El socialista madrileño Borja Cabezón Royo está este lunes en primera línea informativa por haber utilizado, supuestamente, empresas falsas y testaferros costarricenses para escapar de la Agencia Tributaria, pero es desde hace años un dirigente que se ha movido en las bambalinas del poder en distintos cargos orgánicos e institucionales. Desde diciembre de 2024 forma parte de la ejecutiva federal del PSOE, pero desde el pasado julio subió un escalón más, al ser elegido por el secretario general y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como adjunto de Organización, junto a la nueva jefa del aparato, la valenciana Rebeca Torró, la responsable que sustituyó a Santos Cerdán tras su fulminante caída por presunta corrupción.
Cabezón, según publicó este lunes El Confidencial, empezó a utilizar una red instrumental en los años en los que era líder del PSOE en la localidad madrileña de Majadahonda —un rico municipio del oeste de la región en el que la derecha siempre ha gobernado—, que estaba diseñada para ocultar su identidad. El núcleo central de esta trama es, siempre según el diario, la sociedad Vatnet Proyectos 2010, inscrita por el empresario Alejandro Molina Allende, amigo de Cabezón. Su figura jurídica es la de una Agrupación Económica de Interés Europeo (AEIE), fórmula que busca la colaboración empresarial de mercantiles de distintos países de la UE.
Vatnet pertenecía, en un 20%, a la española Divinal SL, administrada por el propio Molina, y en un 80% por la inglesa Glengrove Limited, a su vez controlada por dos testaferros profesionales costarricenses. La empresa con actividad real era Divinal SL, pero al formar parte de una AEIE, su tributación es como la de una UTE: sus beneficios se reparten según la participación, de manera que el 80% iba a parar a la sociedad del Reino Unido, en donde las compañías que participan en una AEIE extranjera están libres del pago de impuestos.
Cabezón lideró el PSOE en Majadahonda desde 2008 hasta 2015, y se presentó como candidato a la alcaldía en 2011 y 2015, pero fracasó en ambas convocatorias. Él era, junto con Juan Segovia —ambos son primos—, un dirigente próximo a Felipe González, sobre todo Cabezón, amigo también del presentador de televisión Gonzalo Miró, ahijado del expresidente. Y ambos, Cabezón y Segovia, eran en aquellos años una piña con Juan Lobato, posteriormente (2021-2024) secretario general de los socialistas madrileños. Cabezón concurrió como número 16 en la lista de las elecciones europeas de 2014, la que encabezaba Elena Valenciano, entonces vicesecretaria general del partido, con Alfredo Pérez Rubalcaba como líder. Fue Valenciano la que apostó por él.
Pero el partido naufragó en aquella convocatoria, consiguió solo 14 escaños y quedó fuera de la Eurocámara. Rubalcaba dimitió como secretario general y se abrió un proceso de primarias en el que se presentaron el diputado nacional Edu Madina —al que respaldaban el exvicepresidente del Gobierno y la propia Valenciano—, un desconocido por aquel entonces Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias. Cabezón, Segovia y Lobato apoyaron a Madina. Sánchez, apoyado por la mayor parte del aparato socialista, se impuso a sus rivales por el 48,67% de los votos.
El 1 de octubre de 2016, Sánchez cayó. Ocurrió en el comité federal más dramático de su historia, desahuciado por toda la aristocracia del partido. Con su caída, se constituyó una gestora presidida por el asturiano Javier Fernández. Cabezón trabajó en aquel momento en el aparato de la cúpula provisional socialista y apoyó, como Segovia, a la candidata ungida por todo el establishment socialista, Susana Díaz. En esas primarias, Lobato, entonces alcalde de Soto del Real (Madrid) ya caminó solo: se separó de sus dos amigos y no respaldó a la andaluza. Él se inclinó por Patxi López.
Ganó, por segunda vez, Sánchez. Por un 50,26% de los votos. Y, al cabo de un año, llegaría a la Moncloa, tras la moción de censura en la que derrotó a Mariano Rajoy. Y Cabezón, apenas unos días después, el 15 de junio de 2018, fue nombrado director del Departamento de Asuntos Nacionales del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. ¿Qué había ocurrido? Pues que Cabezón, como describen dirigentes que fueron protagonistas de aquellas primarias de 2017, actuaba en la gestora de Javier Fernández "de agente doble". Con los susanistas y a la vez próximo a Sánchez. "Arribista profesional", le describe una dirigente. "Un traidor total", le califica otra.
Cabezón aterrizó en la Moncloa de la mano del primer director de Gabinete del presidente Sánchez, Iván Redondo, de quien era amigo. En abril de 2019 salió del Gobierno para formar parte de la lista electoral de Ángel Gabilondo en la Asamblea de Madrid. El exministro ganó, pero no pudo gobernar por el pacto de PP y Ciudadanos. En diciembre de 2020, Cabezón renunció a su acta de diputado regional y esperaba a ser nombrado director de la Casa de América, pero las críticas por ser un dirigente sin experiencia diplomática y la oposición del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, hicieron que su candidatura decayese.
Pero el Ejecutivo lo rescataría más tarde. Fue en marzo de 2022. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, lo designó embajador en Misión Especial para la Crisis Internacional de la Covid-19 y la Salud Global, cargo en el que fue cesado en marzo de 2024. De ahí saltó a la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), entidad perteneciente al Ministerio de Industria y Turismo, al puesto de consejero delegado.
Sánchez lo integró en su ejecutiva federal en el 41º Congreso, el que se clausuró en Sevilla el 1 de diciembre de 2024, como secretario de Acción Democrática y Transparencia. Pero medio año más tarde llegaría su ascenso definitivo. Santos Cerdán fue fulminado como secretario de Organización tras el demoledor informe de la Guardia Civil que sirvió para que el juez del Supremo instructor del caso Koldo lo imputara y enviara a prisión preventiva. El presidente encargó entonces, el 16 de junio de 2025, que un pequeño grupo de dirigentes, encabezado por la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, e integrado también por Cabezón, se hiciera cargo de manera interina de Organización.
Unos días más tarde, Sánchez ya rediseñó de forma estable el aparato. Al frente del mismo situó a la valenciana Rebeca Torró, a la que inicialmente iban a acompañar tres adjuntos: Anabel Mateos, Paco Salazar y Borja Cabezón. Las acusaciones de machismo contra el segundo, contra Salazar, frustraron su elección en el comité federal del 5 de julio, así que Torró se quedó con solo dos adjuntos, Mateos y Cabezón. En diciembre, la secretaria de Organización remodeló su equipo: situó como primera adjunta y responsable de Coordinación Territorial a la riojana Elisa Garrido, como segundo adjunto y encargado de Acción Electoral, a Borja Cabezón, y como tercera adjunta y titular de Transparencia y Acción Democrática, a Anabel Mateos. Desde esa cartera, el madrileño ha tutelado la campaña de la exministra Pilar Alegría en Aragón, una cita que se saldó con fiasco: cinco diputados y 5,26 puntos menos respecto a las autonómicas de 2023.
Cabezón tiene "buena relación" con el presidente del Gobierno desde hace años. Forma parte de su cúpula pero no es un dirigente de su máxima confianza, un núcleo que componen muy pocos cargos, empezando por la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y el ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños.
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