Si alguien tiene una visión global de lo que ha sido España desde la Transición ese es Eduardo Serra (Madrid, 1946). Nadie como él representa la transversalidad de alguien que ocupó distintos cargos de responsabilidad con UCD y PSOE para acabar de ministro de Defensa en el primer Gobierno de José María Aznar. Por eso defiende una política sin polarización ni estridencias y ahora, desde la presidencia de la Fundación Transforma España, apela a que se oiga la voz de la sociedad civil, «que es, por su propia naturaleza, plural y quiere el diálogo y la concordia».

«Nosotros somos los dueños del negocio España y tenemos unos representantes», afirma tras analizar para El Independiente la salud del debate político después del «terremoto» de la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez.

Pregunta. -¿Es la política la que crispa a la ciudadanía o al revés?

Respuesta. –Es clarísimo. La política y la clase política polarizan y crispan a la sociedad. Desde 1976 a 2015 hemos tenido dos partidos políticos mayoritarios, el PP y el PSOE, que se disputaban los votos uno a otro en el centro. A partir de 2015 y, probablemente por una ruptura generacional, nacen Podemos, que venía de los indignados, Ciudadanos y Vox. ¿Dónde va el PSOE  a buscar votos?, a Podemos y radicaliza su discurso. ¿Dónde va el PP?, donde Vox y radicaliza su discurso. Se radicalizan y se van a los extremos. El político se encuentra confortable metiéndose con el otro y eso es lo que han trasladado a la sociedad.

PSOE y PP se radicalizan y se van a los extremos»

P.- ¿Y este análisis sirve para lo que pasó la semana pasada en el Congreso con el discurso de Pablo Casado?

R. – Lo que hizo Pablo es desmarcarse de la extrema derecha y posicionarse en el centro. Salió, cosa que nadie pensaba, como líder del centro de España. A la derecha tiene a Vox y a la izquierda al PSOE. El que ha perdido la batalla es Pablo Iglesias.

P. -¿Por qué?

R. –Se ha quedado oscurecido. Tuvo que salir en el debate, aunque no pegaba, en nombre del Gobierno porque le está tapando Sánchez.

P. -¿Cree que ahora deberían encontrarse los dos grandes partidos?

R. –En la cúspide es más fácil el acuerdo, pero cuando se baja a las bases, es más visceral la oposición. Eso es una catástrofe.

P. –¿Se ha trasladado ese talante de enfrentamiento a las cúpulas?

R. –Es posible, con la radicalización y crispación que hay. Me parece que lo que pasó este jueves fue un terremoto. Antes del discurso de Casado Sánchez iba a decir que éstos son la derecha extrema y la extrema derecha y yo vivo confortable porque ocupo el centro. Con el discurso de Casado, posiblemente excesivamente abrupto en lo personal, posicionó al PP en el centro, precisamente por su radicalidad, e inmediatamente Sánchez se va a la izquierda.

El discurso de Casado fue excesivamente abrupto en lo personal»

P. -¿Se debe sentar Casado a negociar la renovación de los órganos constitucionales?

R. – Sí, poniendo líneas rojas. La independencia del Poder Judicial es sagrada. Ya en el 86 hubo un mordisco y no se puede ir en esa dirección, sino en la contraria. Hemos judicializado la política hasta extremos inconcebibles y politizado la justicia.

P. -¿Cómo ve al Gobierno de coalición?

R. –Parece que los PGE están aprobados y que hay legislatura por delante. Presido la fundación de ex ministros, España Constitucional, y justo después de las penúltimas elecciones nos dirigimos a los partidos de centro derecha para decirles haced todo lo necesario para que la presidencia no dependa de independentistas, comunistas y antisistema. Ahora no hay sustituto posible de Unidas Podemos, pero sí una novedad, que está dispuesto a tragar carros y carretas con tal de seguir en el gobierno. Siempre es posible, no un gobierno de unidad nacional o de concentración, sino de yo te apoyo para que no dependas de ellos pidiendo algo a cambio.

P. -¿Mantiene algún tipo de contacto con Sánchez o con Casado?

R. –Para hacer esta gestión hablé entonces con Rivera y Casado y no se puso al teléfono Sánchez. No tengo relación con él.

P. –Dicen en su Fundación que “nos hemos caído”. ¿Cómo nos levantamos?

R. –Lo primero es apoyarse uno en el hombro del otro. La colaboración. Ahora mismo hay que hacer el Presupuesto. En un 80 por ciento viene decidido por compromisos, esto es, funcionarios, pensiones, prestaciones por desempleo… Si el resto lo ponemos en lenguaje técnico, rebajamos la tensión más que si empezamos a tirarnos los tratos a la cabeza con principios generales. Lo último que necesitamos es crispación para levantarnos de la crisis. Merkel y Macron han forrado de dinero a las empresas para que no se caigan. Una empresa que no se cae, mantiene su empleo y aquí nos hemos preocupado por el salario mínimo, la renta básica y la subida de las pensiones…. Si no se ayuda a las empresas es pan para hoy y hambre para mañana.

España no es, de ninguna manera, un estado fallido»

P. -¿Qué espera de estos Presupuestos?

R. –Espero sobre todo que se pueda mantener el empleo al máximo posible y para eso creo que la vía es dar el dinero a las empresas. Y lo que temo es que se haga lo contrario. Cada vez que se sube el salario mínimo cae el empleo. Si sube el precio del empleo, cae la demanda. Las empresas buscarán otros recovecos para no tener que emplear a la gente.

P.- ¿Cree como ha dicho parte de la prensa europea que España es un estado fallido?

R. –No, no lo creo. Fallido es un estado que no tiene capacidad de asegurar la vida de sus ciudadanos, la seguridad jurídica… no es el caso de España de ninguna manera, estamos en una deriva mala, pero no somos un estado fallido.

P. -¿Nos atacan porque nos ven débiles?

R. – No nos atacan. Europa del norte ha decidido ayudar mucho a Europa del sur y hay que decirles que agradecemos mucho esa ayuda aunque pongan condiciones que tendremos que cumplir. Lo que creo es que España llevaba muchos años en una deriva ascendente de prestigio en Europa y eso se ha quebrado. Ahora tenemos un prestigio descendente en Europa.

P. -¿Qué ha pasado con la gestión del Covid en España?

R. –Casi todo el mundo reconoce que las disensiones políticas son lo peor en una situación así. Habría que distinguir que España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, si no el mejor, pero no un buen sistema de salud pública. Somos poco previsores y muy buenos improvisadores. Pero lo uno no debe arrastrar a lo otro. Y luego está la falta de colaboración público-privado. Tenemos empresas que están dando lecciones al mundo de exportar e importar, ¿por qué se meten los ministerios ahí si no se meten nunca?, lo han hecho mal y les han engañado. ¿Por qué no lo ha pedido usted? Esa mala relación tiene que terminar. Nos tenemos que fiar los unos de los otros. No podemos pensar, teniendo la economía que tenemos, que el empresario es un delincuente.

No podemos pensar, teniendo la economía que tenemos, que el empresario es un delincuente»

P. –¿Tenemos en España una sociedad civil lo suficientemente articulada?

R. –No. España ha sido mucho de tradición cortesana, que se acerca al poder para pedirle favores, y poco de tradición ciudadana, que respeta al poder pero no se pone sumiso ante él, y es urgente que cambiemos. Y para cambiar hay que reconocer a la sociedad civil un lugar en el sol, que no se la menosprecie diciéndole “yo le represento”. Los representados, nosotros, somos los dueños del negocio España y luego tenemos unos representantes. ¿Qué hacen los partidos invadiendo esferas que no les corresponde? ¿Qué hacen gobernando museos y la cajas de ahorro? En los veinte años que las han gobernado los políticos se las han cargado. Esa intromisión de los partidos en todos los ámbitos de la sociedad civil me parece nefasta. Los políticos tienen la labor más esencial, que es regular el interés público, no se meta en lo privado, deje que la sociedad haga sus cosas. Basta ya y eso es lo que muy modestamente intentamos hacer desde la fundación.