España

Los vecinos dan refugio a los menores atrapados en Ceuta en el barrio del Príncipe y en Sidi Embarek

Campamento vecinal levantado por los vecinos de Ceuta para mujeres y niños
Campamento vecinal levantado por los vecinos de Ceuta para mujeres y niños | Ana López, Save the Children

La crisis migratoria registrada en Ceuta, que alcanzó su pico el pasado 30 de julio, dejó a cientos de personas en una situación de extrema vulnerabilidad tras su llegada a la ciudad autónoma. Esta situación propició que diferentes iniciativas vecinales trataran de dar una respuesta a quienes, después de cruzar el espigón, lograron permanecer en suelo español. Han sido algunos de los barrios más vulnerables de Ceuta los que han improvisado refugios para acoger, principalmente, a mujeres y menores que no tienen otro lugar donde alojarse.

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Los campamentos que se han levantado se localizan en dos puntos clave de la ciudad: el barrio del Príncipe y Sidi Embarek, ambos situados en la periferia de Ceuta. Allí, los vecinos han reconvertido canchas polideportivas al aire libre en refugios improvisados, para lo que han cerrado el perímetro de las instalaciones con el fin de garantizar un mínimo de seguridad y han instalado lonas y telas que proporcionan sombra y protegen del sol a las personas acogidas.

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Raúl, director de programas en España de Save the Children, describe estos emplazamientos como una respuesta impulsada por la propia comunidad ante una situación de emergencia que ha superado cualquier previsión inicial. Aunque la mayoría de las personas acogidas son mujeres y niñas, el campamento de Sidi Embarek también da cobijo a niños. Sin embargo, su capacidad está completamente desbordada. Según explica Raúl, pese a que el espacio fue habilitado para albergar a unas 300 personas —aunque hay unos 1.500 niños dentro del sistema de protección—, un cartel colocado en la entrada advierte de que ya no quedan plazas disponibles.

Refugios levantados por los vecinos

La precariedad marca el día a día en estos refugios improvisados, cuyo funcionamiento depende casi por completo de la solidaridad vecinal y del trabajo de pequeñas entidades sociales. Al tratarse de instalaciones al aire libre, las mujeres y los menores acogidos pasan las noches expuestos al frío y dependen de las mantas y sábanas que aportan los propios vecinos, con el apoyo de organizaciones como Luna Blanca y Save the Children.

Por otro lado, la falta de infraestructuras básicas ha convertido la higiene en uno de los principales desafíos y ya se han detectado algunos casos de infección, por lo que el suministro de agua, productos de aseo y otros materiales esenciales resulta imprescindible para evitar una crisis sanitaria. Mientras Luna Blanca reparte entre 2.500 y 4.000 comidas diarias en toda la ciudad y los servicios sociales se encargan del reparto de desayunos, el resto de las necesidades se cubre gracias a las donaciones del vecindario. Sin embargo, esa improvisada red de apoyo comienza a mostrar signos de agotamiento. "La gente ya no tiene más que dar", cuenta Raúl a El Independiente.

No quieren volver bajo ningún concepto a Marruecos

Save the Children por su parte, suministra mantas, kits de higiene y otros materiales esenciales, además de identificar situaciones de especial vulnerabilidad; una de sus principales preocupaciones son las niñas expuestas al riesgo de caer en redes de trata. Su objetivo pasa también por registrar a menores para incorporarlos al sistema oficial de protección: "Lo primero estamos haciendo es proceder a la identificación de menores que se encuentran fuera del campamento, porque sí hemos detectado que muchos están deambulando solos por las calles". Sin embargo, el registro de estos menores depende de un sistema de protección que también está colapsado.

El riesgo de la desesperación

La situación psicológica de las personas acogidas refleja hasta qué punto la desesperación condiciona sus decisiones. Muchas de las niñas aseguran que no quieren regresar a su país de origen: "Te manifiestan abiertamente que no quieren volver bajo ningún concepto a Marruecos. Que prefieren morirse aquí que volver", relata Raúl. Muchos de los recién llegados huyen de situaciones de violencia extrema, persecución familiar o discriminación por su orientación sexual. A pesar de las duras condiciones de vida en Ceuta, consideran que estos refugios representan una oportunidad de seguridad y un futuro mejor que el que dejaron atrás.

Pero no todas las personas que cruzaron el espigón consiguen ser acogidos en estos campamentos: la alternativa para quienes no logran obtener una plaza es sobrevivir en la calle. Raúl describe la situación en zonas como el polígono industrial de El Tarajal, donde naves semiabandonadas sirven de refugio improvisado para menores sin ningún tipo de protección. Allí quedan expuestos a graves riesgos de abuso y explotación. Según explica, cuando las organizaciones ofrecen a las niñas trasladarse a un campamento, aceptan inmediatamente, incluso sin conocer a quienes les prestan ayuda, lo que evidencia el enorme nivel de vulnerabilidad en el que se encuentran y el riesgo que ello supone, ya que, como advierte, "no todo el mundo tiene buenas intenciones".

Los últimos recursos

El futuro de estos asentamientos depende de que se habiliten con urgencia nuevos recursos de acogida. Además de los campamentos vecinales y de los centros de protección ya saturados, se ha acondicionado temporalmente el colegio Reina Sofía como espacio de emergencia. Sin embargo, esta solución finalizará con el inicio del curso escolar, cuando el centro deba recuperar su actividad.

Preguntado por la prioridad inmediata, Raúl lo tiene claro: crear nuevas infraestructuras que permitan sacar a los menores de la calle, registrarlos y estudiar cada caso de forma individualizada, pero también garantizar el suministro de agua, productos de higiene y otros recursos básicos para evitar que la situación sanitaria se agrave.

El director, insiste en que encontrar una salida estable para estos niños requiere un proceso complejo en el que siempre prevalezca el interés superior del menor. Mientras tanto, los polideportivos del Príncipe y Sidi Embarek continúan siendo el último refugio para cientos de mujeres y menores, sostenidos gracias al compromiso de unos vecinos que, tras semanas de esfuerzo, empiezan a quedarse sin recursos para mantener esta red de acogida.

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