Hace poco más de un año, días antes de Reyes, el PSOE andaluz, el mismo que había sido una apisonadora durante décadas, una maquinaria electoral perfectamente engrasada y letal con el PP, bullía. La federación se encontraba desorientada, profundamente agrietada, sin pulso. Y muchos dirigentes hablaron esos días, en las navidades de 2024 y en los primeros días de 2025, con Pedro Sánchez. Le trasladaron que solo veían una salida para intentar volver a la vida y que garantizaba la cohesión interna: María Jesús Montero. Solo ella, decían, podía asegurar que el partido no se dividía en unas nuevas primarias, solo ella podía hacer que Juan Espadas, exalcalde de Sevilla y candidato en 2022, cada vez más cuestionado internamente, aceptase retirarse sin batirse en duelo contra un contrincante. El presidente aceptó. Y ella, la vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de Hacienda y vicesecretaria general del PSOE, obedeció por lealtad. Aprobó regresar a su tierra y desembarcar en ella como secretaria general, pese a que no se había fogueado en el aparato hasta entonces. Tampoco arrastraba años y años de militancia: se afilió al partido cuando se lo pidió Pepe Griñán, cuando él era presidente de la Junta y ella su consejera sin carné.
Todo líder tiene que bregarse, antes o después, en batallas orgánicas. Montero llegó en volandas a la cúpula del PSOE-A, aplaudida por todos. Pero algo más de un año después, con las elecciones autonómicas convocadas para el 17 de mayo, con unas perspectivas más que sombrías porque los sondeos la sitúan incluso por debajo de la marca de Espadas de 2022 —él consiguió 30 escaños, la peor marca histórica del PSOE-A—, la jefa de la federación socialista más grande de España se ha enfrentado abruptamente a un pulso interno. Con una agrupación provincial siempre indómita: Cádiz. Y lo ha perdido. Este viernes tuvo que ceder para firmar la paz. Para evitar que, como expresaba gráficamente un miembro de su dirección, "todo reventara".
Montero y su número dos, su secretario de Organización, Paco Rodríguez, también alcalde de Dos Hermanas (Sevilla), habían adelantado a los barones provinciales durante la Semana Santa sus directrices para la confección de las candidaturas. La secretaria general quería integrar a miembros de su equipo aunque estuvieran alejados de sus respectivas direcciones —Ángeles Férriz en Jaén, Mario Jiménez en Huelva o Fernando López Gil en Cádiz— y prefería que no capitaneasen las listas los líderes de cada provincia, salvo los que ya tuvieran escaño en el Parlamento andaluz —caso del malagueño Josele Aguilar, y con fecha de caducidad, porque probablemente sea el candidato a la alcaldía de la capital—. Las planchas se fueron conformando a trompicones, con no pocas tensiones en algunos territorios, como Almería y sobre todo Córdoba. Pero el conflicto se enquistó en Cádiz. Hasta el último minuto posible. Hasta la reunión, este viernes, del comité director, el máximo órgano de poder del PSOE-A y el encargado de sancionar todas las listas.
Las bendijo, y por unanimidad. Pero para llegar hasta ese sí completo, Montero tuvo que atravesar su propio viacrucis con Cádiz.

El miércoles por la tarde, la ejecutiva regional validó siete de las ocho listas provinciales. Cádiz no pasaba el filtro. La agrupación provincial, dirigida por el diputado nacional Juan Carlos Ruiz Boix, también alcalde de San Roque, había aprobado por unanimidad una candidatura que no gustaba en San Vicente, en la sede autonómica del partido. Situó a la cabeza a Juan Cornejo Jr, secretario de Organización de los socialistas gaditanos —y a su vez hijo de Juan Cornejo, jefe del aparato en los tiempos de Susana Díaz como jefa del PSOE-A—, seguido de Rocío Arrabal, Nando López Gil y Laura Álvarez. Todos próximos a Ruiz Boix, salvo López Gil, hace años uno de los lugartenientes de Susana Díaz y ahora de la entera confianza de Montero y miembro del sector crítico del PSOE gaditano.
El aparato autonómico ya advirtió el miércoles de que se reservaba su potestad de introducir cambios en el orden de los primeros puestos en la comisión regional de listas, que se iba a reunir menos de 48 horas después, el viernes. Montero quería por delante a su secretario de Comunicación y coordinador de campaña, Nando López Gil. Y estaba dispuesta a pelear por él.
Pero, como cuentan fuentes muy próximas a la exvicepresidenta, su batalla no era solo esa. "Nuestra lucha, desde el primer momento, era que en los cuatro primeros puestos figurasen dos personas cercanas a la dirección provincial y dos del sector crítico, para que toda la provincia se sintiera representada", indican. Es decir, que en esas cuatro primeras plazas —el PSOE obtuvo solo tres escaños por Cádiz en 2022, por los ocho del PP— obtuvieran billete Nando López Gil y la vicepresidenta segunda de la Cámara andaluza, Irene García, expresidenta de la Diputación gaditana y exalcaldesa de Sanlúcar de Barrameda. Ambos, miembros de la ejecutiva de Montero y referentes de la facción crítica con Ruiz Boix, que fue reelegido secretario provincial hace un año con solo 81 papeletas de margen. Sus contrarios le vienen reprochando que no les haya integrado en este tiempo. El equipo de Montero también perseguía que se conformara una candidatura "más equilibrada" y "de más altura", más "enriquecida", "no puramente orgánica". Palabras que deslizaban una crítica a la trayectoria política y orgánica de Juan Cornejo Jr, concejal de la oposición del Ayuntamiento de Medina Sidonia, con un currículum menos dilatado, transparentaban, que el de López Gil y García.
Cambios en apenas en unas horas
La acción, este viernes, se desplaza al capitalino parador de Cádiz, al lado del parque Genovés, frente al mar. A mediodía se reúne la comisión regional de listas. Y allí Paco Rodríguez, como secretario de Organización del PSOE-A, propone que López Gil encabezara la candidatura de Cádiz. Juan Cornejo Jr, miembro también del órgano, se opone al cambio y vota en contra del dictamen. "Nosotros queríamos dos de la dirección provincial y dos de los críticos. Y como no lo hicieron fue cuando tocamos el orden en la comisión de listas, no los nombres. Y cuando ven que tocamos ese orden entonces Cádiz pide una prórroga", señalan desde el aparato regional.
La tensión interna sigue escalando. Juan Cornejo, relatan en el círculo de Montero, amenaza con salir de la candidatura. Amaga con rechazar su tercer puesto. Un aviso mayúsculo y suficientemente expresivo por sí mismo. "Juan es muy íntegro, muy de partido, respetuoso con el mandato de la ejecutiva, y si se modificaba el orden trasladó que no iba a formar parte de la lista", confirman desde el entorno de Ruiz Boix.
Pero el plante de Cádiz no se queda ahí. "Amenazan con no implicarse en la campaña, con la dimisión de su parte de la lista", apunta indignado un mando de la dirección autonómica. El núcleo duro de Montero y el de Ruiz Boix niegan esa última versión. "Lo que trasladamos es que vamos a luchar por el proyecto y que estamos a disposición de la secretaria general, pero también que no compartíamos romper con las asambleas y con la ejecutiva que hizo la propuesta de candidatura", puntualizan en la cúpula gaditana.
La negociación entonces se reabre. Montero y Ruiz Boix con sus respectivos escuderos, Paco Rodríguez y Juan Cornejo. Tras un fuerte tira y afloja, se llega a un punto de consenso. El número uno volvería a ser el propio Cornejo y la dos, Rocío Arrabal, ambos alineados con el barón provincial. Al tercer puesto regresaba Nando López Gil y en el cuarto entraba Irene García. Para el aparato regional también era importante cuidar esa cuarta plaza, porque el PSOE se quedó en 2022 a 1.060 votos de arrebatar el último escaño al PP.
Sellado el pacto interno, Ruiz Boix reúne de nuevo a su ejecutiva provincial para que diera el visto bueno a la nueva candidatura. Ya con el sí, se cita por segunda vez la comisión regional de listas, que deshace el cambio introducido por la mañana y que coloca a García de cuatro. Pasadas las seis, arranca el comité director, más de una hora más tarde de lo previsto. El órgano aprueba por unanimidad las ocho planchas. Nadie interviene después de Montero, nadie toma la palabra después de ella. La secretaria general define como "serias y comprometidas" las listas del PSOE-A para el 17 de mayo, con el objetivo de "ganar" los comicios, y agradece la "capacidad de diálogo e integración" de los barones provinciales.
¿Quién gana y quién pierde?
En la sala de máquinas de la federación, niegan una rendición de Montero. "Nosotros veníamos defendiendo lo mismo desde el Martes Santo. Que la representación de la provincia debía ser completa. Al final, hemos llegado al punto de partida, pero han tensionado al máximo. Que cada uno asuma su responsabilidad —recrimina un alto mando muy próximo a la secretaria general—. Cádiz ha sido totalmente intransigente hasta que le cambiamos el orden. Pero nunca dijimos que Nando tuviera que ser el uno. Nando se mueve al uno cuando no hay forma de que acepten que el cuatro sea Irene". "La defensa de cada parte ha sido ardua y había que buscar un equilibrio entre San Vicente y la dirección provincial —esgrimen desde el círculo de Ruiz Boix—. Además, la parte crítica nuestra no estaba de acuerdo en su totalidad con que su representación fuera Nando. Ellos tienen varias familias en su interior y no todas se representan con él. Valoramos al final que ha habido un acuerdo. Y es lo más importante".
Pero otros dirigentes sí son más duros en su juicio. "María Jesús ha puesto cordura ante la inconsciencia de Cádiz, que quería llevar esta guerra hasta el infinito. Es que esto iba a reventar. Ella no tenía otra salida. No podía hacer otra cosa que deshacer el cambio de la mañana ante el salvajismo que se le planteaba de no hacer campaña. Porque sabe que es mejor a medio plazo eso. Ella ha entendido que no tenía otro camino. ¿Qué haces con un kamikaze como Juan Carlos? Es que no es la primera vez. Su actitud es impresentable. Lo que se ha hecho, lo que han hecho Nando e Irene también, es un ejercicio de generosidad y sobre todo de cordura", expresa un integrante de la cúpula regional.

Una responsable de la ejecutiva gaditana pide mirar atrás: "Esta provincia está acostumbrada a tener dirigentes con mucho poder en el PSOE-A: Alfonso Perales, Luis Pizarro, hasta Manolo Chaves era de aquí. Y lo que se votaba en asamblea y se decía en la dirección provincial todo el mundo lo respetaba. Por eso aquí no entiende que te doblen el brazo y que lo que se decida aquí no se respete, y eso es lo que ha pasado". Cuadros de otras provincias no salían de su asombro: "Yo estoy perplejo. No sé cómo se puede volver al mismo punto después de todo", manifestaba un responsable de una agrupación de peso.
Volver a la carrera
Montero empieza la carrera más trascendental, la de 17-M, lesionada. Con el desgaste de una negociación a cara de perro con Cádiz, con tensiones también en otras provincias. Después de una jornada esperpéntica y extraordinariamente agitada, todas las partes se lanzaron al intento de contención de daños, para no dejar demasiado expuesta a la exvicepresidenta. Por eso algunos cuadros endosaban la responsabilidad del sainete al lugarteniente de Montero, Paco Rodríguez. "Se tenía que haber resuelto antes. ¿Para qué echar un pulso a Cádiz si luego no lo vas a aguantar? Ella no es Paco. Ella ha tenido que entrar a arreglarlo", indica un dirigente cercano. Desde el entorno del secretario de Organización regional se defienden e insisten en que la distribución final era justo la propuesta inicial, y que Cádiz había rechazado hasta el final. "Se nota que a María Jesús le falta un equipo coherente de campaña. Y que hay muchas cucharas en el guiso", valora un veterano que ha trabajado con ella.
Tanto en San Vicente como en la dirección gaditana buscan ya mirar hacia delante y salvar la figura de su candidata, su bien más preciado para el 17-M. "Quien cede es Nando, no María Jesús, y es un acto de generosidad, así que ella no queda tocada", apunta un alto cargo de la dirección autonómica. Desde la cúspide provincial creen que la secretaria general no sale mal parada, "porque quiere contar con la mayor movilización y ha conseguido que todo el mundo esté representado, trenzando un acuerdo que respalda la ejecutiva de Cádiz, que fue la que ganó las primarias hace un año. Nosotros somos monteristas. Fuimos los que primero pedimos a Espadas que se fuera. Vamos a trabajar todos juntos y unidos".
La urgencia de todos es pasar página cuanto antes. Dejar atrás la atropellada confección de las candidaturas. En el aparato del PSOE-A insisten en que no ha pasado nada extraordinario, porque siempre hay fricciones y nervios, y de hecho en 2022 Espadas colocó a Mario Jiménez en el comité director. "Y no se han cambiado listas desde el regional, cosa que sí podíamos haber hecho", dado que la propuesta final, fruto del acuerdo político entre Montero y Ruiz Boix, fue validada por Cádiz.
"Normalidad orgánica", proclaman en el PSOE-A. Nada trascendente, nada que pueda entorpecer la ya de suyo difícil campaña por delante. Eso quiere pensar la federación. La dirección busca ya concentrarse en los mítines y en los mensajes, en reconstruir y potenciar la imagen de la candidata —el objetivo del vídeo lanzado esta semana en redes sociales, por cierto—. Aparcar la batalla orgánica, al menos hasta después del 17-M. Y pensar, como remacha un histórico dirigente, que "Cádiz es Cádiz". "Y ni Manolo Chaves pudo unir esa provincia".
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