso con holgura en los distritos obreros, como Villa de Vallecas (38,23%), Villaverde (41,68%) o Carabanchel (48,94%). El PSOE siguió siendo la fuerza más votada en otros puntos de la zona, como Parla, donde superó la marca de Aguirre por casi 3.000 votos; o Puente de Vallecas.

No será hasta 2015 cuando se produzca un alto en el camino de los años de bonanza para el PP y no sólo a nivel regional, sino también en el tablero nacional. Comenzaba entonces la debacle de los populares, de la que aún tratan de recuperarse. Las siglas del partido portaban ya unas manchas de corrupción difíciles de borrar, y aquello pasó factura a la bolsa de votos, pero no fue el único motivo.

El fin del bipartidismo y la irreparable fragmentación política llegó para quedarse, y no sólo lastró al PP en favor de Ciudadanos. La izquierda recuperó parte del terreno perdido durante casi una década en sus bastiones, pero esta parte del voto ya no se fue al PSOE, sino que Podemos robó entonces muchos electores que antaño votaron a las siglas socialistas.

El PP logró frenar en parte la sangría y mantuvo el liderazgo en la Comunidad de Madrid, donde Cifuentes se hizo con la victoria al sumar 48 escaños (24 menos que en 2011). Pero perdió el Ayuntamiento en favor de Podemos: la candidatura de Manuela Carmena triunfó con 20 escaños y se hizo con el bastón de mando.

En esta ocasión, la candidatura del PSOE volvió a ser la más votada en todos los municipios del sur de Madrid -salvo Móstoles y Alcorcón, donde por muy poco resistió el PP- aunque se quedará ya muy lejos de los porcentajes que consiguió años atrás. Así, los socialistas se imponen en Fuenlabrada (32,87%); Leganés (29,69%); o Getafe (29,99%), seguido en todos ellos muy de cerca por Podemos, cuyo candidato, José Manuel López, se mantuvo en la órbita del 20%. En Parla, la formación morada llegó incluso a superar a los socialistas por casi dos puntos.

El mapa fue prácticamente el mismo en Madrid capital, donde el PSOE volvió a ganar músculo en Madrid capital. El PP cayó a la mitad respecto a las anteriores autonómicas en Vallecas o Usera.

Madrid Capital

La onda expansiva de la debacle que experimentó Pablo Casado en las generales del 28 de abril de 2019 llegó a las autonómicas que se celebrarían tan sólo un mes después. El PP siguió cayendo en escaños en la Comunidad de Madrid y, aunque no perdió el Gobierno gracias al apoyo de Ciudadanos -con quien Díaz Ayuso gobierna en coalición- y Vox, sí bajó hasta los 30 escaños por los 37 que logró Ángel Gabilondo.

Además, el voto de la derecha se fragmentó aún más por el éxito sin paliativos de Vox, que también tuvo su representación en la Cámara madrileña. En las autonómicas de 2019, las fuerzas de la izquierda mantuvieron su influencia pero, de nuevo, no arrasaron en ninguno de los municipios del cinturón ‘rojo’.

Sí volvió a ser la del PSOE la candidatura más votada en Móstoles y Alcorcón, y se mantuvo en el límite del 33% en Getafe, Leganés o Parla, misma tendencia que en Carabanchel, Usera, Villaverde y Vallecas. Importante entonces fue el ascenso de Más Madrid, que se colocó como tercera e incluso segunda fuerza política en gran parte de estos territorios.

Pero aunque la izquierda haya recuperado influencia, en el sur de Madrid se sigue votando a la derecha y, en ocasiones, a las siglas más conservadoras. Prueba de ello es que en las generales del pasado 10 de noviembre, PP, Cs y Vox acapararon por encima del 45% del voto en la mayoría de estos territorios. Sin ir más lejos, en Fuenlabrada la formación de Santiago Abascal superó al PP en apoyos, con un porcentaje del 20,13%.

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