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Así vigila el reconocimiento facial que los alumnos no copien en los exámenes virtuales

Inteligencia artificial & Ciencia

Así vigila el reconocimiento facial que los alumnos no copien en los exámenes virtuales

La pandemia ha aumentado el interés de las universidades en herramientas que verifican por 'webcam' la identidad de los estudiantes

Eran los métodos habituales antes del estado de alarma. El alumno estrujaba el temario a bolígrafo en un trozo de papel y se las ingeniaba para copiarlo en el examen. A otros, más tecnológicos, se les abrió un mundo de posibilidades con el smartphone: fotografías a las preguntas para que las resuelva un compañero, búsquedas en internet… Con la crisis sanitaria se pasó de las aulas a las clases por webcam. Desde entonces, algunas universidades han buscado un nuevo aliado para vigilar a los estudiantes: el reconocimiento facial.

Cuando la pandemia vacío las aulas, las universidades apostaron por la evaluación continua como norma general. El objetivo era primar los trabajos y ejercicios y restarle peso al examen final. Para ello han trabajado cada día con sus plataformas educativas virtuales, como Moodle, Blackboard o Sakai. En una guía elaborada por la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) se enumeran varios ejemplos sobre cómo evaluar a los estudiantes durante el confinamiento. Están los exámenes tipo test, los cronometrados, los orales, los trabajos individuales o en grupo, entre otros.

En el caso de los trabajos, los profesores cuentan desde hace tiempo con programas informáticos para detectar trampas. Hay varios, como Safeassign o Unicheck, pero entre los más populares está Turnitin. Fue uno de los que se utilizó para determinar si hubo o no plagio en la tesis doctoral de Pedro Sánchez. Esta herramienta compara el texto presentado por el estudiante con millones de trabajos académicos y otros documentos de una base de datos. Que el software encuentre coincidencias no significa necesariamente que exista plagio.  

Con los exámenes remotos es otra historia. La crisis sanitaria ha obligado a las universidades a examinar a sus alumnos a través de una pantalla. Un aula virtual como Moodle permite añadir condiciones que dificultan el fraude a las pruebas. «Aleatorizar las preguntas que debe responder cada estudiante desde un banco de preguntas más amplio, determinar el tiempo de respuesta a cada una, la posibilidad de repasar o no las contestadas, la opción de aplicar un navegador seguro durante la realización de la prueba que bloquea el uso de otros programas en el ordenador…», detallan desde la Universidad Autónoma de Madrid. El resultado son exámenes que exigen al alumno un «alto» nivel de concentración.

¿Cómo afrontan los estudiantes estos cambios? «Recibimos quejas de buenos alumnos bien intencionados que encuentran mucho más difícil añadir el uso del ordenador a los exámenes tradicionales, para ellos supone una sobrecarga», dice Jordi Hernández, comisionado de la rectora de la Autónoma de Barcelona (UAB) para las TIC. En la universidad catalana aseguran que es «razonablemente difícil» copiar en los exámenes virtuales. El método más común, explican en la Politécnica de Madrid, es el uso de la segunda pantalla. Es decir, buscar ángulos muertos en el visionado de la webcam para poder utilizar otros dispositivos electrónicos.

¿Quién está detrás de la webcam?

En medio de esta carrera para salvar el curso ha crecido el interés por otro método de vigilancia más avanzado: el proctoring. Esta herramienta utiliza el reconocimiento facial para verificar la identidad del alumno. La Autónoma de Madrid directamente no la empleó y eligió su sistema de videoconferencias para comprobar la identidad y resolver las dudas de los estudiantes. Otras, como el IE Business School, el CEU San Pablo o la Rey Juan Carlos, sí que la han probado. En la UAB también valoraban incorporar el proctoring a medio plazo, pero no les dio tiempo antes de la crisis sanitaria y ahora dicen que estos servicios tienen un precio «prohibitivo».

«Inicialmente era una solución utilizada por las empresas para verificar que sus empleados realmente estaban en sus puestos de trabajo. Las universidades comenzaron hace unos años a utilizarlos y la Covid-19 no ha hecho más que acelerar este proceso», explica Margarita Álvarez, directora regional para el sur de Europa en Instructure.

Entre los programas de reconocimiento facial destaca Smowl, de la compañía Smowltech. La idea es sencilla: monitorizar los pasos que da el alumno durante un examen online. En este reportaje de El País se explica cómo funciona. Snowl se puede integrar en Moodle o el aula virtual que utilice cada universidad. Durante el examen, el estudiante tiene que facilitar el acceso a la webcam y al audio. En ese tiempo la herramienta fotografiará aleatoriamente al alumno, verificará su identidad y detectará posibles comportamientos sospechosos. Todo ello utilizando la inteligencia artificial y la supervisión humana. En 24 horas el programa genera un informe de incidencias para que el profesor pueda comprobar por sí mismo si hubo trampas.

«Hablar de privacidad cuando nuestro propio dispositivo móvil puede ser hackeado en cualquier momento y usar nuestra cámara para visualizar todo, es relativo»

Margarita Álvarez, directora regional para el sur de Europa en Instructure

El CTO de Manuel Fraile, CTO de Smowltech abordó en declaraciones a El País el debate sobre el uso de datos privados del estudiante: «Solo lo monitorizamos durante el transcurso del examen. Cuando acaba, cierra y deja de monitorizar». Esos datos que obtienen durante las pruebas no se asocian a una identidad, sino a un código que se le atribuye a cada alumno. 

«Hablar de privacidad cuando nuestro propio dispositivo móvil puede ser hackeado en cualquier momento y usar nuestra cámara para visualizar todo, es relativo», defiende Álvarez, de Instructure. «El proctoring, como cualquier otra tecnología, si se utiliza para el fin que se ha concebido favorece al alumno garantizando que su prueba se realiza con todas las garantías de igualdad y cumplimiento de las normas establecidas, sin importar que lo haga desde su casa o desde un lugar preestablecido para la realización de exámenes», añade.

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) advirtió en mayo que, en todo caso, el uso del reconocimiento facial en los exámenes requería el consentimiento «libre» del alumno. Ese permiso sólo será válido cuando la universidad disponga de otras alternativas para realizar la prueba sin la necesidad de utilizar los datos biométricos del estudiante.

No todo se reduce al proctoring. Jordi Hernández, de la Autónoma de Barcelona, cuenta que ya hay una universidad catalana que emplea un software para identificar el estilo de redacción de los alumnos. Existen en el mercado, además, otras herramientas que miden el «ritmo de teclado» o «incluso la respiración». «Nosotros lo que no vamos a hacer es poner a personas a vigilar delante del ordenador como han hecho otras universidades catalanas. Vamos a intentar explorar la tecnología tal y como está pensada, con inteligencia artificial, tan pronto como tengamos el dinero y la capacidad de hacer pruebas. Ahora mismo, evidentemente, no es posible», admite.

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