Una trágica casualidad ha querido que los maquinistas de Renfe vayan a la huelga en el escenario más amargo y convulso que recuerda la red ferroviaria española. Apenas un día después de la colisión entre un tren de Renfe y otro de Iryo en Urda (Toledo) en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla, el Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios (Semaf) ha decidido mantener este jueves un paro de 24 horas para reclamar, precisamente, un cambio estructural en las condiciones de seguridad operativa y denunciar el estancamiento de los acuerdos con la Administración.
El paro, que afecta a todas las empresas del Grupo Renfe e involucra a unos 6.000 profesionales de tracción, ha comenzado a las 00:01 horas y se prolongará hasta las 23:59. Para contener el impacto en los viajeros, el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible ha fijado unos servicios mínimos del 73% en los trenes de Alta Velocidad y Larga Distancia, y del 65% en Media Distancia. En el caso de Cercanías, las frecuencias garantizadas alcanzan el 75% durante las franjas punta (de 06:00 a 09:00, de 13:30 a 15:30 y de 18:30 a 20:30 horas) y descienden al 50% durante el resto del día. En mercancías, circulará un 26% de los convoyes programados. Hay que tener en cuenta que los trenes de Alta Velocidad al sur de España están suspendidos.
Bloqueo administrativo y seguridad en cabina
La movilización de este jueves fue convocada el pasado 16 de octubre tras fracasar la comisión de conflictos previa. Semaf sostiene que el Ministerio de Transportes, Renfe, Adif y la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) mantienen un "bloqueo administrativo" sobre los compromisos adquiridos tras el siniestro de Adamuz el pasado febrero. Según la organización sindical, tras formarse mesas de trabajo entre febrero y abril, los avances quedaron completamente paralizados mientras los organismos implicados "se escudan en la lentitud burocrática".
Entre las exigencias del colectivo figuran la implantación de protocolos vinculantes ante alertas meteorológicas, una normativa homogénea para las comunicaciones en situaciones de riesgo, soluciones técnicas inmediatas a los fallos en el material rodante y la aplicación del protocolo de 1990 sobre atención tras un arrollamiento. Asimismo, el sindicato reclama incorporar la figura de la 'cultura justa' en cabina, habilitar un canal de denuncia directo con la AESF y la Inspección de Trabajo, regular las interrupciones en los tiempos de conducción y desbloquear los coeficientes reductores de la edad de jubilación.
Renfe tilda la convocatoria de "incoherente"
La dirección de la operadora pública ha rechazado frontalmente los motivos del paro, al advertir de que buena parte de las demandas "exceden del ámbito competencial de la empresa". Desde la compañía consideran "incoherente" convocar una huelga que interpela cuestiones que dependen de la Inspección de Trabajo o de la regulación general de tiempos de conducción, aspectos ajenos a su capacidad de decisión y no contemplados en el convenio colectivo ratificado por el propio sindicato el pasado mes de julio.
Renfe defiende que ha cumplido de manera íntegra el pacto de febrero derivado del accidente de Adamuz, como se trasladó en los comités de seguimiento de abril, mayo y octubre. En este sentido, la empresa destaca la incorporación de más de 1.200 trabajadores, el refuerzo de las plantillas de mantenimiento y la ejecución de planes para incrementar la fiabilidad del servicio. La compañía también subraya que es el único operador que suspende o limita circulaciones ante inclemencias meteorológicas severas, un extremo que el propio colectivo reconoce, al tiempo que lamentó los perjuicios ocasionados a los usuarios.
La sombra del siniestro de Urda
La jornada discurrirá bajo la profunda conmoción generada por la tragedia de Urda. Semaf trasladó su consternación por lo ocurrido, remarcando que en estos momentos la prioridad es atender a los heridos y arropar a las familias de las víctimas, a la vez que reclamó cautela para no alimentar conjeturas sobre las causas del choque mientras no se esclarezcan los hechos. Con todo, la organización ratificó la protesta como un ejercicio de defensa estricta de la seguridad en las vías, instó a los maquinistas a extremar las precauciones durante sus turnos y anticipó que evalúa nuevas acciones sectoriales.
Desde el ámbito sindical se ha subrayado la complejidad técnica de lo sucedido en Toledo. Frente a las primeras hipótesis deslizadas por el Gobierno, el portavoz de maquinistas de UGT en Renfe Cataluña, Francisco Cárdenas, apuntó que en condiciones normales el error humano "es difícil", dado que los trenes cuentan con sistemas de frenado automático y requieren la autorización del puesto de mando para avanzar si hay otro convoy parado en la vía. Respondía así a Cárdenas calificó de "imprescindibles" las grabaciones entre los conductores y el centro de control de circulación de Adif para esclarecer si se produjo una eventual ruptura en los sistemas de seguridad de la línea.
Representantes del colectivo de conducción vienen advirtiendo desde hace meses de la existencia de "tramos ciegos" y de la vulnerabilidad operativa que se genera cuando se producen caídas en el sistema de señalización continua LZB –el mecanismo de seguridad que opera en el corredor Madrid-Sevilla y cuyo fallo se sitúa en el centro de las pesquisas del choque de Urda–. Según denuncian los maquinistas, la desconexión o avería de este sistema obliga a transitar en modo degradado y a depender exclusivamente de autorizaciones verbales con el puesto de mando de Adif, lo que suprime la supervisión del frenado automático de emergencia e incrementa exponencialmente el riesgo ante cualquier desajuste en la vía.
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