La recta final de la campaña electoral en Estados Unidos ha sido de locura, especialmente para los candidatos, dos septuagenarios. El presidente, Donald Trump, recién recuperado del coronavirus, ha dado 16 mítines en los últimos cuatro días antes de este histórico 3-N, la jornada que marca el fin del proceso electoral en Estados Unidos. El aspirante demócrata, Joe Biden, que cumple 78 años el 20 de noviembre también ha dado el do de pecho.

Cien millones de estadounidenses han votado de forma anticipada o por correo, lo que es un récord nunca antes visto. En 2016 votaron unos 129 millones de personas.

La pandemia en EEUU, el país del mundo más golpeado por el coronavirus, incide de forma extraordinaria en las elecciones en la primera potencia global. Hoy sabremos si este 3-N se mantiene el ritmo y la participación bate récords. Hace cuatro años fue de un 55,5%.

También se renueva el Congreso, toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. El Partido Demócrata puede pasar a controlar las dos Cámaras, ahora es mayoría solo en la Cámara de Representantes.

Los dos se han empleado a fondo en los llamados estados bisagra como Pensilvania, Florida, Michigan, Wisconsin, Georgia, Carolina del Norte, y Minesota en un sprint a la desesperada. En el caso de Trump, por mantenerse en la Casa Blanca. En el de Joe Biden, por desbancar a quien dio la sorpresa hace cuatro años frente a Hillary Clinton, una proeza que espera repetir.

En los últimos mítines, Joe Biden ha recibido la extraordinaria asistencia de quien fue su compañero de fórmula electoral en 2008 y 2012, el antecesor de Trump, el presidente Barack Obama. Ha sido Obama quien se ha reído con descaro de Trump. Así decía que Trump debe de tener un trauma infantil porque no irían niños a sus cumpleaños, dada su obsesión por mostrar que es capaz de reunir a grandes multitudes.

En sus mítines, Trump insiste en que votarle a él es «votar por el sueño americano». Y volvió a hablar de que con el voto por correo «los demócratas han creado una situación muy peligrosa». Hay temor a estallidos violentos y el centro de Washington DC lleva días con los comercios cerrados a cal y canto.

El ex vicepresidente Joe Biden clama: «Tenemos la posibilidad de poner fin a una Presidencia que ha dividido este país… Es hora de que Trump se vaya a casa».

Encuestas en el tramo final

Casi 63 millones de estadounidenses confiaron hace cuatro años en Donald Trump, mientras que 65,8 millones lo hacían por Hillary Clinton. En EEUU son los votos electorales los determinantes y se reparten por estados, según su población, siendo tres el número mínimo. El ganador necesita 270 votos electorales para lograr la Presidencia.

Donald Trump lo consiguió gracias a que sus victorias in extremis en Wisconsin, Michigan y Pensilvania. Unos 80.000 votos en estos estados le abrieron las puertas de la Casa Blanca. ¿Volverá a pasar?

Las encuestas favorecen a Joe Biden frente Donald Trump por mayor diferencia de la que tenía Hillary Clinton en la víspera electoral. La ventaja es mayor en el voto popular (6,5 puntos) y más ajustada en los estados bisagra, con una media de 2,7 puntos, según RealClearPolitics. De los seis estados (Florida, Pensilvania, Arizona, Michigan, Wisconsin, y Carolina del Norte) que son campo de batalla va por delante Trump por apenas 0,6 puntos en Carolina del Norte, pero los conteos son ajustados.

Nadie da nada por seguro y de ahí que Joe Biden se ha empleado incluso Minesota, un estado que ganó Hillary Clinton, pero que quiere asegurar el ex vicepresidente.

En la larga noche electoral americana hay que estar atentos a una serie de estados bisagra, y más aún, condados bisagra dentro de esos estados. Los expertos apuntan a que son los condados que votaron por Obama en 2012 pero no lo hicieron por Clinton en 2016 los clave para que pueda ganar Joe Biden.

Veamos dónde se la juegan los candidatos y dónde hemos de fijarnos en el seguimiento de la noche electoral:

1. Arranque con Carolina del Norte

El este cierra primero las urnas y empieza el recuento. Carolina del Norte será probablemente uno de los primeros estados disputados del que se conocerá el resultado. Son 15 votos electorales.

Era un bastión republicano hasta que lo ganó Barack Obama en 2008, pero lo perdió en 2012. Trump lo ganó en 2016. Es un estado con una gran comunidad afroamericana, profesionales universitarios, pero también consta de zonas rurales, blancas y conservadoras. Según RealClearPolitics, lo ganaría Trump por medio punto.

2. Florida, vital para los republicanos

El estado clave del Sun Belt, con 29 votos electorales, es Florida. Es uno de los swing states más cotizados por republicanos y demócratas. Trump arrebató Florida a los demócratas, que lo habían ganado con Barack Obama al frente. Lo ganó por un 1,2% de los votos.

En la memoria de muchos está el agónico recuento de votos en el año 2000 cuando se enfrentaron el republicano George Bush, hijo, y el demócrata Al Gore.

Ganó Bush por un puñado de votos populares: 537 papeletas, que se tradujo en que Bush se llevó todos los votos electorales del estado, que entonces eran 25, según recuerda la BBC. Hubo que esperar 35 días para conocer el resultado final y tuvo que intervenir el Supremo. Una pesadilla.

Florida es uno de los estados que ya ha empezado a contar los votos por correo y anticipados, de modo que sí ofrecerá datos en la madrugada española, a partir de las seis de la mañana.

Si Donald Trump pierde Florida, un estado con una potente comunidad latina, y en enclaves como Miami de mayoría cubana, sus posibilidades de reelección serían casi nulas. Ningún candidato republicano ha ganado la Presidencia sin Florida. Pero si gana claramente, por tres puntos o más, es muy probable que sea reelegido.

El presidente Trump presenta a Joe Biden como un socialista en sus mítines en Florida. Atiza el temor al socialismo ante un electorado que ha huido de regímenes como el cubano o el venezolano. Pero Florida también es un estado de jubilados acomodados, y los mayores de 65 años son muy críticos con la gestión de Trump con el coronavirus.

Según la media de encuestas de Real Clear Politics, Joe Biden cuenta con un 48,1% de apoyos y Donald Trump con un 46,7%. Son condados como Pinellas donde ganó el actual presidente por un punto, pero donde venció Obama en 2012 los que pueden indicar la tendencia.

3. Atención a Pensilvania y el ‘rust belt’

«Scranton contra Wall Street». Así presenta la elección Joe Biden, que nació en la localidad de Scranton, en Pensilvania, y de ello presume en esta contienda electoral. Vivió allí hasta los 11 años, pero no son muchos los que le asocian a Pensilvania, ya tiene su residencia familiar en Delaware, estado por el que fue senador casi 50 años.

Da idea de lo importante que es para los demócratas recuperar Pensilvania, que perdió sorprendentemente Hillary Clinton. Son 20 votos electorales, que logró Trump por menos del 1% de diferencia con su rival.

Pensilvania, Michigan y Wisconsin no empiezan el recuento de votos por correo hasta el Election Day, con lo que puede tardarse en conocer el resultado final. Primero se conocerán los datos de quienes vayan a las urnas el 3-N, que en general son más favorables a Trump, ya que son reacios a poner medidas para evitar la propagación del coronavirus.

En Pensilvania será relevante para conocer la tendencia el condado de Luzerne, que votó por los demócratas desde 1988 pero lo perdió Hillary Clinton hace cuatro años. Los 26.000 votos de Luzerne fueron más de la mitad de los que dieron la victoria a Trump sobre Hillary Clinton, y con ello los 20 votos electorales de Pensilvania.

En el caso de Michigan, otro estado del rust belt con 15 votos electorales, la victoria de Trump fue por apenas un 0,23%. El condado de Macomb es uno de los más disputados entre republicanos y demócratas. Apoyó dos veces a Obama, pero hace cuatro años lo recuperó Trump por un margen estrechísimo. Biden aspira a reconquistarlo.

Wisconsin es el tercero de los estados del rust belt que catapultó a Trump a la Casa Blanca en 2016 por apenas el 0,77% de los votos. Son 10 votos electorales. Uno de sus condados bisagra es Kenosha, que pasó también de Obama a Trump.

Kenosha había votado demócrata más de 40 años hasta inclinarse por Trump. La ciudad de Kenosha fue una de las más golpeadas por los disturbios raciales el pasado verano.

4. Ohio cambia de piel

Desde 1964 Ohio siempre ha votado por el presidente. En todas las elecciones, incluida la reñidísima del año 2000. Hasta ahora se consideraba que Ohio reflejaba bien al votante medio estadounidense, y al consumidor medio, también.

Pero Ohio, como está sucediendo con Texas, que fuera batión republicano, está experimentando cambios demográficos. La población está creciendo en las ciudades, sobre todo en Columbus, la capital. Y el voto urbano es preferentemente demócrata.

Biden no necesita ganar Ohio, siempre que se imponga en otros estados en el rust belt, o en Florida, pero si Trump saca una ventaja muy pequeña o lo pierde, indicará que también se verá en serias dificultades en el rust belt. Sería una mala señal para el presidente.

5. El ‘urgente’ de la agencia AP

Como señala Beatriz Navarro en La Vanguardia, en Estados Unidos son los medios los que informan del recuento y los resultados preliminares. No hay datos proporcionados por el equivalente al Ministerio del Interior o autoridades locales.

La agencia Associated Press despliega a unos 4.000 reporteros en los colegios electorales que son quienes cruzan los resultados del recuento con encuestas y envían sus informes a la oficina central.

Allí se determina cuándo puede darse por ganador a uno de los contendientes, ya que el otro no tiene manera de superarlo. Ese urgente es el que esperamos todos para dar el titular con el vencedor.

Donald Trump fue declarado vencedor a las 2.29 de la mañana, seis horas más en España, del 9 de noviembre de 2016. Veremos a qué hora y qué día sabremos quién jurará como 46º presidente el 20 de enero de 2021.