Resulta raro que, de los cinco presidentes regionales del PP que presiden a su vez otros tantos gobiernos autonómicos, tres hayan confirmado ya que no acudirán a la manifestación del próximo domingo y el cuarto –López Miras, de Murcia- aún no se haya pronunciado a las ocho de la tarde de ayer -cuando se escribe este artículo- sobre su presencia en Madrid.

Sólo Feijóo tiene una buena coartada porque viaja a Roma para ser recibido en audiencia por el Papa Francisco. Pero las excusas de Moreno Bonilla, el presidente andaluz, como Fernández Mañueco, el de Castilla y León, son francamente endebles.

La impresión que dan con eso de que “son las fiestas de Salamanca” como si esa ciudad estuviera a miles de kilómetros de Madrid y no se pudiera ir y venir con absoluta comodidad, sobre todo llevando chófer y un buen automóvil como es el caso, y con eso de las “razones personales” esgrimidas por el presidente andaluz, que es lo que se dice cuando no se quiere explicar la verdadera razón, la impresión que dan es la de que tienen miedo de que Vox les haga una envolvente y al final no puedan evitar la foto por la que suspiran el PSOE y sus socios de legislatura.

Eso significa que han asumido en su fuero interno el marco mental dibujado por la izquierda según el cual cualquier proximidad al partido de Santiago Abascal, aunque sea una proximidad meramente física, es prueba de que el Partido Popular se subsume en los planteamientos de Vox que la izquierda tacha desde siempre de ultraderecha.

Cualquier proximidad al partido de Santiago Abascal, aunque sea una proximidad meramente física, es prueba de que el Partido Popular se subsume en los planteamientos de Vox»

En el PP le siguen teniendo miedo a esa asociación y parece que no son capaces de sacudirse internamente ese sambenito con el que cargan a pesar del brutal gesto de distanciamiento político que protagonizó Pablo Casado frente a Santiago Abascal en el transcurso del debate de la moción de censura que Vox planteó en octubre del año pasado.   

Y eso a pesar de que la convocatoria de la manifestación no corre a cargo de Vox sino de una persona tan respetable y tan éticamente impecable como Fernando Savater, entre otros convocantes. Sólo Isabel Díaz Ayuso parece haberse sacudido ese temor al “que dirán en la izquierda” porque ella tiene muy cercana la experiencia de cómo su candidatura electoral fue combatida con el argumento de que había que “parar el fascismo”, se ve que representado por ella misma, con los resultados conocidos.

Los electores han dejado hace tiempo de ser ingenuos y de comprar a ciegas los esquemas de interpretación política que los partidos fabrican en cada ocasión a la medida de sus conveniencias coyunturales.

Y lo que se va a expresar el domingo es el rechazo de una parte muy importante de la sociedad española –una clarísima mayoría según los sondeos de opinión- a la concesión de indultos a unos señores que no han expresado en ningún momento -tampoco Junqueras en su ladina carta, dígase lo que se diga- su determinación de circular de ahora en adelante dentro de los cauces de la Constitución.

Y no se trata de venganzas ni de revanchas sino del cumplimiento de la sentencia del Tribunal Supremo, sentencia que los inminentes indultados han tachado repetidamente de injusta y dictada por un tribunal prevaricador.

La medida de gracia del Gobierno no podrá impedir que la interpretación de ese indulto por parte de los independentistas sea que Pedro Sánchez deja sin efecto esa sentencia por razón de su radical injusticia. Y eso es demoledor para la fortaleza de nuestro Estado de Derecho porque al final lo que quedará en el ánimo del independentismo es que el Poder Ejecutivo se ha enfrentado al Poder Judicial y le ha ganado la partida. Insisto: demoledor.

Al final lo que quedará en el ánimo del independentismo es que el Poder Ejecutivo se ha enfrentado al Poder Judicial y le ha ganado la partida»

En consecuencia, los secesionistas se sentirán más fuertes y retarán al Gobierno para conseguir de él la cesión de un referéndum de autodeterminación pactado, cosa que se procurará envolver en un manto de constitucionalismo si se acuerda buscar la salida a base de rescatar la idea de un nuevo Estatuto -partiendo del aprobado por el Parlament en 2005, que era como la constitución de un estado soberano- y su aprobación en referéndum sólo de los catalanes como manda nuestra Constitución.

Esas reflexiones y muchas más están en la base de las protestas de quienes van a acudir a la manifestación del próximo domingo en la plaza de Colón de Madrid. Y los barones del PP, que por supuesto no están obligados a acudir, deberían a estas alturas haber asumido que la defensa de unos principios básicos en democracia no puede estar condicionada por la utilización interesada que haga de sus movimientos el adversario político.

En definitiva, no pasa nada porque los barones del PP no acudan, pero a sus potenciales votantes les puede parecer una actitud miedosa, síntoma de convicciones débiles y por eso mismo poco aguerrida. Es decir, cobarde. Y eso de que se dejen comer la merienda ideológica por los partidos de la izquierda no es nada bueno para sus pretensiones electorales. Ellos sabrán.