El calor sin precedentes que está azotando Europa desde que comenzó el verano tiene mucho que ver con el cambio climático. Es lo que han descubierto en una nueva investigación científicos del Instituto de Cambio Ambiental (ECI) de la Facultad de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford, en colaboración con la Red Mundial de Atributos Climáticos (WWA).

Según los resultados, el cambio climático multiplica por algo más de dos las probabilidades de que se produzcan olas de calor. Para Friederike Otto, director de la ECI, corremos el peligro de considerar normales temperaturas que antes se consideraban “inusualmente cálidas”.

La investigación compara las temperaturas actuales con los registros históricos en siete estaciones meteorológicas en el norte de Europa: dos en Finlandia, una en Dinamarca, la República de Irlanda, los Países Bajos, Noruega y Suecia. El motivo es que estas estaciones son capaces de recoger datos en tiempo real, y albergan registros digitalizados desde comienzos del siglo XX.

La ola de calor actual es simplemente extraordinaria, sin precedentes en el registro histórico

El equipo observó, de cada año del registro, el período más caluroso en tres días consecutivos. El resultado que obtuvieron fue que, en algunas estaciones, las temperaturas registradas este año superaban todos los registros.

“Encontramos que para la estación meteorológica en el extremo norte, en el Círculo Polar Ártico, la ola de calor actual es simplemente extraordinaria, sin precedentes en el registro histórico”, dijo Geert Jan van Oldenborgh, Investigador Principal del Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI).

“Para las tres estaciones más al sur, en los Países Bajos, Dinamarca e Irlanda, el registro histórico nos permite hacer un cálculo, y muestra que el cambio climático generalmente ha aumentado las probabilidades de la ola de calor actual más del doble”, explica el investigador.

De esas tres estaciones, Dublín cuenta con la probabilidad más baja (2); la de Bild (Países Bajos) puntuó con 3.3, mientras que la de Copenhague ascendía hasta 5.

El equipo enfatiza que el informe se basa en análisis preliminares, y dado que se publicó antes del final de la ola de calor de verano de 2018, la definición del período como un “evento extremo” se basa en las temperaturas pronosticadas, en lugar de los resultados cuantitativos reales.

Sin embargo, el equipo dice que las posibles implicaciones ambientales y sociales de los hallazgos son innegables y que las medidas deben tomarse más temprano que tarde.

Otto explica: ‘esto es algo que la sociedad puede y debe prepararse, pero igualmente no cabe duda de que podemos y debemos limitar la creciente probabilidad de todo tipo de fenómenos meteorológicos extremos al restringir las emisiones de gases de efecto invernadero lo más agudamente posible’.