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Casado defiende la invitación a Sarkozy pese a su condena por corrupción: "Nos ayudó a acabar con ETA"

El Tribunal de París sentenció a un año de prisión al ex presidente galo por financiación ilegal justo 24 horas después de su participación en la convención del PP

El presidente del PP, Pablo Casado (d) y el expresidente de Francia Nicolas Sarkozy (i).

El presidente del PP, Pablo Casado (d) y el expresidente de Francia Nicolas Sarkozy (i). EUROPA PRESS

Sorpresas, halagos, ausencias y algún imprevisto en el camino. La convención del PP encara su recta final y lo hace marcada por una polémica de la que los populares se intentan sacudir: el Tribunal de París condenó ayer a Nicolas Sarkozy a un año de prisión por la financiación ilegal de su campaña presidencial de 2012. La sentencia no le pilló al lado de Pablo Casado por muy poco. 24 horas antes, el ex presidente de la República Francesa paseaba por la capital acompañado del líder del PP. Hacía meses que había sido invitado al cónclave popular no sólo por ser un político de renombre y por el interés que podía despertar en el partido su gestión en Francia, sino también por la «amistad» que une al político galo con Pablo Casado.

Nada parecía poder deslustrar ese empeño porque Nicolas Sarkozy estuviese presente en la mimada convención que el partido lleva preparando desde el pasado mes de febrero. Es cierto que la última sentencia de la justicia parisina se conoció después de que el ex presidente francés hiciese su entrada triunfal en el Auditorio Reina Sofía de Madrid. El problema es que sobre Sarkozy pesaba ya otro fallo por corrupción y tráfico de influencias, por lo que fue condenado a tres años de prisión. Esta última sentencia se confirmó el pasado 1 de marzo, pero el PP no cambió sus planes y mantuvo la invitación al ex mandatario galo, una misiva que, aseguran, se envió antes de que hubiese condena alguna encima de la mesa.

Con todo, fuentes de la dirección del PP defienden que fue una decisión acertada por el hecho de que el propósito de su participación no era otro que el de «escuchar su diagnóstico sobre su gestión al frente de un Gobierno», y ensalzan en particular el análisis que pronunció Sarkozy en Madrid sobre la «unidad nacional» y la «lucha antiterrorista» como prueba de que su presencia no fue una equivocación. Se despegan en todo caso de los «problemas» que pueda tener el ex mandatario galo en Francia, donde cumplirá condena bajo un sistema de vigilancia electrónica.

«Es un grandísimo amigo del partido, y deberíamos estar agradecidos», comparte otro dirigente de la confianza de Casado. «Sí se valoró el riesgo, pero no nos podemos olvidar de que nos ayudó a acabar con ETA y que, además, es muy querido en el PP», sentencia. Ésta fue una cuestión especialmente alabada por Pablo Casado durante el coloquio de la convención en el que participaba Sarkozy.

El presidente del PP dedicó unos minutos a jalear el «ejemplo de gestión» del ex presidente galo y su firmeza frente a la «impunidad» de los etarras en Francia, pero pronunció unas palabras que sólo 24 horas han empezado a pesar. «Queremos tomar los buenos ejemplos de gestión, siempre basados en principios compartidos. Cuando hemos sido fieles a los principios y valores, siempre nos lo han agradecido los ciudadanos», pronunciaba Casado ante Sarkozy.

Pero aunque se quiera taponar la polémica, diferentes cargos del PP reconocen que la ratificación de la segunda sentencia por corrupción contra el político galo justo un día después de su visita a Madrid «no viene bien» a un partido que sigue lamiéndose las heridas de la corrupción de épocas anteriores y que «opaca» por tanto los esfuerzos de Pablo Casado por despegar su equipo y su gestión de actividades irregulares. La convención debía servir también para insistir en esa idea de ‘regeneración’ política, y con la invitación de Sarkozy se incurría en un «riesgo» más asumible para unos que para otros.

No se han medido los riesgos, y ahora se nos deshace un poco la convención

«Invitarle fue un error como un castillo», zanja un dirigente del PP con asiento en el Senado. «No se han medido los riesgos y ahora se nos deshace un poco la convención», zanja otro alto cargo autonómico. En algunos cuadros del partido, la decisión provocó recelos por la condena que ya arrastraba Sarkozy. Muchos no lo entendieron. Pero cuando se ha confirmado la segunda sentencia por corrupción, la desconfianza ha tornado en malestar. En el partido, en todo caso, confían en que sea una polémica pasajera que les permita cerrar el fin de semana por todo lo alto. E incluso los críticos cierran ya filas con Casado. «Su honradez está a prueba de bomba, y todo el mundo lo sabe», sentencian.

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