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Los sindicatos policiales señalan la crisis de autoridad: "Barcelona es irrespirable en materia de seguridad"

Operarios municipales limpian los desperfectos causados por los altercados en las Fiestas de la Mercé, Europapress

«No tenemos medios humanos y materiales, ni instrucciones claras ni principio de autoridad» y así Barcelona se ha convertido en una ciudad «irrespirable en materia de seguridad». La conclusión es de Eugenio Zambrano, portavoz de CSIF en la guardia Urbana de Barcelona. Pero es extensible otros portavoces policiales. «Tenemos una policía desorientada, falta de apoyo institucional claro y contundente que ha perdido el principio de autoridad».

Todos apuntan en primer lugar a un dispositivo de seguridad mal dimensionado para explicar los incidentes vividos la noche del sábado en la Plaza España de Barcelona, donde un joven de 25 años perdió la vida apuñalado y se registraron medio centenar de heridos y una veintena de detenciones. Pero añaden que el problema tiene raíces más profundas, que se hunde en la falta de un modelo claro de seguridad en la capital catalana y apunta a la gestión de Ada Colau y el PSC.

Desde SIP-Fepol abundan en la crisis de seguridad en Barcelona, que definen como la ciudad «más insegura de España» y señalan también al gobierno municipal. «No asume la responsabilidad sobre la inseguridad ni de suministrar el material necesario para los agentes» de la policía municipal, denuncian.

Falta de autoridad

Zambrano señala que el gobierno municipal de Colau «no quiere quedar mal con sus electores a seis meses de las elecciones» con imágenes de intervenciones policiales. Y lamenta que se permitiera un macro-botellón que se podría haber evitado con controles en los accesos a los conciertos. «Máxime viniendo de los incidentes del año pasado» advierte, y la constatación de convocatorias en redes sociales para acudir al botellón en el entorno de Plaza España.

«¿Qué falló el sábado? probablemente todo y más sabiendo lo que había pasado el año anterior» apunta el portavoz del sindicato de mossos Uspac, Albert Palacio. Desde Uspac insisten en que «faltan mossos» y, sobre todo, «faltan mossos en la calle». Tras las ampliaciones de plantilla del último año el cuerpo ha recuperado las cifras de 2012, recuerda Palacio, pero se trata de una plantilla más envejecida y con una sobre representación de mandos, mientras se reduce el número de agentes en la calle.

El portavoz sindical reclama además «más apoyo» de la clase política. «Nosotros no utilizamos la fuerza porque nos guste, a nosotros también nos hacen daño y nos duele usar la fuerza» apunta, pero lamenta que «utilizar la fuerza en momentos en que es necesario no les interesa». Palacio concluye que «la desidia de esta clase política la acabaremos pagando la policía y los ciudadanos».

Sin modelo policial

El portavoz de CSIF señala directamente al modelo de seguridad implantado por el gobierno local de Colau y lo compara con la herencia de Jordi Hereu. Describe la preferencia por servicios estáticos cuya única utilidad, asegura, es «tranquilizar a los vecinos». «Nos hemos convertido en un elemento más del mobiliario urbano» añade, pero sin movilidad «no podemos perseguir al delincuente».

Por eso contrasta el modelo de Hereu, con más recursos humanos y unidades de policía judicial, de playas o suburbano que mejoraron la seguridad de la Ciudad Condal. «Las soluciones existen» añade, pero Colau abandonó ese modelo, junto al uso de tásser, armas largas y lanzadoras que considera imprescindibles para hacer frente «a una violencia creciente».

«La situación en Barcelona es consecuencia de ocho años de desidia» concluye, de los que también hace responsable al PSC de Jaume Collboni. Recuerda que la legislación penal es la misma en toda España, pero en Barcelona «se ha creado un microclima alentado por la desautorización» a las diferentes policías tanto desde la Generalitat como desde el Ayuntamiento.

Los botellones

Zambrano apunta además a un perfil de delincuentes con un alto porcentaje -«más de la mitad»- de extranjeros, y señala ahí la responsabilidad de la Generalitat, desbordada en sus servicios de atención a los menores no acompañados, que acaban integrándose en estos grupos organizados.

«Nadie quiere hablar de esta realidad» lamenta, pero «son los que saquean comercios y operan de forma organizada en grandes eventos como conciertos, con disturbios, destrozo del mobiliario público y enfrentamientos con la policía». Señala además los botellones, tolerados por el Ayuntamiento, como caldo de cultivo ideal para la actuación de estos grupos.

En un botellón, «cuando ya ha habido un elevado consumo de alcohol y drogas y entra uno de estos grupos organizados desestabilizan la situación» relata, «sin olvidar el efecto de mimetismo» que se extiende a otros concentrados. Los botellones son, además, un contexto ideal para la comisión de delitos como hurtos, agresiones o violanciones.

Falta de medios

Tanto CSIF como SIP-Fepol, y USPAC en el caso de los mossos, señalan a la falta de medios humanos. En el caso de la policía municipal apuntan además a falta de medios materiales. Tenemos 150 cámaras unipersonales para registrar detenciones para 3.000 agentes apunta Zambrano, y muchos agente de la unidad antidisturbios, la UREB, no disponen de herramientas como el spray o lanzaderas para evitar el cuerpo a cuerpo en caso de enfrentamientos con grupos organizados, como los que a su juicio protagonizaron los incidentes de la noche del sábado.

Destacan en este contexto el aumento de armas blancas de grandes dimensiones, como reconoció el teniente de alcalde de Barcelona, Albert Batlle. Una situación de la que da fe la denuncia del Sindicato de Policía Local de UGT, que la semana redujo a un hombre que portaba hasta cuatro cuchillos.

La detención se pudo llevar a cabo gracias al uso de una pistola tásser, pero esta herramienta también está muy restringida en el área urbana de Barcelona, denuncia Zambrano. El portavoz de CSIF reconoce, eso sí, un paso positivo: la adquisición de barras de detección de metales para poder detectar armas blancas en los controles móviles. Unas barras que no se utilizaron en el dispositivo del sábado, cuando murió un joven acuchillado.

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