«Parece usted Papa Noel. Ha reunido en la misma sala a toda la familia». Las palabras del periodista Carlos Herrera, que ha ejercido de anfitrión para la presentación del nuevo libro de Mariano Rajoy, no podían ser más acertadas. La presentación de Política para adultos ha precipitado el primer reencuentro público entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso tras más de cuarenta días sin verse. La encarnizada batalla interna por el control del PP de Madrid que enfrenta a la dirigente madrileña con la dirección de Génova ha provocado que ambos se hayan evitado durante semanas hasta este miércoles.

La foto entre ambos líderes era la más buscada, pero se hizo de rogar. El primero en llegar al Casino de Madrid fue el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, el ‘tercero en discordia’ en la guerra interna que sacude al PP desde hace meses. De hecho, es él el que se puede enfrentar a Díaz Ayuso en unas primarias por el control del PP de Madrid si no hay acuerdo antes. Pero la tensión entre ambos, según insisten en ambos equipos, es inexistente. Y como amigos, el alcalde y la presidenta madrileña se han saludado cordialmente antes de la llegada de Pablo Casado.

El líder del PP llegaba pocos minutos después, pero no se encontró directamente con Ayuso, sino con el anfitrión y protagonista, Mariano Rajoy. Tras mantener una breve conversación, llegó la esperada ‘foto de familia’ que, finalmente, no fue una ‘foto a tres’ -o ‘a cuatro’ con la presencia obligada del ex presidente del Gobierno-, sino a seis. A Casado, Rajoy, Ayuso y Almeida le han acompañado el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco; y el presentador del evento, Carlos Herrera.

Mientras seguían los posados oficiales, Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso se han apartado de los focos y han conversado unos minutos, rodeados de una maraña de cámaras y periodistas. A pocos pasos, pero sin entrar en la conversación, se encontraba José Luis Martínez-Almeida. La foto llegó y la buscada tregua, aunque aparente, se produjo. No obstante, la tensión ha sido la principal característica del primer encuentro público entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, en el que incluso se ha producido un amago de ‘cobra’ por parte de la dirigente madrileña, que ha evitado situarse al lado del líder del PP cuando Rajoy le ha cedido el sitio. Fuentes del equipo de Ayuso puntualizan que «no es cierto» que ella no quisiese salir en la foto junto a Casado, sino que obedecía a órdenes protocolarias.

Dentro del evidente choque de trenes en el PP y del frío reencuentro entre Casado y Ayuso, Almeida ha querido ejercer el papel de conciliador, en parte para evitar que la guerra interna termine por desangrar al partido. «Aquí está la prueba de que no hay problema en que se vean ni en que coincidan», afirmaba el también portavoz nacional del partido a su llegada al Casino de Madrid, momento en que ha defendido que el presidente del PP y la dirigente madrileña tienen agendas «complicadas», pero no «incompatibles».

La foto se había escapado en otros muchos actos estas últimas semanas, como el congreso del partido en Castilla-La Mancha y Andalucía, o la manifestación contra la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana del pasado sábado. Ayuso acudió al inicio de la marcha, y posteriormente siguió con su agenda, mientras Casado acudió al final de la reivindicación tras participar en un acto del partido en León. El último acto en el que ambos líderes coincidieron fue el pasado 19 de octubre en Madrid, durante la inauguración del IE Tower.

La dirección nacional y la regional han decretado un espeso silencio sobre la guerra soterrada que se sigue librando en el seno del PP. A la batalla por los tiempos -Ayuso quiere que el congreso del PP de Madrid se celebre antes del mes de marzo, mientras que la dirección apuesta porque el mencionado cónclave se deje para el final- le sigue la guerra por el liderazgo. La presidenta de la Comunidad de Madrid quiere liderar el partido en Madrid, una «aspiración legítima» tras arrasar el 4-M. Pero Génova parece no estar dispuesta a ceder todo el poder territorial a la presidenta madrileña y perder la influencia en la organización más importante del partido.