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Aragonès augura un camino de espinas a la mesa de diálogo con el Gobierno de Sánchez

Pere Aragonès y Salvador Illa durante el debate de investidura EFE

Nada ha cambiado en Cataluña. Referéndum y vía escocesa son, de nuevo, los ingredientes de la nueva legislatura, en la que el Gobierno se ha comprometido a sacar adelante la mesa de diálogo pactada con ERC para investir a Pedro Sánchez. Pere Aragonès ha presentado su hoja de ruta para la investidura catalana sin una sola mención a España. Tampoco se ha referido a los problemas de financiación de la Generalitat, como le recriminó el líder del PSC. Si Pedro Sánchez esperaba que la mesa de diálogo sea más productiva con un president de ERC que con Quim Torra, Aragonès hizo todo lo posible ayer por desmentirlo.

Salvador Illa ofreció voluntad de consenso en las políticas esenciales si ERC levanta el veto a los socialistas. Pero Aragonès hizo poco más que agradecerle el tono conciliador, al tiempo que reivindicaba la «libertad» del Parlament para debatir sobre la monarquía, o la sentencia del procés. Debates que han sido sancionados por el Tribunal Constitucional y han colocado al anterior presidente de la cámara, Roger Torrent, al borde de la inhabilitación.

Más allá de debates simbólicos que auguran nuevos choques con los socialistas, el líder republicano, que hoy será investido presidente de la Generalitat con los votos de ERC, JxCat y la CUP, dejó claro que la legislatura tiene para él un objetivo prioritario, el referéndum de independencia. Con el proceso independentista reabierto en Escocia por la victoria de Nicola Sturgeon, los republicanos han puesto sus esperanzas en presionar al Gobierno con los avances que el Scottish National Party (SNP) hacia una nueva consulta independentista.

Portazo a la vía autonomista

Así las cosas, si Pedro Sánchez confiaba en que la victoria de ERC abriera la vía a una mesa de diálogo posibilista, debatiendo sobre mejoras en la financiación autonómica e infraestructuras, Aragonès dejó claro ayer que esa no es su vía.

«La única solución al conflicto de Cataluña con el Estado es la amnistía y el ejercicio de la autodeterminación» insistió una y otra vez el republicano. Aragonès dejó claro ayer que el suyo no será el gobierno del regreso al autonomismo. Los dos años de tregua que el pacto con JxCat concede a la mesa con el Gobierno serán, en el mejor de los casos, un respiro para que el independentismo vuelva a reagrupar sus fuerzas.

Ese es el otro eje fundamental del discurso de Aragonès: la unidad independentista, que reclamó insistentemente. Una petición nada casual, después de haber tardado tres meses en cerrar una coalición de gobierno con sus socios desde hace seis años.

Un Govern que no entusiasma

Aragonès hizo profesión de fe independentista porque es consciente del marcaje al que le someterán sus socios de JxCat. Y el portavoz de JxCat en el Parlament, Albert Batet, no defraudó, dejando claro ya de entrada que su gobierno «no levanta las mismas expectativas» que el de Quim Torra, aunque también reconoció que «esa puede ser su virtud», que vaya «de menos a más».

Batet advirtió a Aragonés que el compromiso de JxCat «es con el 1-O y la declaración de independencia del 27 de octubre» de 2017. Y dejó claro que no confían en los resultados de la mesa de diálogo con el Gobierno, aunque se hayan comprometido a respaldarla durante dos años.

Pero más allá de las promesas, ERC sabe que en un partido tan dividido como lo es ahora JxCat siempre se impondrán las voces más extremas, las que reclamen gestos heroicos desde el primer minuto en favor de la independencia. Un contexto en el que será difícil que los republicanos puedan centrarse en la gestión de la pandemia y las políticas sociales, como confían socialistas y comunes para poder tender puentes de diálogo que rompan la política de bloques.

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