Si hay un lema movilizador de la izquierda que creó época, al que se adhirió una inmensa mayoría de la sociedad española, fue el No a la guerra. El grito con el que salieron a las calles miles de personas en 2003 contra la agresión de EEUU a Irak, que la España de José María Aznar respaldó sin pestañear, pese a la opinión pública claramente contraria a ella. Ese fue el grito que Pedro Sánchez recogió este miércoles en respuesta a las amenazas de Donald Trump. El mismo. Ahora, por los ataques a Irán. Un eslogan que el presidente del Gobierno blande para advertir de que no se arrugará frente a Estados Unidos. Tan simple como esto: "La posición de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra".
Sánchez compareció a las 9 de la mañana de este miércoles desde la Moncloa. Una declaración institucional, sin preguntas y sin periodistas, que seguía a la amenaza lanzada ayer desde el Despacho Oval de la Casa Blanca por el presidente norteamericano de "cortar todo el comercio" con España en represalia por la decisión del Gobierno de no permitir el uso de las bases de Rota y Morón de la Frontera para atacar a Irán. Y también como castigo por rechazar la operación militar unilateral sobre Teherán. El líder del Ejecutivo quiso dar réplica a Trump con un mensaje netamente político, de plante ante Washington. Adelantando, eso sí, que su Gabinete estudia ya medidas para contener el "impacto" de esa hipotética ruptura comercial, que el país es capaz de sostener gracias a su músculo económico, y sin mencionar, precisamente, uno de los orígenes del desencuentro: el bloqueo de las instalaciones militares de Cádiz y Sevilla, de soberanía española aunque de utilización conjunta.
El líder socialista quiso primero preparar mentalmente a los ciudadanos de que esta puede ser una guerra larga e incierta, y que puede escalar peligrsamente. Por el momento, tras los ataques "ilegales" al régimen de los ayatolás, las hostilidades han continuado y "crecido", hay ya centenares de muertos, se han desplomado las bolsas internacionales, se ha producido la disrupción del tráfico aéreo y del estrecho de Ormuz, controlado por Irán, por el que pasaba el 20% del gas y petróleo mundiales. "Nadie sabe con certeza qué pasará ahora, ni siquiera están claros los objetivos de quienes lanzaron el primer ataque", señaló, para advertir de las posibilidades de un conflicto que se dilate en el tiempo, que cause "numerosas bajas" y que acarree "consecuencias graves también a escala global en términos económicos".
Por ello, la posición del Ejecutivo español es "clara y consistente", y es "la misma" que ha mantenido en Ucrania o en Gaza, sostuvo. Primero, no a la quiebra de un derecho internacional que protege a "todos", especialmente a la población civil. Dos, no a asumir que los problemas que el mundo tiene se pueden resolver con "bombas". Y tres, no a repetir los errores del pasado. "En definitiva, la posición del Gobierno de España se resume en cuatro palabras: no a la guerra".
En ese resumen estaba el corazón de la intervención de Sánchez de este miércoles, de unos diez minutos. En ese No a la guerra. Y en el ejercicio de trazar el paralelismo con 2003. Él no lo soslayó. Europa y España, dijo, "ya han estado aquí", en el mismo punto, "antes". "Hace 23 años, otra Administración estadounidense nos arrastró a una guerra en Oriente Medio", la de Irak, la que se desencadenó para, "en teoría, se dijo entonces", eliminar las armas de destrucción masiva que poseía Saddam Hussein, llevar la democracia al país asiático y garantizar la seguridad global. Pero aquel conflicto "produjo el efecto contrario", recordó: provocó "la mayor oleada de inseguridad" sufrida por Europa desde la caída del muro de Berlín en 1989, un "aumento drástico del terrorismo yihadista" —ahí se hizo fuerte el Daesh—, una "grave crisis migratoria en el Mediterráneo Oriental y un "incremento generalizado" de los precios de la energía y, por tanto, del coste de la vida. "Ese fue el regalo del trío de las Azores a los europeos de entonces, un mundo más inseguro y una vida peor", subrayó, refrescando así a los ciudadanos la imagen de la foto de George Bush, Tony Blair y José María Aznar en 2003, los tres aliados en la guerra de Irak.
Sánchez concedió que es "pronto" aún para saber si la guerra en Irán tendrá consecuencias "semejantes" a aquella de hace 23 años, si servirá para provocar la caída del régimen de los ayatolás o para estabilizar la región. Sí se puede prever ya, siguió, que de ella no saldrá un orden internacional "más justo" ni salarios "más altos, ni mejores servicios públicos, ni un medio ambiente más saludable". Es decir, que no reportará beneficios a los ciudadanos. Antes lo contrario: vendrá "más incertidumbre económica, subidas de precios de petróleo y también de gas".
Por eso, esgrimió, España está radicalmente "en contra de este desastre", ya que entiende, como ayer advirtiera la Moncloa en su primer comunicado de respuesta a Trump, que los gobiernos están para dar soluciones a los problemas de los ciudadanos, no para "empeorar" su vida. De ahí que conciba como "absolutamente inaceptable" que "aquellos dirigentes que son incapaces de cumplir con ese cometido usen el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar de paso los bolsillos de unos pocos". Los bolsillos, continuó, de los que construyen "misiles", de la industria armamentística. En ningún momento el presidente quiso citar a Trump expresamente.
Sánchez no hizo referencia explícita a la posibilidad de una ruptura comercial con EEUU, a las amenazas lanzadas ayer por Trump. Sí adelantó que el Gobierno se mueve en cuatro direcciones. En primer luegar, asistir a los españoles que se hallan atrapados en Oriente Medio, a los que ayudará a regresar a España si así lo desean, y para ello el servicio exterior y el Ejército están "trabajando día y noche" para posibilitar dispositivos de evacuación, pese a que las operaciones son "muy delicadas" porque el espacio aéreo de la región no es seguro y la red aeroportuaria está muy afectada por los ataques.
En segundo término, el Gobierno está ya "estudiando escenarios y posibles medidas para ayudar a los hogares, a los trabajadores, a las empresas, a los autónomos y que puedan mitigar con ello los impactos económicos de este conflicto, si es que fuera necesario". Es una idea que ya adelantaban ayer fuentes del Ejecutivo, la posibilidad de aprobación de un primer paquete de medidas vía real decreto ley, como ya se hizo tras el estallido de la guerra de Ucrania o con la amenaza arancelaria de Trump. El presidente añadió que "gracias al dinamismo de la economía" y a la "responsabilidad de la política fiscal" del Gobierno, España cuenta con los "recursos necesarios" para hacer frente a esta crisis. El Ejecutivo tiene la "capacidad" y también la "voluntad política" de actuar, y lo hará, dijo, "de la mano de los agentes sociales", como ocurrió en la pandemia y después con Ucrania o con la crisis arancelaria.
El tercer eje de la política del Gobierno será "colaborar" con los países de la región que abogan por la "paz y por el cumplimiento de la libertad internacional", apoyándoles con los recursos diplomáticos y materiales que se requieran. También España seguirá trabajando con sus socios europeos en una "respuesta coordinada" y que pueda ser "eficaz". Y continuará intentando que se llegue a una paz "justa y duradera en Ucrania y Palestina", dos puntos que "merecen no ser olvidados".
Cuarta línea de actuación: el Gobierno exigirá el "cese de las hostilidades y una resolución diplomática de esta guerra". Sánchez insistió en que no se había equivocado de palabra. La adecuada, reivindicó, es exigir, porque España es un "miembro pleno de la UE, de la OTAN y de la comunidad internacional", pese a los intentos de Trump de aislarla. También porque esta crisis "afecta" directamente a los europeos y, por tanto, a los españoles. "Por eso tenemos que exigir toda la resolución a Estados Unidos, a Irán, a Israel, para que paren antes de que sea demasiado tarde", demandó.
España cree que "no se puede responder a una ilegalidad con otra", porque así empiezan "los grandes desastres de la humanidad". Y ahí Sánchez trazó otro paralelismo muy elocuente. Se retrotrajo un siglo atrás, hasta 1914, cuando alguien preguntó al entonces canciller del Imperio alemán, Theobald von Bethmann Hollweg, cómo había empezado la Primera Guerra Mundial y él soltó una frase para la historia: "Ojalá lo supiera". "Muy a menudo las grandes guerras estallan por una concatenación de respuestas que se van de las manos por culpa de errores de cálculo, fallos técnicos, acontecimientos imprevistos. Por tanto debemos aprender de la historia y no podemos jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas —avisó—. Las potencias involucradas en este conflicto deben cesar inmediatamente las hostilidades y apostar por el diálogo y la diplomacia. Y los demás debemos actuar con coherencia, defendiendo ahora los mismos valores que defendemos cuando hablamos de Ucrania, de Gaza, de Venezuela o de Groenlandia". Venía a expresar así que quienes pueden actuar de forma incongruente son otros, otros países, incluso socios europeos que ahora se han alineado con Trump (caso de Francia, Alemania o el Reino Unido), pero no España, que ha mantenido esa posición "consistente".
Sánchez mantuvo, también en respuesta al PP, que la pregunta no es si se está o no "a favor de los ayatolás", porque obviamente "nadie lo está", ni los españoles ni el Gobierno. "La pregunta, en cambio, es si estamos o no del lado de la democracia internacional y, por tanto, de la paz", resolvió, para regresar al punto de arranque de su comparecencia, al No a la guerra de 2003: "La ciudadanía española siempre repudió la dictadura de Saddam Hussein en Irak, pero no por ello apoyó la guerra de Irak. Porque era ilegal, porque era injusta y porque no supuso una resolución real a casi ninguno de los problemas que pretendió resolver. Del mismo modo, nosotros repudiamos al régimen de Irán que reprime, que mata vilmente a sus ciudadanos, particularmente a las mujeres, pero al mismo tiempo rechazamos este conflicto y pedimos una solución diplomática y política".
Al Gobierno no le importa que le acusen de "ingenuo" por defender la vía de la paz, porque cree que lo que es ingenuo es pensar que "la solución es la violencia" o creer que las democracias o el respeto entre los países "brotan entre las ruinas", pensar que "practicar un seguidismo ciego y servil" a EEUU es "una forma de liderar". La posición de España, reivindicó, no es ingenua sino "coherente". Y no se apeará de ella, por mucho que Trump amenace: "No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y que también es contrario a nuestros valores e intereses, simplemente por miedo a las represalias de alguno". De nuevo, no hubo menciones directas al presidente norteamericano.
España, insistió, goza de "fortaleza económica, institucional" y hasta "moral". Sánchez llamó en ese punto a la estima patria: "En momentos como este nos sentimos más orgullosos que nunca de ser españoles. Somos conscientes de las dificultades, pero también sabemos que el futuro no está escrito, que la espiral de violencia que muchos ya dan por sentada es absolutamente inevitable y que la humanidad aún puede dejar atrás este integrismo de los ayatolás y también la miseria de la guerra".
El Ejecutivo defiende que no está "solo" en su posición, porque está "con quienes tiene que estar", que es con los "valores" de quienes redactaron la Constitución, con los principios fundacionales de la Unión Europea, con la Carta de Naciones Unidas y con el derecho internacional, y por tanto con la paz y la convivencia pacífica entre países. "Estamos además con muchos otros gobiernos que piensan como nosotros y también con millones de ciudadanos y ciudadanas que en toda Europa, en Norteamérica y en Oriente Medio lo que piden al mañana no es más guerra o más incertidumbre, sino más paz y más prosperidad. Porque lo primero solo beneficia a unos pocos y lo segundo nos beneficia a todos", remachó.
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