Hace quince años, quince intelectuales catalanes de diversos ámbitos se reunían en el restaurante El Taxidermista de la Plaza Real de Barcelona con un objetivo: impulsar una nueva formación política capaz de oponerse al nacionalismo en Cataluña. Tres lustros después, la formación, Ciudadanos, se enfrenta a sus horas más críticas tras haber tocado el cielo ganando las elecciones catalanas de 2017 y situándose como tercera fuerza en el Congreso en 2019. Y ninguno de los 15 fundadores participará hoy en la celebración del aniversario organizado por el partido.

Una polémica estéril para Jordi Cañas, eurodiputado y miembro de Cs desde su nacimiento, que Cañas sitúa en el acto del CCCB en el que se presentó formalmente el partido, con Albert Rivera como líder.

Ciudadanos nació «como un partido pensado para Cataluña» recuerda Francesc de Carreras, uno de los firmantes del manifiesto inaugural. En 2005 Jordi Pujol había dejado ya la Generalitat, pero el tripartito confirmó que el pospujolismo no significaría el fin del nacionalismo. El PSC forma gobierno con ERC y «esto nos alarma» recuerda Carreras, «porque no hay alternativa al nacionalismo».

La oposición al nacionalismo

De esa alarma surgen dos manifiestos que reclaman la formación de un partido que represente a la Cataluña no nacionalista, porque el PSC no era esa alternativa y «el PP era un partido desprestigiado en Cataluña, ya se había encargado Pujol de decir que estos no son catalanes», recuerda Carreras.

Ahora, señala Cañas, «en Cataluña siguen existiendo los mismos problemas por los que nació Cs, la falta de libertad y un separatismo que controla todos los resortes del poder». Pero advierte que el partido fundado hace 15 años puede apuntarse un tanto: La normalización de un espacio no nacionalista. «La bandera española, el uso del castellano en el Parlament o exigir los derechos de los no nacionalistas, todo eso es gracias a Cs» reivindica.

Carreras coincide. Cataluña «ha cambiado con Cs, la manifestación del 8 de octubre de 2017 no hubiera sido posible» sin la existencia de este partido. El catedrático de Derecho recuerda que el entonces líder del PSC, Miquel Iceta, no asistió a aquella manifestación, a la que sí acudieron Josep Borrell y Salvador Illa, entonces un todavía desconocido secretario de Organización del PSC. Pero las caras más conocidas del socialismo catalán creían que era «una manifestación de fachas».

La naturalización de ese espacio no nacionalista había empezado doce años antes, en el Raval de Barcelona. En pocos meses y contra todo pronóstico, el partido consigue entrar en el Parlament con tres diputados y poco más del 3% de los votos gracias a una rompedora campaña protagonizada por un joven Albert Rivera desnudo ante los electores. «Abrimos un camino» recuerda Carreras. «Los sondeos nos daban cero y conseguimos entrar en el Parlament. Entonces supe que el proyecto tenia futuro».

La consolidación en Cataluña

Aún así, los años siguientes fueron difíciles, recuerda Cañas, con la escisión del grupo en 2009, apenas unos meses antes de las elecciones. «Nos daban por muertos» recuerda el eurodiputado, pero Cs volvió a entrar por la mínima, con grupo nuevo donde solo Rivera repetía. «Demostramos que en Cataluña había catalanes que no se avergonzaban ya de decir que no eran nacionalistas», apunta Carreras.

Dos años después, el partido salta de 3 a 9 diputados en el Parlament. Fue el momento de la consolidación en Cataluña, recuerda Cañas, que compara esa crisis con la actual. «Cs es una historia de éxito y de dificultades que hay que recordar, porque hemos salido de situaciones muy difíciles, en 2010 nos daban por muertos».

Ahora, apunta, «es el momento de consolidar el proyecto en España, como hicimos en 2010 en Cataluña». Para Carreras, la recuperación debe partir de Cataluña, donde «el partido está anclado» y donde tiene su razón de ser fundacional en la batalla contra el nacionalismo. Por ello reclama «un discurso alternativo a esta Cataluña catastrófica que nos esta dejando el nacionalismo».

Un partido necesario

Cañas va más allá y defiende que Cs es un partido «necesario» en España, aunque no ha tenido el efecto catártico conseguido en Cataluña, donde «rompió todos los tabús». En la política española Cs «no cambia nada, pero demuestra que es posible defender una forma moderna de ver España desde la periferia». Fue el gran éxito del salto a la política nacional, no exento de dificultades.

La primera, la competición con UPyD por el mismo espacio -el de un partido liberal que sustituyera a los nacionalistas como socios necesarios-. Una lucha cainita, recuerda Carreras, que finalmente venció Cs. En 2015 el partido liderado por Albert Rivera entra en el Congreso con 40 diputados y se convierte en cuarta fuerza. Y toca el cielo en 2019 con 57 diputados.

Después vendría la repetición electoral, la caída al sexto puesto con diez escaños y la retirada de Rivera y buena parte de su cúpula. Inés Arrimadas busca ahora recuperar el terreno perdido, con una convención que el próximo fin de semana intentará encontrar las herramientas para esa consolidación del proyecto nacional de Cs. «Porque es un partido necesario y porque donde hemos gobernado hemos demostrado que se puede gestionar de forma diferente», defiende Cañas.

Un nuevo momento crítico que el eurodiputado reclama mirar con perspectiva. «En diez años pasamos de estar muertos a ser tercera fuerza, vamos a darnos tiempo». Convencido de que «si superamos esto vamos a tener un proyecto inédito en España».