Antonio Vecoli /Sentinel

Medio Ambiente

El Ártico, azotado por los incendios zombis y un ola de calor histórica

Los efectos del cambio climático se vuelven a sentir en el círculo polar Ártico. Con una ola de calor que dura semanas los termómetros han batido récords con 38 grados centígrados en algunas de Siberia. Un calor continuado en el tiempo que ha vuelto a exponer a zonas de Siberia a merced del fuego. Un fuego que parece inagotable, es el que causan los incendios zombis.

Como ya pasara en 2019 se han reavivado incendios en zonas donde se produjeron el año anterior, esto es así porque durante el invierno estos incendios se mantienen activos bajo tierra, con la subida de las temperaturas encuentran salida de nuevo en la superficie. Y este año se ha vivido el invierno más caluroso del que se tiene registro en Rusia.

La preocupación por el Ártico afecta en particular a dos cuestiones peliagudas, las corrientes marinas y el permafrost.

Tras los incendios sin precedentes del año pasado en algunas áreas del hemisferio norte, los científicos del servicio Copérnico de monitoreo atemosférico han observado una actividad de incendios «bastante típica» en la región, que se espera que aumente en las próximas semanas a medida que avanza la temporada.

“Cuando suben las temperaturas suben los incendios, aquí en España o en Siberia”, asegura Susana Bayo del Climate Reality Project e investigadora de Ephyslab de la Universidad de Vigo. «Estamos ante una subida de las temperaturas mucho más elevada de la media de esta región, que es como hay que medirla temperatura. Y en los últimos treinta años ha subido mucho». En las últimas semanas, gran parte de Siberia ha alcanzado valores mucho más altos de lo habitual, hasta 30ºC por encima de lo normal para esta época.

Para Bayo esta subida es «muy peligrosa porque la Tierra tiene sus zonas frías que hacen que nuestro sistema climático sea así, porque hay deferencias de temperatura distintas partes del planeta», explica. Un equilibrio que se está rompiendo con la subida de temperatura en el polo norte. «Se trata de un proceso que además se está reatroalimentando. Por ejemplo al haber menos hielo el mar el efecto albedo [por el que la luz del Sol rebota en el blanco hielo evitando su calor] está reduciéndose y eso significa más calor en el océano», señala.

La preocupación por el Ártico afecta en particular a dos cuestiones peliagudas, las corrientes marinas y el permafrost. La temperatura del océano si sigue bajando puede terminar por afectar a las corrientes marinas que funcionan como lo hacen por el intercambio equilibrado de corrientes de aguas cálidas y frías entre nuestros océanos.

En el continente preocupa y mucho lo que pasa con el permafrost, la capa de tierra congelada que se está fundiendo. El permafrost es el suelo helado que hay debajo tierra en esas zonas. El impacto de este fenómeno del derretimiento del permafrost es la emisión de metano. Con su deshielo se liberan grandes cantidades de este gas que se concentra en la atmósfera, como el CO2, pero el metano causa el doble de efecto invernadero que el CO2, retroalimentando y aceleradno del cambio climático.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU señala en El Informe especial sobre los océanos y la criosfera en un clima cambiante (SROCC) que “las temperaturas del permafrost han aumentado a niveles récord (desde 1980-presente), incluido el reciente aumento de 0.29 ° C ± 0.12 ° C de 2007 a 2016 promediado en la montaña polar y alta regiones a nivel mundial. El permafrost ártico y boreal contiene 1460–1600 gigatones de carbono orgánico, casi el doble del carbono que hay en la atmósfera”, según detalla el informe publicado por el IPCC. La liberación de esos gigatones de gases en la atmósfera es un dato que alarma a los científicos.

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