Que el PSOE amortigua la caída en las encuestas nacionales a costa de sus socios estatales, de Movimiento Sumar, IU y Podemos, principalmente, es un hecho. Mientras que los socialistas apenas perderían algo más de dos puntos respecto a las generales y unos once escaños de media (un 28% y 109 diputados), tanto la coalición magenta como los morados difícilmente superan en conjunto el 10% de los votos y de los 31 quedarían reducidos a unos 12 escaños de media. Según las transferencias de voto contempladas por el CIS, 40db, NC Report o Sigmados, Pedro Sánchez recibiría ahora el voto de una media del 15% de las personas que apoyaron a Sumar -con Podemos dentro- en julio de 2023. Entre el 10-13% de ellos están indecisos y el resto pasaría a la abstención.

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Hay elementos que pueden ayudar a entender esto: el 'voto útil' frente a las mayorías de PP y Vox, la ausencia de alternativas fuertes o atractivas en el plano de la izquierda, e incluso un voto refugio a la tendencia más próxima. Pero la asunción de las principales banderas ideológicas a su izquierda protagonizada por Sánchez ha sido clave para una formación que, además, cuenta con estructuras y asentamiento sólido en todo el país. El desempolvo del 'No a la guerra' se muestra crucial en este cierre de campaña en Castilla y León. Incluso puede ser un mecanismo clave de activación de una izquierda mayoritaria, pero es una posición más en un larga listado.

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El lema fue clave durante el inicio de la Guerra de Irak, a principios de 2003, con la implicación directa de España por decisión del Gobierno popular de José María Aznar. Fue agitado por sindicatos, sociedad civil y partidos de izquierda, tanto PSOE como IU. De hecho, permitió a José Luis Rodríguez Zapatero tomar impulso electoral para las elecciones de 2004. Sobre todo tras el 11-M.

Se unen cuestiones como el concepto de plurinacionalidad heredado de los primeros tiempos de Podemos, que ha ido teniendo encaje en algunas capas del PSOE. Igualmente, la normalización de relaciones con el independentismo, que han conllevado mayores medidas relacionadas con el autogobierno. Mayor enfoque en políticas migratorias, asumiendo la prevista como mayor regularización de inmigrantes en el país desde 2005 a demanda de Podemos. También el discurso de oposición a la extrema derecha y el "fascismo" internacional, con un reduccionismo dicotómico. Encabezando debates como el odio en redes sociales. Del mismo modo, la condena a las actuaciones de Israel en la Franja de Gaza, la suspensión del comercio armamentístico o que estos productos de terceros países transiten por España, la definición de "genocidio" y el reconocimiento del Estado Palestino. Esto ha conllevado boicots de eventos como La Vuelta o la negativa a participar en Eurovisión si había presencia israelí.

Las quejas de Sumar y de Podemos en lo que va de legislatura estos dos años y medio han sido recurrentes. Fuentes magentas vienen siendo conscientes del aprovechamiento de los socialistas de ciertas medidas o discursos impulsados en el seno del Gobierno de coalición por los de Yolanda Díaz. Y ante ello, se han reivindicado como motor de la legislatura. La última vez: al pedir políticas de regeneración por las derivadas del 'caso Koldo' o la detención de Santos Cerdán, y una remodelación del Ejecutivo sin mucho éxito. En Sumar son conscientes de que, aunque es positivo que Sánchez adopte el discurso anti-Trump y contra la guerra, siguen defendiéndose como impulsores.

Los más críticos al respecto son Podemos. Los de Ione Belarra creen que la postura de Sánchez es fachada, porque mientras se erige como líder antitrumpista, sigue financiando políticas de rearme. De hecho, los morados reprocharon que después de oponerse a la guerra en Irán y al uso de Morón y Rota para ello, se permitiese a EEUU el tránsito de los buques USS Roosevelt y USS Bulkeley para tareas defensivas de Israel en el conflicto. Con este tipo de argumentos, del señalamiento del 'doble rasero' del PSOE, Podemos busca relanzarse. Distinguirse de los socios de Sumar, por su sostenimiento de Sánchez, y despuntar como alternativa al PSOE en Castilla y León. Aunque, como publicó este diario, internamente se da por descartada la representación. Se perdería su único escaño.

Esa personalización del choque contra Trump, con Sánchez crítico a su intervención en Irán o en términos generales de vulneración del derecho internacional, pero a la vez comprometida con los objetivos atlánticos y europeos, atraer a ciertos votantes de izquierda. Un liderazgo fuerte, antagonista, con presencia internacional, que genera conflicto ideológico frente a los morados, en aparente fin de ciclo, y los de Díaz, huérfanos de liderazgo por ahora. Según el CIS de febrero, el 36,3% de los votantes de Sumar -con Podemos dentro-, prefieren a Sánchez como presidente del Gobierno. 22,3% votaría nuevamente a Díaz y un 7,5% a Belarra.

El CIS en este último barómetro preguntó a los votantes por su preocupación por la guerra en Oriente Próximo: los que se ubican en Sumar como "muy preocupados" son el 49,3%, 7,1 puntos por encima de los votantes socialistas.

De hecho, el trasvase de votos de izquierdas augurados a nivel autonómico en Castilla y León al PSOE será superior. Según Sigmados y 40dB en sus últimas mediciones del lunes, los votantes de Unidas Podemos en 2022 -IU dentro- que ahora apoyarán al PSOE son del 13,9%, en el primer caso, al 19,3% en el segundo. Casi dos de cada diez votantes, cifras más elevadas en el territorio que en lo nacional.

Una izquierda dividida en las elecciones

La división del espacio de Unidas Podemos en tres tercios, uno al PSOE e indecisos, otra a Podemos y otra a la nueva coalición de IU-Movimiento Sumar-Equo, limita además las posibilidades de las fuerzas de Díaz-Antonio Maíllo y Belarra. Mientras que en Podemos se afronta con cierto pesimismo este proceso, a sabiendas de que pueden quedar nuevamente fuera de un parlamento como en Aragón, los magentas siguen confiando en que ese escaño en el aire en las encuestas recaerá en su bolsillo por Valladolid. En la provincia está en juego, aunque cualquier crecimiento de PP, PSOE o Vox puede terminar truncándolo.

Los morados vienen protagonizando visitas en la capital con Belarra al frente. También Sumar. A las visitas de figuras como Ernest Urtasun o Sira Rego a principios de mes se añadió tímidamente el paso de Díaz este miércoles, coincidiendo en fechas con Belarra. La titular de Trabajo no estará en el cierre en Valladolid de hoy, sí Enrique Santiago y Verónica Martínez Barbero junto a Juan Gascón, su candidato. Está previsto que Belarra e Irene Montero lo hagan con Miguel Ángel Llamas. El objetivo de ambos es movilizar el voto. Sumar se está centrando en cuestiones como la despoblación o los servicios públicos y el empleo con el PP y Vox en la diana. Podemos igual, pero con especial atención a esa estrategia del PSOE que busca desarticular. De hecho, aunque no habrá capacidad de gobierno de izquierdas, el requisito de los morados para dar sus votos a Martínez será que el Ejecutivo desista del rearme.

Feudo complicado para la izquierda

Además de la coyuntura, hay que destacar que la izquierda nunca lo ha tenido fácil en el territorio y frente al PSOE. De ello dan cuenta los partidos implicados. Desde las primeras elecciones autonómicas en 1983, IU difícilmente ha sobrepasado los 70.000 votos de media. En 1995 el ligero desplome del PSOE sirvió a los de Julio Anguita para situarse en más de 147.000 y 5 escaños, el máximo de la formación allí. Entre medias ha habido etapas de 1 o ningún representante, caso de 2003 a 2011. Al igual que en ese episodio anterior, en 2015, la entrada de Podemos a la competencia contra el bipartidismo, con el partido al borde del sorpasso del PSOE en las encuestas nacionales, situó en 10 a la izquierda alternativa en Castilla y León. Luis Tudanca cosechó el peor resultado para los socialistas, con 25 procuradores, pese a su victoria en urnas. El efecto Podemos no fue más allá en la siguiente legislatura.

En la región el bipartidismo sigue asentado, con menor fuerza, eso sí. El PSOE está lejos de empeorar ese resultado de Tudanca. La tendencia conservadora, de centro derecha, es una realidad. Al margen del gobierno de Demetrio Madrid -sucedido durante el último año por José Constantino Nalda- 1983 a 1987, el PSOE no ha vuelto a gobernar pese a ganar esporádicamente procesos como el del 2015, por la división de una derecha que a fin de cuentas sigue sumando. Ahora, Mañueco apenas sufre desgaste mientras Vox capitaliza el descontento para seguir sumando votos.

En plena reconstrucción de Sumar y alejado de Podemos

Los giros ideológicos de Sánchez también llegan en dos periodos delicados para los partidos de su izquierda, especialmente para los de nueva creación. IU cuenta con una base históricamente fiel, que sube y baja en función de las circunstancias pero que cuenta con redes estables de la que en muchas ocasiones se han beneficiado sus nuevos socios para presentarse a elecciones. Podemos se encuentra en un periodo complicado, de aparente ocaso mientras que la cúpula sigue contemplándose como faro referente de la izquierda inconformista y no directamente erigida para ser muleta. La promoción de Montero es un gesto de aparente prolongación del mandato de Pablo Iglesias, de componente carismático. Por su parte, Sumar se encuentra inmerso en una refundación llena de dudas: menos partidos (Movimiento Sumar-IU-Más Madrid-Catalunya en Comú) que en 2023, y una apuesta de carácter reformista que deja la sensación de que el socio minoritario no forma parte del Gobierno.

Para la izquierda alternativa las urnas volverán a ser un reflejo de la penalización que supone la división del espacio en dos bloques con un PSOE fuerte. La tendencia que marcan las encuestas se prevé similar a los resultados de Aragón, donde la izquierda se alejó de un segundo o tercer escaño en por no concurrir con candidatura única pese a que en programa y objetivos las diferencias son muy difusas. Muchos de sus votos quedarán en papel mojado.

Podemos públicamente insiste que las alianzas "deben caer por su propio peso", y se muestra abierto a ellas, pero en privado el veto a Movimiento Sumar es inamovible. Incluso pese al paso atrás de Díaz, que no volverá a ser candidata pero que mantiene la incógnita de cuál será su nuevo rol. Un nuevo varapalo dejará en su tejado la pelota de sumarse o no a Por Andalucía una vez Juanma Moreno convoque las elecciones. Ese espacio tejido por Sumar afirma tener la puerta abierta pero sin que entren egos.