Hasta el último minuto de su mandato Trump parece dispuesto a ejercer como si tuviera otros cuatro años por delante. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado el reconocimiento de la soberanía marroquí en el Sáhara Occidental, por entender que su propuesta de autonomía es «la única base» para una solución «justa y duradera» que garantice «la paz y la prosperidad» en la zona.

A la par Marruecos e Israel han establecido relaciones diplomáticas, como antes lo hicieron Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Sudán. Trump ha ofrecido compensaciones a estos países por este gesto. Por ejemplo, en el caso de Sudán, ha borrado al país de la lista de promotores del terrorismo.

«Marruecos reconoció a Estados Unidos en 1777. Por tanto, lo correcto es que reconozcamos su soberanía sobre el Sáhara Occidental», ha escrito Trump en Twitter, al anunciar la firma de un documento.

El Sáhara, bajo administración española todavía, ha vuelto a ser escenario de enfrentamientos entre las tropas del Frente Polisario y de Marruecos. Los saharauis están hartos de esperar a que se respeten los acuerdos alcanzados, y bendecidos por una resolución de la ONU de 1995, para realizar un referéndum sobre la independencia.

Diplomacia a doble banda

El mandatario estadounidense, que abandonará el cargo el 20 de enero, ha anunciado este cambio en el marco de otro «histórico» acuerdo, según el cual Marruecos e Israel han acordado el establecimiento pleno de relaciones diplomáticas.

Marruecos lleva años apoyando a Estados Unidos en la cuestión del Sáhara. De facto desde hace tiempo ha reconocido la soberanía de Marruecos sobre la antigua colonia española.

Este paso que ha dado Donald Trump, que sigue siendo presidente con plenos poderes hasta la toma de posesión de Joe Biden el 20 de enero, encaja con su política de acercamiento a los nuevos aliados de Israel. Primero Israel estableció relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos, luego con Bahrein y por último con Sudán. Estos países son aliados de EEUU.

Arabia Saudí, Qatar y Kuwait, también muy cercanos a Washington, no van a seguir ese camino. Marruecos es el cuarto país desde agosto en establecer relaciones con Israel en los últimos cuatro meses. Es una diplomacia a doble banda de EEUU e Israel.

En estos últimos días hasta su salida de la Casa Blanca Trump está tratando de rematar los asuntos pendientes, si bien la nueva Administración podría revertir ciertas medidas, es cierto que la relación con Israel es un asunto sensible para los dos partidos.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, lo sabe y por ello, estrecha una mano a Trump y con otra da la bienvenida a Joe Biden. Netanyahu está en dificultades domésticas y necesita más que nunca este aval de Estados Unidos como un espaldarazo a su labor.

Según explica Sarah E. Yerkes, investigadora en Carnegie Endowment, en su cuenta de Twitter «será interesante ver si Joe Biden revierte o no esta decisión». Sobre el papel, EEUU apoya la solución de la ONU sobre el Sáhara Occidental y hasta ahora ha sido reacio a reconocer la soberanía marroquí».

Con Obama en la Casa Blanca se vivieron momentos de tensión entre Rabat y Washington hasta el punto de cancelarse unos ejercicios militares llamados León Africano por primera vez. El paso dado por Trump puede complicar las relaciones de EEUU con Argelia, que habían mejorado sustancialmente en los últimos tiempos.

La orfandad de los saharauis

En el caso del Sáhara, el gesto de Trump es otra decepción más para los miles de personas que viven en los campamentos de refugiados en Argelia desde hace décadas. Están tan huérfanos que muchos no ven más camino que la guerra para salir del impás que beneficia los intereses marroquíes.

En una entrevista en El Independiente, la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, aseguraba que España sí aporta ayuda humanitaria a los saharauis y también contribuye a la solución política, que, a su juicio, está en manos de la ONU.

Sin embargo, desde la renuncia del último enviado especial para el Sáhara, el alemán Horst Köhler, por razones personales, hace año y medio no se ha designado siquiera un sustituto.

En este contexto, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, tenía prevista una visita a Marruecos el 17 de diciembre, que ha sido pospuesta hasta febrero, según fuentes oficiales, por razones epidemiológicas. No se había confirmado el encuentro con el rey Mohamed VI.

Para evitar malentendidos, se había quedado fuera de la visita el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos, quien ha defendido recientemente en un tuit la celebración de un referéndum en el Sáhara, como acordaron las partes y así consta en una resolución de la ONU de 1995.

Es probable que la incertidumbre sobre el encuentro con Mohamed VI, junto con el anuncio de Donald Trump, que contradice la posición de la UE de apoyar a la ONU en la búsqueda de una solución negociada, haya llevado al gobierno a dejar el encuentro para una mejor ocasión.