Tregua independentista para centrar los ataques en el PSC y evitar la desmovilización del electorado secesionista, hastiado de tres años de peleas en el Govern. Era el pacto no escrito entre JxCat y ERC, conscientes de que los quince días de campaña serán claves para movilizar a un electorado harto de restricciones y atemorizado por la incidencia del coronavirus, que el propio Govern se ha dedicado a amplificar durante todo el mes de enero.

Un pacto que ha tenido una vida tan efímera como las anteriores treguas independentistas. Laura Borràs y Pere Aragonés lo mantuvieron en el primer debate, en TVE. Pero empezó a saltar por los aires cuando Oriol Junqueras se hizo dueño y señor de la campaña de Esquerra. Y escogió la corrupción como eje de su discurso.

La historia impoluta de ERC

ERC «impoluta en sus 90 años de historia» frente a la «sociovergencia» que ha mandado Cataluña siempre, aseguraba -obviando que su partido lleva ya cinco años el en Govern-. Mientras los dardos se dirigían al PSC, Junts aguantó el tiro. Pero cuando el martes incluyó en el paquete a Laura Borràs, la tregua saltó por los aires.

Aunque el digital ElNacional.cat ya le había acusado el fin de semana de «meter en el mismo saco» a Junts y el PSC para afirmar «nosotros no robamos». Un titular que indignó al número tres de JxCat, Joan Canadell, quien consideró «muy triste» ser tachado de ladrón.

Junqueras, en la cárcel por corrupción

Siguiendo con este argumento, el martes Junqueras apuntaba que «en Esquerra, Borràs no sería candidata» por su imputación por un presunto caso de corrupción. La candidata está procesada por el Tribunal Supremo por un presunto caso de malversación por adjudicar contratos a dedo desde la Institución de las Letras Catalanas (ILC).

La respuesta de Borràs llegaba al día siguiente, comparando su imputación con la de Oriol Junqueras, condenado por malversación. «Tenemos un vicepresidente de la Generalitat condenado por corrupción» afirmaba la candidata de JxCat en una entrevista en El País para defenderse de la imputación por su gestión en la ILC. Y estalló la guerra.

Marta Rovira denunció la respuesta de Borràs, en un tuit rápidamente reproducido por diversos dirigentes de ERC. «No todo se vale, Laura» le espetaba Ernest Maragall. «Esconder tu problema personal detrás de la inmensa tarea colectiva del 1-O y la dignidad de Junqueras y el resto de presos y exiliados solo te hace menos respetable como candidata a cualquier responsabilidad pública».

Pero la indignación republicana ha tenido puntual respuesta de los puigdemontistas también en las redes. Acusan a ERC de «manipular» porque el vídeo está cortado y de hacer «juego sucio» en la campaña electoral.

La conclusión del director de Comunicación de la Generalitat, Jaume Clotet, en redes: «Veo que el enemigo a batir por tierra, mar y aire es Laura Borràs, también desde las trincheras aliadas». Y añade que «lo esperaba, pero no hasta llegar a este extremo» porque JxCat ya va por delante en las encuestas.

La candidata de la CUP, Dolors Sabater, también ha sido blanco de los ataques de JxCat por cuestionar la candidatura de Borràs. Un cuestionamiento que su propio partido le forzó a corregir en unas horas. Pero la rectificación no le evitó la riña de la portavoz oficiosa de Carles Puigdemont, la periodista Pilar Rahola.

Pacto JxCat-PSC en la Diputación

Más allá de las acusaciones de corrupción, los respectivos pactos con el PSC son uno de los argumentos favoritos de republicanos y junteros para descalificarse mutuamente. Aunque lo cierto es que los socialistas tienen una treintena de pactos con partidos independentistas, Junts o ERC, en otros tantos ayuntamientos y entidades locales.

Uno de los argumentos recurrentes de JxCat es la amenaza de un nuevo tripartito para expulsarlos de la Generalitat, acusación bien fundamentada, puesto que Podemos especula con ello cada día. Y la respuesta de ERC es, invariablemente, señalar el pacto de JxCat con el PSC en la Diputación de Barcelona, como hacía el miércoles Gabriel Rufián, aprovechando el primer encuentro de Borràs con Miquel Iceta en el Congreso.

Han sido los principales, pero no los únicos motivos de choque entre republicanos y junteros. Incluso el gaditano Dani Gallardo, condenado por los disturbios por una manifestación en Madrid contra la sentencia del procés ha sido objeto de disputa entre los dos partidos independentistas. El diputado Francesc de Dalmases, mano derecha de Borràs, acusaba en twitter a ERC de tener tiempo para votar la investidura o los presupuestos del PSOE «pero no tuvieron tiempo de visitar a Dani».

«Poco después de que entrara en prisión visitamos a Dani y siempre le hemos mostrado nuestro apoyo absoluto» le respondía la diputada republicana en el Congreso Marta Rosique. «No hace falta caer en mentiras» concluía esta semana.

También la polémica de los youtubers ha tenido su traslación a la campaña catalana y la guerra poco soterrada entre los dos grandes partidos independentistas. En las redes de ERC ha circulado el meme del ex presidente Jordi Pujol caracterizado de youtuber, una referencia poco soterrada a sus socios de gobierno.