España

Yolanda Díaz, de la gloria a edificar su futura candidatura sobre una reforma herida

La vicepresidenta segunda tendrá que llevar con mucha habilidad la relación con Unidas Podemos, con el sector socialista del Gobierno y con los socios parlamentarios, hoy muy fracturada

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz a su llegada al pleno que convalidaba al reforma laboral

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz a su llegada al pleno que convalidaba al reforma laboral EP

La votación iba cogida con alfileres pero la reforma laboral salía adelante. 176 votos a favor y 173 en contra. Esas eran las cuentas. Y el jefe del
Ejecutivo la invitó a entrar juntos en el plenario. Fue una instantánea
buscada. La imagen de unidad del Gobierno representada por Pedro
Sánchez y Yolanda Díaz después de muchas dificultades y de un
divorcio con el bloque de investidura. Luego vino el caos, el descrédito,
el desconcierto, en definitiva, un espectáculo poco edificante con
acusaciones cruzadas de “pucherazo” y de “tamayazo” para un capítulo del que todavía no se ha escrito el punto final si prosperan los recursos ante el Constitucional.

Sobre estos rescoldos la gallega debe empezar a edificar su futura
candidatura a la presidencia del Gobierno y sobreponerse a una
reforma que tiene el triste honor de haber salido adelante por el fallo
(pe rsonal o técnico) de un diputado del PP tras la deserción de dos
parlamentarios de UPN que incumplieron su palabra
y no tuvieron la valentía de subir a la tribuna de la Cámara a explicar los motivos de esa abjuración.

“Ahora sí. Diez años después, nuestro país dice hoy adiós a la nefasta
reforma laboral del PP. Nos alejamos de la precariedad y la
temporalidad para construir relaciones laborales en igualdad y con más
derechos. ¡Gracias a todas las personas que lo habéis hecho posible”,
escribió Díaz en su cuenta de Twitter tras la votación a sabiendas de que la pelota podría haber caído del otro lado de la red.

A partir del día 13-F la vicepresidenta arrancará lo que ha llamado su proceso de “escucha”

A partir del día 13, fecha de las elecciones autonómicas en Castilla y León, la vicepresidenta arrancará lo que ha llamado su proceso de“ escucha”, esto es, una campaña en la que tiene previsto recorrer buena parte del país reuniéndose con todo tipo de colectivos para recabar sus problemas e inquietudes. Y la reforma laboral, que ella misma ha calificado “la más importante de los últimos 40 años”, constituye la clave de bóveda de su presentación ante el mundo.

Si el decreto hubiera sido rechazado, se habría visto obligada a un
replanteamiento total de su estrategia, incluso sometida al
cuestionamiento interno de su futura candidatura por parte de no pocos
miembros de Unidas Podemos, los mismos que miran con un
indisimulado disgusto su declarada intención de convertir a los morados en actores secundarios de su plataforma electoral.

A nadie se le escapó que en el día grande de la vicepresidenta, sus
compañeras de Gobierno y de escaño, las titulares de Derechos
Sociales y de Igualdad, Ione Belarra e Irene Montero, respectivamente,
hubieran contraprogramado el debate con un acto de familias. Así,
mientras Díaz replicaba a la portavoz popular, Cuca Gamarra, las ministras de Podemos presentaban una medida de importante calado social como es la posibilidad de que los trabajadores puedan disponer de siete días al año remunerados para atender las necesidades de salud de sus convivientes.

Muchos diputados de Unidas Podemos torcieron el gesto ante el agradecimiento a Ciudadanos

Además, a muchos diputados de esta formación no le gustaron los
agradecimientos que durante su intervención hizo la vicepresidenta a las fuerzas políticas que votaron la reforma, con Ciudadanos en primer lugar. Algunos torcieron el gesto desde sus escaños. Los naranjas son para Unidas Podemos la criptonita del voto de la izquierda. Pero a Díaz no se le puede negar en ningún caso que no haya intentado hasta el final atraerse a los socios de investidura en una negociación en la que tenía una mano atada a la espalda desde el momento en que no se podía cambiar ningún aspecto del texto de la reforma laboral.

Lo llamativo de esa agónica negociación es cómo ha desgastado las relaciones políticas y personales entre Díaz y el portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufián, hasta el punto de negarse éste a acudir a una reunión en el Ministerio del Trabajo la tarde del miércoles, tal y como revelaba El Independiente este jueves. Un plantón en toda regla que los independentistas justifican en que, primero, se les garantizó que estaría el PSOE, lo que no era cierto, según su versión, y, segundo, no se ponía sobre la mesa ninguna propuesta nueva. Ya de paso le acusan de «falta de humildad».

Hay cierta «resaca», admiten en su entorno respecto al estado de las relaciones con los independentistas republicanos. Ella, de momento, se ha tomado un breve descanso, habida cuenta, además, de que no ha terminado de recuperarse totalmente de las secuelas de su reciente positivo en Covid. El pasado viernes no tenía nada previsto en agenda. Tampoco era una jornada para sacar pecho por una votación sacada por la mínima y con polémica.

Nadie duda en Unidas Podemos y en su entorno que habrá que retomar la interlocución con ERC y con Bildu. Les esperan en el Parlamento la Ley de Vivienda, la ley de Memoria Democrática y la reforma de la llamada Ley Mordaza, entre otras, y por mucho que se empeñen los partidarios de la «geometría variable» no van a poder contar con el apoyo de Ciudadanos para sacarlas adelante. Otra cosa es que puedan recuperar con ERC el mismo nivel de confianza que antaño.

Como Anguita, es de las líderes mejor valoradas

Este era el año de su lanzamiento como líder política y no sólo como
jefa de delegación de un sector del Ejecutivo pleno de tensiones y de
susceptibilidades. Díaz va a tener que llevar con mucha habilidad la relación con Unidas Podemos, con el sector socialista del Gobierno y con los socios parlamentarios y no parece que muchos estén dispuestos a ponerle las cosas fáciles sobre todo cuando se compite por la misma base electoral y comienza a ser vista como una adversaria.

Uno de sus antiguos jefes de filas, Julio Anguita, que fuera secretario general del PCE y coordinador general de Izquierda Unida, acuñó aquella expresión de «quererme un poco menos y votarme un poco más» cada vez que los sondeos del CIS le daban la mejor nota en valoración, lo que luego no se traducía en votos. Díaz también sale muy bien parada en los rankings de los barómetros de José Félix Tezanos, pero lo ocurrido el jueves es una inmersión total y absoluta en la política real. Bienvenida.

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