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Trapero se suma a las críticas por la falta de respaldo del 'Govern' a los Mossos

El mayor se quejó de la falta de apoyo por parte de los máximos responsables políticos del Cuerpo durante la reunión de urgencia que el 'conseller' de Interior mantuvo este domingo con los sindicatos ante el malestar expresado por los policías

El mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, en una comparecencia tras su reincorporación al puesto.

El mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, en una comparecencia tras su reincorporación al puesto. EP


Seis días de violentos disturbios y saqueos han hecho falta para que los Mossos d’Esquadra se vean respaldados públicamente por el presidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonés. Para llegar a este punto ha hecho falta un durísimo comunicado de la patronal catalana Fomento del Trabajo y la queja expresa del mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, por la falta de apoyo al Cuerpo. Fue este domingo, durante la reunión de urgencia que mantuvieron los sindicatos con la dirección de Interior encabezada por el conseller Miquel Sàmper tras días de advertencias sindicales por el malestar existente entre los integrantes de la Policía autonómica.  

«Trapero expresó su malestar por algunos silencios que se habían producido en la Consejería de Interior y por algunos titubeos a la hora de dar apoyo», cuentan a El Independiente fuentes conocedoras del desarrollo de la citada reunión. Los destinatarios de su queja tienen nombre y apellidos. «Es evidente que se estaba refiriendo a los máximos responsables políticos del Cuerpo de Mossos», añaden.

En los últimos días, los sindicatos habían expresado su malestar por el hecho de que desde el Govern en funciones no se hubiera salido en defensa de los agentes por su actuación ante los graves disturbios que se han venido registrando en diversas ciudades catalanas tras el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél. Ese descontentó forzó el encuentro del pasado domingo, en el que Trapero estuvo presente en su condición de máximo responsable operativo del Cuerpo.

«Nos sentimos muy solos. Somos los que estamos a pie de calle ante toda esta violencia tan bestia y los que nos gobiernan no han hecho más que criticar, cuestionar el modelo policial y acusar sobre todo a la Brigada Móvil (Brimo) de que somos salvajes», declara a este diario el portavoz de la Federación de Profesionales de la Seguridad Pública de Cataluña (FEPOL), Toni Castejón, horas antes de que Aragonés proclamara el «apoyo» del Govern a sus policías.

«Cómo podemos estar contentos si no hemos parado de recibir críticas constantes desde que empezaron los altercados sobre nuestra intervención. El propio partido que está gestionando Interior critica la gestión de Interior. Alguna cosa habrán hecho mal ellos, pero es mucho más fácil descargar sobre los agentes a reconocer que, por ejemplo, han tenido tiempo suficiente para poder modificar el modelo policial que ahora critican», señala el portavoz del Sindicato de Policías de Cataluña (SPC), David Miquel. Y añade: «Si se hace porque se hace, si no se hace porque no se hace… Es prácticamente imposible poder trabajar así. Con todo, con gran entrega y profesionalidad y aguantando una presión extraordinaria que no nos merecemos, lo estamos haciendo muy bien».

Imma Viudes, portavoz de SAP, comparte el malestar y concluye que la condena de la violencia realizada este lunes por Aragonés «llega tarde». La condena de la violencia «es necesaria desde la política, e imprescindible desde la responsabilidad institucional», advierte. Asegura que los mossos «están a la expectativa» tras las disculpas de Sàmper en la reunión con responsables sindicales, pero advierte de que los ataques de la CUP siguen incendiando al Cuerpo. «Las declaraciones de Carles Riera, afirmando que la violencia siempre tiene como origen una actuación desproporcionada de los mossos, han corrido como la pólvora» entre las redes de la policía autonómica, avisa.

El mayor se quejó de la falta de apoyo de los responsables políticos del Cuerpo en la reunión del domingo para calmar a los sindicatos

Trapero ha participado en reuniones internas pero no ha tenido ninguna intervención pública en la crisis provocada por los disturbios protagonizados por los violentos tras el encarcelamiento de Hasél. Sólo ha trascendido que se montó el pasado sábado por la noche en una furgoneta de la Brimo para conocer de primera mano qué estaba sucediendo en las calles de Barcelona y cómo estaban actuando sus subordinados, según informó La Vanguardia.

«Fue un paripé. Que se hubiera subido a un vehículo en primera línea y hubiera aguantado los golpes, los puñetazos y las pedradas y hubiera comprobado lo que tienen que padecer los compañeros», opina un mosso que pide anonimato. «Hay rabia y desánimo. Estamos haciendo nuestro trabajo de la mejor manera posible y estamos siempre en tela de juicio. Siempre con las amenazas de que se nos mirará con lupa cualquier actuación que hagamos, por la apertura de investigaciones, depuración de responsabilidades…», agrega.

Un día antes, el mayor remitió por vía interna una misiva a todos los agentes de los Mossos para expresarles su apoyo ante las críticas que llovían desde la esfera política, y cerrar filas con los responsables de orden público.

Desde su reincorporación al puesto tras ser absuelto por la Audiencia Nacional por la actuación de los Mossos durante el referéndum del 1-O, Josep Lluís Trapero ha optado por una discreción rayana en el ostracismo. Unos silencios que fuentes del Cuerpo aseguran que no se producen solo de cara al exterior, ante los medios de comunicación.

«En las reuniones internas del consejo de los Mossos, Trapero prácticamente no habla», aseguran estas fuentes, sorprendidas también por la ausencia del mayor en las comparecencias posteriores a los disturbios vividos esta semana. Han sido el director general, Pere Ferrer, y el comisario Juan Carlos Molinero quienes han asumido la voz de la Policía de la Generalitat. Pero los disturbios vividos en Cataluña han obligado al mayor a dar un paso adelante.

«Aislarse del silencio y el ruido»

El jueves, Trapero reunía a los mandos en el Complejo Egara para cerrar filas con la Brigada Móvil y reclamaba a sus mandos conjurarse «para aislarse del silencio y el ruido» que ha rodeado todas sus actuaciones en los últimos días. Fue el primer intento de frenar el incendio interno provocado por los ataques de los partidos, en plenas negociaciones para la constitución del nuevo Govern. El segundo fue la reunión con sindicatos policiales de este domingo, junto al conseller Sàmper.

«Bueno, pues molt bé, pues adiós». La frase del jefe operativo de los Mossos en respuesta a un corresponsal extranjero que pedía respuestas en español durante la primera rueda de prensa de los responsables policiales tras los atentados de Barcelona y Cambrils, en agosto de 2017, lo convirtió en una celebridad. Proliferaban las camisetas con su imagen y la frase de marras, mientras Trapero se convertía en ídolo del independentismo.

No era la primera vez que el mayor los Mossos protagonizaba una polémica en los medios ajena a sus responsabilidades en el Cuerpo. El verano anterior saltó a la fama como uno de los protagonistas de la paella estival organizada por la periodista Pilar Rahola, con el ex president Carles Puigdemont como invitado de lujo. Eran los tiempos en que Trapero disfrutaba con la proyección pública de su cargo, al tiempo que comandaba con mano de hierro la policía autonómica. 

Destituido por el Gobierno de Mariano Rajoy tras aplicar el artículo 155 a raíz de su imputación en la causa que instruyó la Audiencia Nacional, el Govern restituyó al mayor en su puesto el pasado mes de noviembre tras adquirir firmeza la sentencia absolutoria. A diferencia de su etapa anterior, ha adoptado de momento por un perfil más bajo, como se ha comprobado estos días en que los focos han vuelto a alumbrar al Cuerpo. «Trapero ha pasado de ser actor principal en una película a ser actor ahora secundario, pero que también quiere un Óscar», describe un mosso.

Desde que volvió al puesto tras su absolución, Trapero ha optado por una discreción rayana en el ostracismo

Este lunes, ha sido el presidente en funciones, Pere Aragonés, quien ha tenido que improvisar una comparecencia pública ante las críticas que tanto desde los mossos como desde los sectores empresariales le llueven al Ejecutivo en funciones por no haber condenado la violencia en las calles de Barcelona.

Atrapado en las negociaciones del nuevo Gobierno catalán, Aragonés había evitado hasta ese momento condenar explícitamente la violencia vivida en Cataluña. Unas manifestaciones azuzadas desde la CUP, que vio cómo el viernes detenían a uno de sus electos en los disturbios en Girona. En este contexto, los anticapitalistas han puesto a los Mossos en el centro de la batalla política por el nuevo Govern y JxCat se ha alineado rápidamente con ellos, pese a ser los responsables del Departamento de Interior desde hace diez años.

Trapero sigue siendo uno de los héroes populares de la crisis de 2017, y el futuro Gobierno difícilmente podrá prescindir de su papel al frente de los Mossos. En ese contexto cabe leer también el giro de Aragonés, que aspira a presidir el próximo Ejecutivo y a asumir desde ERC el Departamento de Interior.

En los últimos días, el discurso de los republicanos se ha matizado, reclamando respeto a la «policía propia de Cataluña» y recordando que se trata de una de las patas fundamentales para construir su proyecto independentista. Nada que ver con la posición que mantiene uno de sus posibles socios de gobierno o investidura, la CUP. Éstos insisten en que se desmantele la Brigada Móvil, al tiempo que acusan a policías de estar «infiltrados para provocar este tipo de espiral de violencia».

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