La abogada española Antonia Turbay, en la sesentena, recuperó esta semana su libertad con gran emoción. Su hija no pudo esperarla a la puerta del Helicoide porque huyó de Venezuela después de ser víctima de un secuestro exprés. «Me han alejado de mi familia. Prefería que mi hija se fuera y tenerla viva, y no en Venezuela y muerta. Me han cuidado mis vecinos», dijo Antonia Turbay nada más salir en virtud del indulto decretado por el líder chavista, Nicolás Maduro.

«El verdadero perdón político es para quien tenga una causa abierta, pero yo ya tenía una boleta de excarcelación», declaró Toñita Turbay, según recoge El Nacional. Su caso es paradigmático del proceder del chavismo. A Antonia Turbay, nacida en Madrid hace 67 años, la apresaron por supuesta colaboración en la huida del comisario Iván Simonovis.

Vivía cerca de Simonovis; ese fue su delito. Eso fue en junio de 2019. Días después dictaminaron su puesta en libertad, pero solo se ha hecho efectiva un año más tarde, en virtud de un supuesto perdón presidencial.

Turbay estaba en la lista de los 110 presos que ha liberado el régimen chavista esta semana. Un ejemplo claro de cómo ese indulto es una farsa. En su mayor parte, son personas que fueron secuestradas por el régimen con el objetivo de intimidar a la población. Al arrestar a Turbay sembraban el temor entre todos los vecinos de Simonovis.

Nos cuenta todos los detalles el abogado Alfredo Romero, director presidente de Foro Penal, una ONG venezolana que vela por los presos políticos. Lleva más de 15 años dedicándose a la asistencia jurídica gratuita a las víctimas de detenciones arbitrarias. En Foro Penal, que cuenta con unos 7.000 voluntarios, han vivido una semana de emociones intensas.

Empezaba con el anuncio de indulto del régimen chavista, encabezado por Nicolás Maduro, que enfila las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre con el objetivo de que la comunidad internacional las dé por válidas. En ese contexto el ministro de Comunicación anunciaba el lunes la liberación de 110 presos con la intención de trasladar al mundo un «gran gesto» del chavismo.

Ya solo considerar como un «gesto» la liberación de quienes nunca deberían haber estado entre rejas alienta la represión, ya que al régimen le resulta rentable, a juicio de Alfredo Romero, que nos relata cómo detrás de cada preso, hay una vida truncada, una familia rota. No son, en su mayoría, dirigentes políticos, aunque los hay, sino personas cuyo delito es vivir en el mismo vecindario que un preso fugado o ser pareja de una militar disidente. Alfredo Romero hace balance de esta intensa semana en una conversación telefónica desde Caracas con El Independiente.

Pregunta.- El régimen chavista anunció el último día de agosto a bombo y platillo el indulto de 150 presos y dio a entender que todos ellos eran presos políticos y se trataba de «un gesto» encaminado al diálogo y la pacificación del país. ¿Cómo evalúa esa lista de excarcelados el Foro Penal? ¿Cuántos realmente son presos políticos encarcelados?

Respuesta.- Un punto importante para entender el contexto es tener en cuenta que es la séptima vez que ha ocurrido algo similar. Y no es la primera ocasión en que se confunden a unas personas con presos políticos a efectos de la opinión internacional. Son 110 indultos. De ellos 50 son presos políticos con causas pendientes: 11 en arresto domiciliario y 39 entre rejas. En la lista hay también siete personas que están en libertad total y plena. Será un error por ineficacia o ignorancia. A ellos no les corresponde ningún indulto.

Ni un militar ha recuperado su libertad en este indulto: quedan 123 entre rejas», dice el director de Foro Penal

Otras 16 personas estaban excarceladas pero no gozaban de libertad total. A ellos les correspondería un indulto procesal. Luego hay otros 37 perseguidos, con investigaciones pendientes, que no han estado encarcelados, que están fuera del país. De ellos la gran mayoría son dirigentes políticos. El resto son ciudadanos como Antonia Turbay, o algún periodista como Nicmer Evans. No había presos comunes en la lista. En otras ocasiones sí los hubo. Ni un solo militar ha recuperado su libertad. Quedan 123 encarcelados.

P.- ¿Cuántos presos políticos quedan en las cárceles venezolanas?

R.- Quedan 336 presos políticos. Venezuela es el país con mayor cantidad de presos políticos en América, más que Cuba y que Nicaragua. La lista de presos políticos del Foro Penal está certificada por la OEA y verificada por la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU. También la avala Baltasar Porras, el cardenal de Venezuela. 

En total, más de 15.000 personas han pasado por cárceles chavistas por motivos políticos… la situación es gravísima

La lista se actualiza todos los lunes porque así como excarcelaron o liberan a unos, cada semana se excarcelan a unos encarcelan otros. Es lo que llamamos la puerta giratoria. En 2014 había un centenar de presos políticos, y progresivamente han ido aumentando hasta llegar a más de 400 en 2019 y 2020. Pero no son los mismos. En total, más de 15.000 personas han pasado por las cárceles chavistas.

El promedio actual es uno de los más altos en la historia de la represión en Venezuela, desde Chávez hasta ahora. El alivio es individual por estas liberaciones, pero la situación de la represión es muy grave en Venezuela, gravísima.

P.- Usted ha estudiado la estrategia del régimen. Explíquenos qué es el «reloj de la represión».

R.- Los ciclos se dibujan como un reloj. Los pilares que sostienen los sistemas autoritarios como el venezolano, pero también el cubano, el chino o el ruso, son la represión, la cooptación y la legitimación.

La represión se materializa en encarcelamientos, torturas, asesinatos… El último ciclo ocurrió en 2019. Fue el séptimo desde que llegó Chávez al poder. Hay protestas, levantamientos populares, y se sofocan con represión. En 2019 hubo unas 4.000 detenciones. Y asesinatos. La represión actúa a veces de manera anárquica para excluir a personas dentro del sistema. Es intimidatoria.  

El régimen autoritario abre un proceso de supuesto diálogo con liberaciones de presos y simula una apertura para lograr legitimación

Cuando el sistema controla ocurre la llamada cooptación. Es una forma de incluir a los que son supuestamente de la oposición. Hay extorsiones y las víctimas son opositores o medios de comunicación. Ha ocurrido a finales de 2019 y 2020. Ha sido un método bastante efectivo. Abren procesos de supuestos diálogos con liberaciones de presos (que no deberían estar presos) y se simula una apertura que conviene al régimen.

El objetivo final es la legitimación. Al gobierno le preocupa la legitimación perdida porque le trae dificultades y es lo que buscan de cara a sus aliados.

P.- ¿Qué papel tiene Foro Penal en todo este proceso? ¿Cómo viven estas liberaciones?

R.- Desde el punto de vista del Foro Penal, abarcamos en el aspecto micro de la represión. Cualquier proceso de liberación nos congratula. Es lo que llamamos «abrazo de libertad«. Cada caso es único. El cirujano José Antonio Marulanda ha estado dos años y siete meses preso. Lo torturaron, destrozaron sus manos. Lo arrestaron por ser pareja de una militar de la Marina que huyó por disentir. Sus hijas, la mayor de apenas 17 años entonces, llegaron a nosotros a buscar ayuda. Cuando salió el doctor, liberan a toda la familia. Es una gran alegría.

Las detenciones son arbitrarias; las liberaciones también. El régimen es arbitrario. Más del 95% de los presos políticos nunca llegan a ser condenados

Pero la política utiliza a los presos como ficha de negociación. No liberan a todos, sino que engrasan la puerta giratoria. Las fórmulas para detener a las personas son arbitrarias, y también es arbitraria la fórmula para liberarlos. Este régimen es arbitrario. Hay un dato relevante: más del 95% de los presos políticos nunca llegan a ser condenados.

P.- Usted critica que se aluda al indulto como «un gesto» del régimen…

R.- En primer lugar, la liberación de las personas, sea la formula que sea, desde Foro Penal, es siempre bienvenida y jamás ha de ser criticada. Pero algunos diplomáticos dicen que son «gestos» cuando el único gesto que no sería un gesto es un mensaje verdadero: la libertad de todos y el cese de la represión. Estos llamados «gestos» engrasan la puerta giratoria. El régimen interpreta que son percibidos «como gestos positivos» de modo que sigue arrestando injustamente para tener fichas de canje. Lo utilizan inteligentemente.

P.- Usted los conoce a todos. ¿Algún caso le ha impresionado de los recientes excarcelados?

R.- Cada persona me impresiona. De los recientes Antonia Turbay, alias Toñita. Es muy sencilla, muy buena gente. La encarcelan por vivir en la urbanización donde vivía Ivan Simonovis. Se fugó. La inculpan de la fuga. Para justificar que habían arrestado a alguien. Un tribunal decretó su excarcelación plena desde el 26 de julio de 2019. Más de un año con una boleta de excarcelación. Su caso refleja que los presos políticos en un porcentaje mínimo son dirigentes políticos. Lo que quieren es intimidar. Está la abogada vecina, el médico, el activista de derechos humanos… Toda la sociedad. Es un sistema estratégico de intimidación.

¿Qué indulto puede haber cuando uno ya tiene la boleta de libertad? Los presos políticos están fuera del poder judicial

¿Qué indulto puede haber cuando ya tiene la libertad? Quien la tenía secuestrada era la Presidencia de la República. Como la boleta de excarcelación no fue acatada es el propio Maduro quien ordena su liberación. Ilustra bien cómo los presos políticos están fuera del poder judicial. A Turbay no le decretaron nunca la privación de libertad, pero estaba en la cárcel.

P.- ¿No ve posible que el régimen decrete un indulto total?

R.- La represión ha sido muy efectiva. Para intimidar, para excluir. ¿Por qué pararla? Hay un costo político.  Es importante que el costo sea más alto que el beneficio. Hay sectores que lo hacen más beneficioso que costoso. Cuando dices que es un gesto favoreces que se sigan utilizando a los presos como fichas de canje. Al gobierno le interesan que se consideren como gestos. 

Hay que recordar que quedan 336. Si parecen suficientes 50, ¿para qué libera a más? Hay que recordar a los que quedan. Como Emirlendris Benítez, que llegó a abortar como consecuencia de las torturas. Estaba encarcelada por la misma causa que el diputado Juan Requesens, a quien han concedido casa por cárcel. Requesens no se ha beneficiado del indulto, pero Emirlendris aún sigue entre rejas. Les acusaban del intento fallido de golpe de agosto de 2018. Sin pruebas.

P.- ¿Qué pasaría si ustedes no estuvieran con las familias?

R.- Nadie comprobaría si este indulto, por ejemplo, se ejecuta. Dan la orden de indulto, pero luego nadie mueve un dedo. Salen en televisión a anunciar la orden, pero para que esa orden llegue a la cárcel hay un recorrido inimaginable. Nosotros llevamos hasta el papel para los documentos o trasladamos al secretario del tribunal. Acompañamos a las familias hasta que salen. Es un proceso rocambolesco. A veces se olvidan de incluir a alguno y para sus parientes es lógicamente una tragedia. En 2012 escribí Relatos de muerte en vivo y pensé que quizá había exagerado. Pero no, lo que vivimos ahora es aún peor. Nosotros no vamos a parar hasta que no salga de la cárcel el último preso.

Emirlendris Benítez está a la espera. Alfredo Romero y todos los que trabajan en Foro Penal trabajan para que se haga justicia por ellas, por sus familias y por el futuro de Venezuela.