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Así se apagan las últimas calderas de carbón de Madrid

Medio Ambiente

Así se apagan las últimas calderas de carbón de Madrid

Anacrónicas y condenadas a desaparecer, quedan entre 200 y 300 calderas de carbón en la ciudad de Madrid

Todavía no ha amanecido cuando un camión aparca en una calle del centro de Madrid. La mercancía que descargan son cientos de kilos de carbón, uno de los principales culpables del cambio climático. Es noviembre y ha llegado la temporada invernal. Y con ella se encienden las calderas para calentar y escupir al aire sus millones de partículas contaminantes hasta que en marzo se apagan las últimas ascuas. El proceso se viene repitiendo año a año, pero el futuro de este mineral es de su propio color. Negro.

El número de calderas de carbón que queda en el municipio de Madrid es residual. Se calcula que apenas es el 1%. Pero, ¿por qué subsisten? ¿Qué hacen los organismo públicos para acabar con ellas? Es más: si existe la tecnología para extinguirlas, ¿cómo es posible que en 2019 sigan en combustión? El Ayuntamiento de Manuela Carmena se propuso 2020 como fecha límite para apagar estas calderas en el llamado Plan A, donde se enmarcan medidas como la de Madrid Central. Todo parece indicar, sin embargo, que la espera se alargará.

Las calderas de carbón parecen tercermundistas. Esta tecnología no tiene sentido en 2019″

“Yo llevo escuchando desde 1990 que se va a acabar el carbón. Estamos en 2019 y así seguimos”, afirma a El Independiente Juan Cabello, hijo y nieto de carboneros y actual director de la empresa Calordom. “Si uno ve cómo funciona una caldera de carbón, parece algo tercermundista. Para la gente que no lo ha visto, yo siempre digo que es igual que aquellos trenes que salen en las películas de vaqueros. Hay que darle la puntilla definitiva. Es una tecnología que no tiene sentido en 2019”.

Con él coincide el responsable de clima y energía de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz. «El uso de las calderas de carbón es bastante anacrónico. Es una de las energías más contaminantes», señala Andaluz, que cree tener la respuesta a la existencia de este sistema de calefacción: «La combinación de poca voluntad política y motivos económicos no permiten algo que tecnológicamente es posible y que mejoraría la calidad del aire».

¿Por qué se resisten las comunidades de vecinos?

La mayoría de las calderas de carbón que quedan en Madrid están en barrios totalmente dispares. Desde Moncloa y Salamanca, tradicionalmente ricos, a Ciudad Lineal, de rentas más bajas. El calor que desprende el carbón -más «hogareño» y barato que el gas natural- y el espectro de edad de estas zonas, habitadas en su mayoría por personas mayores, son dos factores clave. «Lo más rentable a nivel económico es el carbón», constata Ulpiano Lorences, propietario de una de las pocas empresas que suministran carbón a comunidades de vecinos en la capital española. Aunque es una parte importante de su negocio, cree que el carbón no tiene sentido. «Para 2020 no creo que se pueda acabar con estas calderas, es un poco precipitado y yo ya tengo firmados algunos contratos para la próxima temporada. Pero seguro que en 2024 o 205 ya no queda ninguna».

«Podríamos hablar de la resistencia natural al cambio que en muchas ocasiones caracteriza al ser humano, en particular a partir de ciertas edades», añade Inmaculada Peiró, directora general de la Asociación de Instaladores de Madrid del Sector Energético (Agremia). «A ello se suma la convicción de muchos de que es la fuente de energía que más ‘calor proporciona’, por lo que un cambio de combustible redundaría en una pérdida de ‘confort’ malentendido. En 2020 no se conseguirá, pero sí debería lograrse a lo largo de la próxima legislatura, combinando una campaña de información dirigida a los propietarios y medidas legales que impongan esta obligación acompañadas de ayudas a las comunidades que deban afrontar dichas inversiones».

De acuerdo al Ayuntamiento, todavía quedan 260 calderas de carbón activas, pero un estudio elaborado por la Universidad Politécnica elevó la cifra hasta las 350 instalaciones. Sin embargo, no hay un dato exacto. La normativa sobre instalaciones térmicas de edificación (RITE) prohíbe desde 2012 el uso de combustibles sólidos de origen fósil, como el carbón. No obstante, en la Comunidad de Madrid se ha permitido su uso con dos condiciones: no se pueden instalar nuevas y no se pueden arreglar las que están en funcionamiento. Pero su mecanismo es tan rudimentario que las averías son excepcionales.

Vista de la capa de contaminación que cubre la ciudad de Madrid.

Vista de la capa de contaminación que cubre la ciudad de Madrid. EFE

El Plan Renove y el ¿mito? de los picos de contaminación

Las ayudas por parte del Ayuntamiento al cambio de calderas de carbón está bastante limitado, pero la Comunidad ofrece cerca de un 30 por ciento por una nueva instalación de gas, una subvención que sube hasta el 50 por ciento si la caldera anterior es de carbón. Además, algunas compañías distribuidoras de gas natural tienen un Plan Renove privado que costea cerca de un 20 por ciento de la instalación. La mayoría de las calefacciones de carbón se pasan al gas natural, una energía instalada en el 75% de los hogares madrileños. Después, con un 20 por ciento, estaría el gasóleo, seguido de la biomasa (4%) y el carbón con el uno.

Aunque está contrastado que la combustión del carbón es de lo que más contamina, el ingeniero Javier Rosino cree que no es la causa principal de los picos de contaminación que sufre la capital española en noviembre, cuando se encienden las calderas. «No es cierto», expone tajante. «En el otoño la atmósfera de comporta de manera diferente y el aire no se limpia tan bien como en otras estaciones. Si los picos de contaminación fueran por las calderas, habría picos también en el inicio de la primavera y no es así», añade Rosino, que el año pasado realizó un estudio sobre la contaminación encargado por el Ayuntamiento de Madrid.

Según cuentan desde el área de clima del consistorio, «el sector del transporte por carretera es el que más contamina en la ciudad de Madrid». En concreto, las emisiones de óxidos de nitrógeno procedentes de este sector suponen el 46,9% del total de emisiones, mientras que las procedentes del sector de combustión no industrial (en el que se encuadran todas las instalaciones térmicas de calefacción) solo suponen el 17,1% de las emisiones totales. «Hay que tener en cuenta que las calderas de carbón suponen una parte mínima del parque total de calderas, por lo que su contribución al total de emisiones es muy poco significativa. En cualquier caso, se deben desarrollar las actuaciones precisas para su sustitución total por instalaciones menos contaminantes».