«Los desencuentros de tres años no se pueden arreglar en tres días». La frase de Albert Batet resuena todavía en los despachos de Esquerra. Los republicanos están digiriendo el portazo de JxCat, que este viernes se abstuvo en el Parlament imposibilitando la investidura de Pere Aragonés. Y se preparan para una nueva derrota, este martes, si se cumple la advertencia de Batet.

Tres días son insuficientes para olvidar los reproches de diez años de gobiernos conjuntos. Aragonés tiene ahora dos meses de prórroga para superar los reproches y conseguir un acuerdo, antes del próxima fecha límite, el 26 de mayo. Si entonces no hay pacto de legislatura, como reclama JxCat, Cataluña irá a elecciones anticipadas.

Reproches cruzados

Reproches a los que ahora se suma la votación del viernes. «Nosotros nunca hemos votado en contra de una investidura» cuando era Convergencia o sus marcas posteriores la que ganaba en el bloque independentista, lamentan desde Esquerra. Sus supuestos socios, por su parte, les recriminan la falta de avances en la negociación para el nuevo gobierno, mientras los republicanos daban prioridad al pacto con la CUP. «Si quería nuestro apoyo tendría que haber levantado el teléfono» apuntan desde el partido de Puigdemont.

La desconfianza, incluso animadversión si hay que creer el dietario de Quim Torra, entre los dirigentes de Esquerra y Junts hará muy difícil el acuerdo de gobierno. Pero habrá Govern, porque todos saben que no pueden permitirse repetir una elecciones que probablemente solo beneficiarían al PSC.

Perder el Govern

Pere Aragonés se ve presidente de la Generalitat y no puede perder la oportunidad de devolver a ERC a un despacho que no ocupa desde Lluís Companys. Y JxCat es un partido en construcción que necesita que su estructura, integrada muy mayoritariamente por altos cargos de la Generalitat, siga teniendo el futuro garantizado. Más allá del discurso del 52% del independentismo, estas son las dos bazas que condicionan la negociación del futuro gobierno catalán.

Tanto ERC como JxCat tienen mucho que perder si fracasa el gobierno de coalición. Pero también mucho que ganar en las negociaciones. Y Junts ha dejado claro a los republicanos que tendrán que esforzarse un poco más en las negociaciones si quieren su apoyo parlamentario.

«Debería dar más prioridad a un acuerdo con el partido que quiere como socio de gobierno que con un socio parlamentario. Ustedes tienen 33 diputados y nosotros 32, pedimos un poco de respeto», le recriminó Batet a Aragonés el viernes. La composición del Govern «será el reflejo de la mayoría parlamentaria», le prometió Aragonés. Y ahí está el auténtico centro del conflicto.

Reparto del poder

En 2018, tras las elecciones posteriores al referéndum y el 155, Junts y Esquerra se repartieron desde las consejerías hasta los altos cargos de TV3 y Catalunya Ràdio. Nada se dejó la azar, con la estricta aplicación del pacto alcanzado por Carles Puigdemont y Marta Rovira en Waterloo: reparto al 50% de cargos y presupuesto.

Es decir, si ERC asumía las consejerías de mayor gasto social -Sanidad y Educación- Junts se quedaba con las de mayor presupuesto en inversión -Política Territorial y la suma de función pública y políticas digitales-. Esta vez, se lamentan desde Junts, no ha habido todavía ninguna concreción, mientras Aragonés insiste en una nueva estructura que amenaza la reciprocidad que exigen los de Puigdemont.

Y en el centro, los fondos europeos, que aspiran a controlar Aragonés y la número tres de Junts, Elsa Artadi, que se perfila como vicepresidenta y consejera de Economía, si finalmente se forma gobierno con la misma estructura del actual. ERC quiere volver a disgregar Administración Pública y Políticas Digitales, crear una consejería de Igualdad y recuperar Medio Ambiente.

Consecuencias en el Congreso

Mientras, CatEC-Podemos sigue abogando por un pacto imposible de izquierdas que sume a ERC, PSC y los comunes como sucede en el Congreso. «Me gustaría verle investido el martes y que formáramos un gobierno de izquierdas juntos» le animó Jéssica Albiach. Pero ERC ya ha optado por ligar su futuro al bloque independentista. Imposible justificar ante su electorado la ruptura de ese bloque tras conseguir el 52% de los votos.

La opción de ERC tendrá consecuencias también en el Congreso. Ligada ya a la CUP y previsiblemente a JxCat en el futuro, los republicanos tendrán más difícil seguir siendo uno de los apoyos parlamentarios habituales del Gobierno de Pedro Sánchez. Junts ya ha exigido una estrategia unificada en «todas las instituciones» que es tanto como decir en las Cortes.

La CUP ha dado a la Mesa de Diálogo una prórroga de dos años en su acuerdo con ERC, pero ni los antisistema ni JxCat han apoyado ninguna de las propuestas de la mayoría gubernamental en el Congreso. Ni en presupuestos -cuando JxCat se rompió para votar en contra de las cuentas que sí avaló el PDeCat- ni en los distintos estados de alarma. La mayoría independentista hará tambalearse la mayoría del PSOE.