Desde que la madrugada de un reciente viernes se registrara el primer gran temblor en la vega baja de Granada la población vive con el temor de que el suelo vuelva a moverse bajo sus pies. Pero lo que ocurre bajo la superficie andaluza no es una secuencia sísmica convencional, sino un intrincado "efecto dominó" entre los que los geólogos denominan fracturas subterráneas.
Raúl Pérez López, geólogo de emergencias del IGME-CSIC, explica que "lo que está pasando en Granada ahora mismo es que están ocurriendo una serie de terremotos, pero que no siguen una secuencia de una única falla, las fallas están estimulando la una a la otra. Tenemos por lo menos tres fallas que están generando terremotos y con posibilidad de que puedan estar estimulando una cuarta", asegura.
En un escenario sísmico normal, la actividad de la tierra disminuye de forma progresiva. Sin embargo, la que ya llaman como "serie sísmica de 2026" se ha alargado y el episodio no se ha cerrado: "No podemos dar por cerrada la serie sísmica, sigue habiendo fallas cargadas". Los científicos continúan monitorizando la vega de Granada al segundo. El objetivo es ver que se consolide la "amortiguación tectónica" y la tierra vuelva a una "calma chicha", aun sabiendo que allí abajo "hay fallas cargadas y que en cualquier momento nos pueden dar un susto".
Pérez López detalla que el sismo inicial del viernes comenzó a "estimular poco a poco, hacer como cosquillas a las fallas que tenía al lado". Tras un periodo de aparente calma a las 80 horas de evolución, cuando parecía que el sistema se estaba amortiguando perfectamente, la tierra dio un vuelco con un nuevo impacto de magnitud 4.8.
No podemos saber cuándo va a parar el sistema porque no sabemos el estado de carga de las fallas

"Al haber, en este caso, una falla que estimula a la otra, el sistema hace un 'restart', o sea, como que vuelve a empezar con ese otro terremoto", describe el experto. Esta reactivación constante de réplicas es la que desconcierta a la ciencia: "No podemos saber cuándo va a parar el sistema porque no sabemos el estado de carga de las fallas". Por ello, el geólogo es rotundo al admitir que "no podemos dar por cerrado el episodio".
El temor lógico de la población
Pérez López empatiza con la realidad del miedo vecinal: "Ahora mismo los terremotos de 4.8 están asustando". El peligro de esta magnitud en Granada no reside en que se derrumben los edificios ya que en su mayoría cumplen las normativas sismorresistentes modernas, sino en la acumulación de daños sobre los elementos decorativos. "Te viene el primer 4.8 y te provoca ese daño [en balconadas, tejados o balaustradas]. No se ha caído, pero en un segundo terremoto, cuatro días después, de 4.8 con la misma orientación de vibración, el mismo sentido de transmisión de la onda aquellos elementos que están dañados puedan caerse".
Es esta repetición la que convierte a los sismos moderados en una trampa de alto riesgo para quienes reaccionan huyendo hacia la calle: "Si tú sales corriendo y estás en la vertical del edificio, la probabilidad de que te meta un cascotazo es muy alta". El científico recuerda el trágico precedente del terremoto de Lorca (de magnitud 5.1 a 5.3), donde "las nueve personas de las diez murieron por las caídas de cascotes".

¿Hasta dónde puede llegar la fuerza de la tierra en la región?
Según el sismólogo, geológicamente, existen datos de que estas fallas activas "podrían generar un terremoto superior a 6". Sin embargo, Pérez López marca una línea roja insalvable para la ciencia actual: "No tenemos la capacidad de predicción alguna (...) entraría más cerca de la adivinación que de la predicción porque es imposible".
Ante esta limitación, la única herramienta real es la preparación y la prevención, comparando la situación con otros países expuestos a fenómenos extremos: "Por un terremoto de magnitud 7 en Chile muere uno del susto; con un magnitud 7 en Venezuela mueren 55.000 personas. Todos sabemos la diferencia".
toda la zona que va desde Cádiz hasta Alicante tiene un riesgo muy elevado, toda
Finalmente, el científico del CSIC insiste en educar sobre conceptos que a menudo se confunden en los medios, como la diferencia entre "peligro" y "riesgo". "La palabra riesgo significa que hay exposición y vulnerabilidad. En el Atlántico no vive nadie; si hay un terremoto en el Atlántico, no pasa nada. Si tengo un terremoto magnitud 8 en el desierto del Gobi no hay riesgo alguno porque no hay ni exposición ni vulnerabilidad. El peligro es muy alto porque es un terremoto muy gordo, pero como no vive nadie el riesgo es cero". En cambio, en España, "toda la zona que va desde Cádiz hasta Alicante tiene un riesgo muy elevado, toda", debido a la gran densidad de población y el impacto potencial en sus infraestructuras.
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