España

La campaña en un pueblo de 30 habitantes: "Aquí está llegando la nada y es una tragedia"

Victoria Díaz, número dos por la España Vaciada en Palencia, se estrena en política protagonizando una campaña atípica y modesta. "Hemos contado con 600 euros de presupuesto. Unos 800 carteles y varias cuñas de radio", relata

Victoria Díaz, número dos de España Vaciada Palencia Cuenta. E.I.

Se llama Victoria y presume de optimismo. Es “número dos” de una de las candidaturas más modestas, la que presenta la España Vaciada por Palencia. Y es tan nueva en estas lides que acaba de firmar la primera campaña electoral de su vida. “Yo nunca había estado en una campaña ni en una pegada de carteles. Políticamente he salido del armario hace nada”, explica Victoria Díaz en un pequeño receso de su periplo por los pueblos de la provincia.

Sus últimas semanas -en las que se ha pateado las comarcas del norte de Palencia, la periferia de la periferia- son su enésima reinvención. Díaz, de 44 años, nació y creció en el barrio madrileño de La Elipa. “Yo no tenía ninguna vinculación con esta provincia. Mi madre es de un pueblecito de Burgos; mi padre, de Extremadura”, admite. El amor la llevó hasta el interior de Castilla y León. “Conocí a Sergio, mi pareja, y lo dejé todo para venirme aquí”, recuerda.

De aquel arrebato han transcurrido ya 17 años y Díaz, que trabajó en la banca durante una década, se ha convertido ahora en portavoz de una España que se desangra, un paciente en eternos cuidados paliativos al que la ciudad ha dado la espalda. “En La Historia Interminable se habla de la nada, de esa angustia cuando la nada lo ocupa todo y lo que había antes se esfuma. Aquí está llegando la nada y hay pueblos que están desapareciendo. Es una auténtica tragedia”, denuncia.

Victoria posa con otros integrantes de la candidatura de la España Vaciada en Palencia. E.I.

Su pueblo adoptivo, en el que nacieron sus dos hijos, es San Quirce de Riopisuerga, un municipio reducido desde la década de 1970 a pedanía que -cuentan las crónicas de otra época- encandilaba al rey Alfonso XIII cuando viajaba en ferrocarril con destino a Santander, su refugio estival. Antes de perder la condición de municipio, contaba con más de 400 pobladores. “Hoy es un pueblo de 30 vecinos escasos. No tiene teleclub y es una pena porque los teleclub dan vida a los pueblos”, se queja Díaz. “En el edificio de mis padres en Madrid vive más gente”.

Hijos de la despoblación

“Hay tres niños, mis dos hijos, y el primo Dani que es el hijo de una prima. De aquí a unos meses habrá otro niño de unos vecinos que han venido hace poco”, detalla. Para contar a los vecinos más jóvenes, solo se necesita una mano. Y sobran dedos. Son los hijos de una despoblación contra la que se rebela la España Vaciada, la marca nacida al calor del éxito de Teruel Existe que es, junto a la pujanza de Vox, una de las incógnitas de los comicios de este domingo. La plataforma se presenta por Burgos, Palencia, Soria, Salamanca y Valladolid.

Los políticos no nos hacen ni caso. Antes nosotros, los de los pueblos, les votábamos a ellos. Ahora somos nosotros los que pedimos el voto

VICTORIA DÍAZ

Unas candidaturas forjadas a contrarreloj que buscan el voto del descontento rural. “Los políticos no nos hacen ni caso. Por eso pensamos: ‘A lo mejor hay que ir allí y hablar con ellos el mismo idioma’. Antes nosotros, los de los pueblos, les votábamos a ellos. Ahora somos nosotros los que pedimos el voto. Debemos llevar nuestra voz adonde no nos hacen ni caso”, argumenta Díaz, enrolada en la arena política.

Hasta enero, Díaz se dedicaba a cumplir uno de sus sueños: ser fotógrafa. “En 2019 me acogí a un ERE en la sucursal bancaria en la que trabajaba. La fotografía era mi sueño desde pequeña y monté un estudio de fotografía. Estoy contenta. Consigo pagar las facturas”, desliza. “Cuando llegué al pueblo la gente me preguntaba qué haría para ganarme la vida. Nunca me ha faltado el trabajo”, replica. “Estoy haciendo bodas, bautizos y comuniones. Realizo mucho reportaje familiar y fotografía de producto, desde una panadería hasta una casa rural”.

Hemos contado con 600 euros de presupuesto. Hemos impreso unos 800 carteles y varias cuñas de radio. No da para más


Una pasión infantil que alterna con su salto a la política, bajo unas siglas que buscan hueco entre los partidos tradicionales en una provincia que ha perdido el 10 por ciento de su población en las últimas dos décadas. Una merma acentuada en aquellas comarcas más distantes de la capital. “La nuestra ha sido una campaña de tú a tú. Hemos contado con 600 euros de presupuesto. Hemos impreso unos 800 carteles y varias cuñas de radio. No da para más”, advierte Díaz.

Acto de campaña de la España Vaciada en Palencia. E.I.

Carretera y manta

Unos carteles. El coche. Y carretera y manta. “La gasolina y las comidas corren por nuestra cuenta”, reconoce la candidata. “No hemos hecho grandes mítines porque no va con nosotros. Vamos a poner carteles a los pueblos y hablamos con quien nos encontramos en el camino”, indica. “Todo el mundo nos pregunta con quién vamos a pactar, antes incluso de interrogarnos por el programa electoral”, señala. “Primero tendremos que entrar. La cosa no es fácil. Aquí la gente tiene la costumbre de votar a determinados partidos”.

Tomás Guitarte, diputado de Teruel Existe, en el Congreso de los Diputados.

Bajo la sombra de Teruel Existe

La campaña de la España Vaciada se ha desarrollado bajo el dictado de Teruel Existe, la plataforma que se abrió paso con éxito hasta el Congreso en 2019. Desde entonces, el diputado Tomás Guitarte ha empleado su escaño para arrancar inversiones y proyectos para la provincia aragonesa. «Estamos abiertos a hablar con todos», declaró Guitarte el viernes, en el último acto de una campaña en la que ha sido la estrella. «Para pactar habrá que hablar de medidas concretas y de compromisos reales porque la credibilidad que aporta la España Vaciada es que defiende el reequilibrio territorial y la lucha contra la despoblación, no solo desde un asunción teórica», arguyó.

Las franquicias de la España Vaciada con más posibilidades de irrumpir en el parlamento autonómico son Soria ¡Ya!, una plataforma ciudadana alumbrada hace dos décadas contra la despoblación, y Vía Burgalesa. El movimiento en Palencia no aparece en los sondeos, pero fuentes de la candidatura se muestran confiados en la progresión experimentada en la campaña. “Es que las encuestas no hablan de nosotros. Y la gente está muy cansada y muy harta. De hecho, no necesitamos hacer mítines. Lo que decimos nosotros es de lo que la gente se queja desde hace años. Son ellos los que nos cuentan las cosas y nosotros los que acabamos asustados”.

De las razones que la condujeron hasta las urnas, Díaz enumera: “Que no tenga que recorrer 180 kilómetros para hacer una consulta simple al pediatra de mis hijos; o que se les ayude a los profesores para llegar hasta aquí. Hay que mejorar los recursos de las escuelas. Nuestros niños son de segunda respecto a otras zonas”. A la sanidad y la educación se le suman otras reivindicaciones, desde la velocidad de internet hasta el fenómeno de las macrogranjas. “Quieren poner una a un kilómetro y hasta 14 en 20 kilómetros a la redonda, con más de 120.000 cerdos cada unos pocos meses”.

“Nos hemos cansado de hacer alegaciones, hasta 10.000, contra estas instalaciones y de hablar con políticos mostrándoles que se trata de un proyecto inviable por la contaminación que genera. Y no nos hacen ni caso”, lamenta. La indiferencia de los partidos tradicionales acabó marcando la apuesta por su irrupción en las Cortes de Castilla y León. “Hay gente de las ciudades que se vendrían a los pueblos si tuviéramos un internet decente, buenas carreteras y el acceso cercano al hospital. En la provincia de Palencia ya ni siquiera tenemos bomberos. Estamos en manos de psicópatas”.

Cartel de la España Vaciada en una localidad de Palencia. E.I.

Un futuro diferente

Contra quienes “están tomando decisiones que afectan a la vida de muchas personas y las adoptan basadas en costes”, Díaz propone una tercera vía, la que ofrece la España Vaciada en su primera cita electoral tras tomar las calles y trasladar su denuncia a las de Madrid. “Tengo dos hijos, de 5 y 8 años. Yo quiero que, cuando dentro de unos años tengan que irse a estudiar, puedan regresar. Quizás no quieren, pero que tengan la libertad de hacer lo que quieran”, esboza. En las últimas semanas se ha reunido con todos los sectores, desde empresarios a fuerzas de seguridad. «También con las mujeres rurales, las eternas olvidadas. Hay muchas mujeres rurales, también en el sector servicios, pero nadie piensa en ellas».

Tengo esperanza y soy optimista. Después de tanto esfuerzo, tenemos que conseguir procurador

El San Quirce que resiste, el que mantiene un exiguo censo, está constituido por unas cuantas casas que siguen abiertas. Hogares que, en mitad de la oscuridad circundante, prenden las luces cuando cae la noche. Las viviendas se hallan diseminadas por una geografía de nidos vacíos, huellas de otro pueblo que ya no existe. Los estíos aplican cierto renacimiento a un mapa que Díaz celebra a razón de vehículos de dos ruedas. “En las vacaciones de verano conté 18 bicicletas. Son 15 niños más que vienen a veranear, entre 5 y 16 años. Para mí es algo maravilloso”, murmura. «Tengo esperanza y soy optimista. Después de tanto esfuerzo, tenemos que conseguir procurador. La voz de los que estamos aquí se tiene que escuchar».

En su primera experiencia política –“nunca antes había hablado de política en público”, alega-, Díaz reivindica las raíces que echó en el norte de Castilla. “El mío es un pueblo maravilloso porque desde mi casa se ve toda la montaña palentina. Todas las mañanas observo los corzos desde mi ventana. Cuando mis vecinos hacen matanza y echan los restos del cerdo vienen los buitres. Es un sitio donde no resulta fácil vivir cuando vienes con otras expectativas, pero ahora no lo cambio por nada en el mundo. La carretera acaba aquí y somos el kilómetro cero. Para mí, es mi lugar en el mundo. No concibo vivir en otro sitio”.

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