España

Los empresarios transmiten su "malestar" por la crisis del PP y piden a Casado que le ponga fin

Agentes económicos y sociales se unen al clamor interno del PP y exigen al jefe de la oposición que resuelva sus diferencias con Isabel Díaz Ayuso "antes de que sea demasiado tarde"

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado.

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado. EP

La solución al conflicto que enfrenta a la dirección nacional del PP con Isabel Díaz Ayuso sigue sin llegar. La batalla por el control de la estructura orgánica del partido en Madrid comenzó hace casi tres meses, y ya pasa factura a un PP en el que no son pocas las voces que, tanto en público como en privado, reclaman a Pablo Casado que dé un golpe encima de la mesa y acabe de una vez por todas con un enfrentamiento que comienza ya a pasarle factura en las encuestas. Ese desgaste lo perciben desde dirigentes de la actual cúpula directiva hasta barones autonómicos, pasando por figuras como el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, que en declaraciones a El Mundo exigió la semana pasada al líder del PP que zanjase la crisis «cuanto antes».

Pero no son los únicos. Ese «malestar», como pronuncian sus protagonistas, llega también a Génova de parte de agentes económicos que aseguran no entender el por qué de un conflicto que amenaza con lastrar la alternativa política en la que Pablo Casado lleva trabajando desde que se hizo con las riendas del partido en 2018. Las conversaciones en algunos de los círculos empresariales más influyentes del país se han intensificado en las últimas semanas, hasta el punto de que en la dirección nacional han llegado «toques de atención» por parte importantes cargos de la cúpula empresarial nacional, desde personalidades del Ibex hasta agentes sociales. El mensaje es casi unánime: «Casado está perdiendo una muy buena oportunidad para plantar cara a un Sánchez francamente débil y cuesta abajo en las encuestas por una distracción inútil», comentan.

Es una distracción innecesaria. Es lógico que el PP será más fuerte si tiene a Isabel Díaz Ayuso como aliada

El ruido es tal que las fuentes consultadas aseguran haber transmitido al jefe de la oposición en llamadas y conversaciones informales el «desconcierto» en torno a una cuestión que, a su juicio, tiene fácil solución: «Salir de la mano de Ayuso y decir que es la mejor presidenta para el PP de Madrid y que juntos hay que echar a Sánchez». Se trata de un diagnóstico que coincide con el que realizan diferentes dirigentes del PP, que exigen a Pablo Casado corregir el rumbo y pacificar «ya» la situación con Isabel Díaz Ayuso, entre otras cosas porque la crisis entre Génova y Sol, al menos de momento, pasa factura «exclusivamente» a la dirección nacional. «Es una distracción innecesaria. Es lógico que el PP será más fuerte si tiene a Isabel Díaz Ayuso como aliada. No se puede perder el tiempo en estas cosas», sostiene un importante actor económico con vínculos con el principal partido de la oposición.

El hartazgo de parte de la clase empresarial con la gestión de Pedro Sánchez, acrecentado por la ingente crisis energética y «la deriva tremendamente absurda» de la política económica del Ejecutivo de coalición, ha precipitado un cierre de filas con Pablo Casado de algunos de los actores económicos más importantes del país. Al actual jefe de la oposición confían la construcción de una alternativa política en España que saque a PSOE y Podemos de la Moncloa a los que se acusa de ejecutar una política económica que entienden contraria a sus intereses. Por eso la preocupación interna se ha convertido en un clamor que crece mientras el conflicto interno en el PP se recrudece. «Debe resolver ya este problema», insisten.

Hace un mes, y cuando la guerra interna con Ayuso ya dejaba importantes y cuantiosos titulares, Pablo Casado y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, enterraron el hacha de guerra que se desató a cuenta de un criterio opuesto respecto a la concesión de los indultos del procés para cargar mano a mano contra la reforma de las pensiones y otros proyectos enmarcados por Sánchez dentro del diálogo social que, según el líder de la patronal, no son más que «propaganda tóxica» del Gobierno de coalición. «El presidente del PP cuenta con nuestra colaboración. Tenemos una actitud y una línea de confianza muy importante», ahondaba.

Pero no sólo ha mejorado la interlocución con Antonio Garamendi. Los encuentros entre Pablo Casado y representantes de la cúpula empresarial nacional han ido en aumento en las últimas semanas. Hace poco, el jefe de la oposición mantuvo una reunión con el sector energético para hacerse cargo de las reivindicaciones de los empresarios contra el Gobierno por el ‘hachazo’ a las eléctricas aprobado recientemente en el Congreso de los Diputados para tratar de abaratar la factura de la luz. En la cita con el jefe de la oposición estuvieron, entre otros, altos cargos de compañías como Repsol, Endesa, Enagás, Naturgy e Iberdrola, entre los que también cunde cierta preocupación por la «deriva» del PP en la crisis con Ayuso.

Además, la pasada semana, y en mitad de la ‘guerra’ de agendas con la presidenta de la Comunidad de Madrid -ambos líderes evitaron coincidir en una misma foto el sábado con motivo de la manifestación contra la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana-, Pablo Casado acudió como invitado a una conferencia organizada por Nueva Economía Fórum junto al presidente de Cepyme, Gerardo Cuerva, una organización que también se ha levantado contra la «extrema postura» del Gobierno de Sánchez sobre la reforma laboral. El apoyo al jefe de la oposición es tácito, pero «no servirá de nada el esfuerzo si el PP no cierra heridas», insisten las fuentes consultadas.

Pero la «excelente» relación con la cúpula empresarial no es un atributo exclusivo de Pablo Casado. También Isabel Díaz Ayuso, que recientemente ha recibido reconocimientos por su gestión del Covid-19 en materia económica, mantiene un contacto fluido con importantes actores económicos nacionales en su papel como presidenta de la Comunidad de Madrid, lo que lleva a los empresarios a no tomar partido por uno u otro dirigente en la batalla interna, sino a instarles a que resuelvan sus diferencias «antes de que sea demasiado tarde».

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