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José Luis Moreno, San Francisco de Asís y el coro al que despidió tras un brote de covid

Cantantes líricos denuncian al productor por incumplimiento de contrato: aseguran que les rescindió los contratos en periodo de prueba para no pagarles indemnización tras varios contagios | Grababan la banda sonora de la serie sobre el religioso

El empresario y productor José Luis Moreno, el día que quedó en libertad tras declarar en la Audiencia Nacional.

El empresario y productor José Luis Moreno, el día que quedó en libertad tras declarar en la Audiencia Nacional. EP

Justo después del confinamiento, José Luis Moreno contrató a 40 cantantes líricos y a 40 componentes de una orquesta para grabar la banda sonora de la serie de televisión que dirigía sobre la vida de San Francisco de Asís (Glow and darkness), el último gran proyecto del productor. «A los dos meses, para evitar tener que comunicar un brote de covid, utilizó el periodo de prueba en el que nos encontrábamos para echar a toda la plantilla sin ningún tipo de indemnización», explica uno de los afectados.

La serie nunca llegó a estrenarse y aquel despido se dilucida en el Juzgado de lo Social 3 de Móstoles (Madrid), que debe decidir si es nulo y los 15 denunciantes tienen derecho a percibir los salarios de tramitación de los diez meses de contrato -habían firmado un año- que no cobraron (unos 15.000 euros por persona, unos 225.000 euros en total). El juicio estaba señalado para este miércoles, pero el testigo que ellos habían propuesto está contagiado por covid-19 y se ha aplazado al 16 de marzo.

Se trata de uno de los frentes judiciales que tiene abierto Moreno, imputado por el Juzgado Central 2 de la Audiencia Nacional en el caso Titella como posible autor de delitos de estafa, blanqueo de capitales y organización criminal. Precisamente una de las líneas que se investigan en este procedimiento es si estafó 31 millones de euros al empresario argentino Alejandro Roemmers, su socio en la serie sobre la vida del fundador de la orden franciscana.

En septiembre de 2018, Moreno y Roemmers estrenaron en el Palacio Euskalduna de Bilbao el musical Franciscus. Una razón para vivir, representado en 2016 en el Teatro Broadway de Buenos Aires con 55 actores sobre el escenario, 600 cambios de vestuario, 12 músicos en vivo… «El musical más grande de la historia», llegó a declarar el ventrílocuo madrileño en la capital vizcaína el día que presentó el espectáculo, con el actor Pablo Puyol encabezando un elenco artístico en el que también figuraba el ya fallecido Álex Casademunt. La producción correspondía a Youmore TV SL -administrada por Martin Czehmester, ex novio de Moreno- y estuvo cuatro días en cartel.

Meses después, los cantantes que habían actuado en Bilbao recibieron una llamada citándoles a una audición en casa de José Luis Moreno. Éste y Alejandro Roemmers querían grabar una serie televisiva sobre el religioso italiano y, para la banda sonora, necesitaba unos 40 cantantes para el coro y otras 40 personas para la orquesta. A los que pasaron la prueba se les ofreció un contrato de un año de duración con cláusula de exclusividad. «Recuerdo que fue recién terminada la cuarentena porque todavía era muy raro salir a la calle», detalla a este diario uno de los tenores, que pide anonimato.

«Nos hacía cantar sin mascarilla»

Durante siete horas al día de lunes a jueves, los cantantes ensayaban en las instalaciones que Moreno tiene en la localidad de Moraleja de Enmedio -al Sur de Madrid- y los viernes grababan con la orquesta. «Cuando él venía a vernos trabajar o traía de invitado a algún invitado nos hacía cantar sin mascarilla», asegura uno de los denunciantes, que asegura que el espacio de trabajo «no cumplía las medidas anti-covid».

En septiembre de 2020 les rescindieron los contratos. Al exigírsele exclusividad, algunos habían renunciado en su momento a otros trabajos -como actuaciones en teatros líricos o la impartición de clases en escuelas de música- pensando que la propuesta de Moreno les garantizaba una cierta estabilidad salarial. «Además, se nos explicó con detenimiento que, en caso de covid, nos harían un ERTE [Expediente de Regulación Temporal de Empleo], lo que nos daba tranquilidad», añade.

La aventura duró menos de lo esperado. «Hubo un brote de coronavirus de más de 15 personas y, para ocultarlo, nos mandaron a casa. Finalmente nos enviaron una carta en la que nos decían que, debido a la situación, iban a utilizar el periodo de prueba para despedirnos sin derecho de indemnización pero que el señor Moreno estaba muy contento y volvería a contar con nosotros cuando se pudiera retomar el proyecto», explica uno de los denunciantes, que asegura hablar por boca del resto. Y añade: «De hecho, nos ofreció con posterioridad una grabación más, pagada como un bolo suelto en vez de un contrato real y que evidentemente no aceptamos, así que al final no se hizo».

Los denunciantes fueron contratados para la serie que rodaba Moreno sobre el santo con el dinero de su socio argentino, que le acusa de estafarle 31 millones

De los 80 contratados, sólo 15 han llevado a los tribunales al productor para que se declaren nulos los despidos y les abonen las cantidades que debieron cobrar por su trabajo. Si no hay más contratiempo, el juicio se celebrará a mediados de marzo después de que se haya pospuesto tres veces. En este tiempo ha estallado el caso Titella, en el que se investiga a Moreno como presunto líder de una organización criminal que habría estafado más de 50 millones de euros a través de un entramado empresarial de más de 700 sociedades.

Una de las supuestas víctimas es su antiguo socio Alejandro Roemmers, al que habría estafado «con facturas falsas» más de 31 millones de euros que el empresario argentino le habría transferido para financiar la serie Glow and darkness (‘Resplandor y tinieblas’) y quien se ha personado en la causa como perjudicado. José Luis Moreno niega la imputación que le hace el juez de la Audiencia Nacional y asegura que ha rodado 2.000 minutos -de los que 1.500 al menos son «útiles», precisa- y que todos los gastos están justificados.

El productor español mantiene que la serie se encuentra «radicalmente avanzada» y que tan solo falta la inclusión de flashbacks y efectos especiales, enviando al juzgado el pasado mes de agosto una copia íntegra en un intento de desacreditar la acusación. Moreno sostiene que se ha peritado el trabajo ya realizado y que su valor alcanza los 225 millones de euros, siete veces más de la cantidad aportada por Roemmers.

«Tomadura de pelo»

Mientras avanza la instrucción que dirige el juez Ismael Moreno, 15 cantantes líricos intentan que un juzgado de lo Social de Móstoles reconozca el incumplimiento del contrato y condene al célebre ventrílocuo a abonarles el montante equivalente a diez meses de trabajo. El intento de la empresa por zanjar el pleito en víspera del juicio que se iba a celebrar este miércoles -después de varios aplazamientos por cambio del abogado que representa al productor- fue una «tomadura de pelo», en palabras del denunciante con el que ha hablado este periódico: «Nos ofrecía 3.000 euros al mes a dividir entre los 15, lo que supondría unos 200 euros mensuales para cada uno durante cinco años. Es ridículo».

Este tenor rechazó participar en una ópera anunciada en un teatro de primer nivel del país como refuerzo del coro y a impartir clases como profesor de canto en una escuela pensando que el proyecto televisivo de Moreno le garantizaría ingresos durante una temporada. «Has hecho una prueba en casa de este señor, era una cosa serie, tienes un contrato de un año… Nos comprometimos a un trabajo que no existía, que era un fraude en realidad», apostilla.

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