Miguel Sebastián, ministro de Industria durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, declaró ante el juez que el espionaje presuntamente encargado por el BBVA al comisario Villarejo y del que él fue víctima le provocó un perjuicio profesional, mediático y en su vida privada, al tiempo que desveló las palabras que le dirigió Francisco González (FG) cuando fue a preguntarle por los motivos de su despido como analista del banco: «Ojo con lo que dices de nosotros porque nosotros podemos decir muchas cosas de ti’. Y eso me sonó a una amenaza».

Sebastián declaró el pasado 14 de abril como perjudicado en la pieza separada del caso Villarejo en la que se investiga el encargo millonario que la entidad financiera le hizo al grupo empresarial controlado por el polémico policía, lo que incluyó seguimientos y rastreo de llamadas de determinadas personas. Villarejo se habría valido de otros funcionarios policiales, a los que, según mantiene la Fiscalía Anticorrupción, habría pagado dádivas por tales servicios ilegales.

El ex ministro figura entre los miembros del ‘Grupo Hostil’ -como les denominó el comisario jubilado en sus anotaciones- y a quienes habría espiado para frenar la toma de control del banco por parte del expresidente de Sacyr Luis Del Rivero, como habría sospechado el expresidente de BBVA Francisco González. Entre los objetivos de dichos seguimientos, también personados como perjudicados en la causa, aparecen el ex vicepresidente de BBVA José Domingo de Ampuero, el financiero Juan Abelló y el exdirector general adjunto del banco Vicente Benedito Francés.

Sebastián, durante su declaración como perjudicado, afirmó que sintió que FG le lanzó una amenaza cuando en 2003 fue a pedirle explicaciones sobre su despido. «Yo fui a preguntarle por qué me echaba y me dijo que él no tenía que dar ninguna explicación de por qué me echaba. Le dije: ‘Es que me gustaría saber si es algo relacionado con mi trabajo, si es por algún tipo de motivación política o por algo que deba saber’. Y me insistió: ‘Es que no tengo que darte ninguna explicación, he decidido prescindir de tus servicios’. Sí que me acuerdo que, cuando me iba, me dijo: ‘Ojo con lo que dices de nosotros porque nosotros podemos decir muchas cosas de ti’. Y eso me sonó a una amenaza. Entonces me volví y le dije: ‘Puedes decir de mí lo que quieras'».

Francisco González es uno de los antiguos ejecutivos del banco investigados por el juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón como posible autor de un delito de cohecho, al apreciar indicios de que él fue quien encargó a Villarejo espiar a tales personas en 2004 para frenar el asalto de Sacyr al banco auspiciado por el Gobierno, según habría temido.

Según explicó en sede judicial, Miguel Sebastián interpretó esas palabras como una señal de desconfianza hacia él que podría venir motivada por el hecho de que se le estuviera «vigilando o espiando». «Me dejó muy sorprendido porque siempre había entendido que teníamos una relación cordial. Me sorprendió casi la virulencia», explicó el ex titular de Industria, que recordó que el BBVA había sido su «casa» y donde tenía «muchos amigos».

Sebastián trabajó en el BBVA desde 2000 hasta el año 2003. Después, en 2004, pasó a ser director de la Oficina Económica del presidente del Gobierno. En verano de ese año, dos o tres meses después de que Zapatero llegara a la presidencia del Gobierno, Vicente Benedito le llamó y le dijo que quería informarle de una «operación importante» para que se la transmitiera al presidente del Gobierno. En una primera reunión, según contó, sólo tomó notas porque era una operación «muy confidencial» y se lo transmitió a Rodríguez Zapatero. En una segunda cita después del verano, cuando «la operación estaba más en marcha», les dije que tenían que informar de la operación «al vicepresidente Solbes».

«En aquellas fechas no me sentí espiado»

Sebastián afirmó que en aquellas fechas «no tuvo sensación de ser rastreado o espiado», así como aseguró que nunca tuvo una conversación con la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, sobre el asunto porque ésta «nunca iba al despacho de nadie y, cuando lo hacía, se montaba un buen revuelo porque era algo excepcional». «Únicamente vino a mi despacho para darme el pésame por la muerte de mi hermano», contó.

Con el paso del tiempo, Sebastián sí ha contextualizado el «vapuleo mediático» que sufrió por aquellas fechas y que le ha perjudicado en «una triple vertiente: profesional, privada y mediática». En su vida profesional, porque no fue en ascenso como la de otros compañeros políticos españoles y europeos, como consideró en la Audiencia Nacional. En la mediática, por el vapuleo al que afirma que le sometieron y en lo privado, porque sufrió «el primer caso de outing» -dijo- «que se dio en España», lo que consiste en «revelar la condición homosexual de una persona que no quiere que sea revelada».

Igual que el exministro del Gobierno de Zapatero, el resto de personas que según los audios y anotaciones requisadas a Villarejo fueron objeto de su espionaje no repararon es que estaban siendo vigilados hasta la apertura de la investigación alrededor de los trabajos del comisario jubilado por encargo de distintas compañías presentes en el Ibex 35.

Luis Del Rivero, que también solicitó personarse como perjudicado en la causa, también declaró el pasado 14 de abril. El expresidente de Sacyr ejerce la acusación contra Villarejo en dos piezas distintas de la investigación alrededor de los trabajos que hizo desde su empresa privada Cenyt mientras estaba en activo en la Policía. En la pieza 21 del caso Tándem se investiga el dossier Wine en el que el comisario habría recogido datos personales no sólo de Del Rivero, sino también de sus familiares y su círculo más próximo supuestamente por encargo de Repsol y CaixaBank, motivo por el que el presidente y el expresidente de ambas compañías, Antonio Brufau e Isidro Fainé, también están investigados por supuesto cohecho.