Con Pedro Sánchez nunca nada es seguro, porque él mide y controla sus anuncios y sus tiempos, pero su Gobierno y su partido creen que ya no cabe mucha vuelta atrás. Ministros y dirigentes siguen convencidos de que convocará elecciones generales, muy probablemente para el domingo 29 de noviembre, sin descartar al cien por cien alguna otra fecha más adelante, como el 13 de diciembre. De cualquier modo, se espera que protagonice una declaración institucional desde la Moncloa en la que anuncie su decisión final tras la caída, el pasado viernes, de los dos decretos leyes de vivienda con el voto de Junts, PP y Vox. Y nadie descarta sorpresas, golpes de efecto.

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El presidente ha podido escuchar en los últimos días muchas voces de su Ejecutivo y del PSOE que le orientaban, mayoritariamente, en el mismo sentido: la legislatura está bloqueada, no tiene sentido estirarla de manera artificial, ahora hay un "relato", "el mejor contexto posible", pese a que nadie niega que la derecha y la ultraderecha van muy arriba en las encuestas y tienen a sus respectivas parroquias electorales hipermovilizadas. Y la razón que esgrimen dirigentes y ministros es que el desahucio de Maricarmen Abascal lo ha cambiado todo. Entró como un vendaval en la agenda social y política, desplazó a Ceuta y generó un chispazo en la calle como hacía años que no se veía. La protesta no ha decrecido desde entonces. Todo lo contrario. Y el sábado mostró su músculo en manifestaciones masivas por todo el país. Y, mientras, la acampada en Sol sigue en pie, sumando noches y discurriendo de forma totalmente pacífica.

Es decir, que hay margen, aunque sea estrecho, de poder dar una vuelta a los sondeos. Lo resume un dirigente que lo conoce muy bien: "La derecha parte con una clara ventaja, pero el perro es mucho perro". Perro fue un término omnipresente en la recta final de la campaña de las generales de julio de 2023 en las que Sánchez, contra pronóstico, consiguió retener la Moncloa. Él y su equipo lograron resignificar las descalificaciones que la derecha le dirigía y se las apropió. Fue el caso de Perro Sánchez: se convirtió en un leitmotiv de campaña, dándole la vuelta: más sabe por perro que por sanxe. Ahora, en el partido ansían que el líder obre de nuevo el milagro, aunque todo es infinitamente más difícil.

Muchos cuadros socialistas defienden que hay que aprovechar el movimiento por la vivienda antes de que se apague. "Irnos a elecciones ya es lo más lógico", resume una ministra

Para muchos cuadros socialistas, el estallido social es la señal clara y palpable de que la izquierda, muy deprimida a lo largo de esta legislatura, comienza a despertar. Y por eso defienden que hay que aprovechar ese movimiento antes de que se apague, porque quizá más adelante, cuando el presidente pensaba ubicar las generales, en los primeros meses de 2027 o ya justo después de las autonómicas y municipales de mayo, el contexto sea otro y mucho más adverso. Ahora, el foco es la vivienda, una materia ligada a la izquierda y en la que se siente más competente, aunque no deja de ser un flanco débil para el Ejecutivo de coalición dado que, como se ha venido gritando en las calles desde el desalojo a la fuerza de Maricarmen, no ha desplegado políticas para proteger más a los inquilinos y mejorar el acceso a un derecho reconocido por la Constitución. "Irnos a elecciones es ahora lo más lógico", resume una ministra. La Moncloa siempre defendió, antes incluso del desenlace de esta semana, que el grito en las calles podría servir sobre todo para activar a su izquierda y empujar a la unión de Sumar con Podemos.

Sánchez sabe que ahora tiene a su partido motivado ante la expectativa de una convocatoria electoral inminente que, de paso, serviría para destensar a los territorios, ya que sobre todo los alcaldes socialistas deseaban que las generales se celebrasen antes que las municipales para no sufrir ellos el castigo que los ciudadanos desearían infligir al Ejecutivo. Pero solo él tiene la llave y la potestad. En su núcleo duro persistía este domingo el hermetismo —"tranquilidad", prescribían—, pero entre miembros del Gabinete, de Ferraz y del PSOE la sensación extendida era que finalmente se decidirá a anticipar los comicios. La primera ventana disponible es la del 29 de noviembre, aunque otras fuentes no descartaban que las situase el 13 de diciembre, lo que concedería algo más de margen a su izquierda para organizarse, una vez que ha despegado que el próximo 17 de octubre presentará en sociedad su nueva marca heredera de Sumar, Frente Amplio. Está por ver si cuaja o no una alianza con Podemos.

Las dudas se despejarán, probablemente, en una comparecencia temprana desde la Moncloa. Por si acaso, desde el Gobierno y desde Ferraz mantuvieron la agenda programada para este lunes para el presidente: la inauguración del XXIX Congreso Nacional de la Empresa Familiar en el Teatro Príncipe Pío de Madrid. Más tarde, a las 11, reúne a su ejecutiva federal.

Está por definir la fecha, aunque la más obvia sería la del 29 de noviembre. No se descartan otras opciones, como el 13 de diciembre, lo que daría algo más de margen a su izquierda para reordenarse

Pero puede que el presidente no solo accione la palanca electoral. Como ya avanzó El Independiente este domingo, en Ferraz y en la Moncloa sopesan la opción de salvar las medidas de vivienda que generan más consenso —las que contenía el primer decreto decaído, el más amplio— y empaquetarlas en un nuevo texto. En un nuevo real decreto ley que, si se disuelven ya las Cortes Generales, tendría que debatir y convalidar la Diputación Permanente. Y ahí esa norma sí podría salir adelante, porque los socios de coalición cuentan con mayoría.

El órgano que sustituye al pleno cuando las Cortes están disueltas se compone de 68 diputados más la presidenta, la socialista Francina Armengol: 27 del PP, 25 del PSOE (incluida Armengol), seis de Vox, seis de Sumar, uno de ERC, uno de Junts, uno de Bildu, uno de PNV y uno del Mixto que ocupa la líder de Podemos, Ione Belarra. Esto hace que las izquierdas, junto a los nacionalistas vascos, sumen 35 parlamentarios, por los 34 de PP, Vox y Junts. El Ejecutivo podría tener así un nuevo decreto aprobado sin necesitar a los posconvergentes. En el partido sí hay dirigentes que no acaban de ver totalmente limpia esta salida porque a fin de cuentas sería llevar a la Diputación Permanente una norma tumbada previamente por el pleno. "Habrá lío seguro", advierte una integrante de la cúpula federal. Pero también se cree que el coste político es menor, dado que se estaría dando respuesta a parte de las reivindicaciones sostenidas por el Sindicato de Inquilinas, motor de las movilizaciones de las últimas dos semanas.

Ir a elecciones ya —o algo más tarde, como lo sería el 13 de diciembre— es, no obstante, una apuesta de riesgo. Porque en el periodo electoral, de 54 días, pueden aflorar otros muchos temas adversos para el Ejecutivo, porque sostener tanto tiempo en agenda una materia como la vivienda puede ser imposible, porque la crisis en Ceuta, munición más inmediata para las derechas, dista de estar resuelta, si bien se espera que para la visita de los Reyes, el 13 y 14 de octubre, esté más embridada. Pero los dirigentes y ministros consultados insisten en que el riesgo de agotar la legislatura, que siempre fue el plan a de Sánchez, es hoy mucho mayor, ya que la protesta podría apagarse y porque se ha visto de manera nítida que el Gobierno tiene al Congreso en contra, dado que recomponer puentes con Junts se antoja imposible. El Ejecutivo estaba totalmente convencido de que esta vez sí podría contar con la formación de Carles Puigdemont, porque había negociado las medidas durante meses, de ahí que su portazo haya sentado especialmente mal. Sánchez, a su vez, maneja encuestas que le dicen que, aunque la derecha sigue muy por delante, la izquierda comienza lentamente a activarse. No parece que actúe de freno la encuesta publicada este domingo por La Vanguardia, que dibuja un PSC en caída en las autonómicas, con 30 escaños (desde los 42 actuales de Salvador Illa), y empatado en diputados con la ultraderecha xenófoba e independentista de Aliança Catalana.

Se avecinan grandes emociones. Sánchez sigue siendo leyenda. Hará algo fuerte. Creo que la derecha está segura y confiada, y ese es el mejor escenario para él. Su capacidad de combatiente es única", apunta un dirigente que lo conoce muy bien

No está todo dicho y siempre cabe algún tipo de giro con el presidente. Porque podría anunciar que, hecha la lectura de lo que ocurrió el viernes en el Congreso, decide proseguir hasta el final. Pero no es lo que espera ni su partido ni su Gobierno. "Se avecinan grandes emociones. Sánchez sigue siendo leyenda. Hará algo fuerte seguro. Yo creo que la derecha está muy segura y confiada, y ese es el mejor escenario para él —sanciona un dirigente que ha departido muchas horas con él en los últimos años—. Su capacidad de combatiente no la ha tenido ningún líder en España. Y yo creo que la calle ha cambiado de lado y eso tiene efecto siempre. Otra cosa es que dure o que sea coyuntural, y por eso se necesita un objetivo, una causa sólida, creíble y alcanzable. Y el PP es muy malo. Y sí, la derecha parte con una clara ventaja, pero el perro es mucho perro. Es como Tom Cruise, siempre logra las misiones imposibles". Esta, desde luego, si se consuma, puede ser la más difícil de toda su trayectoria política.