Era una condena cantada pero que ha despertado gran expectación. La sala 635 estaba abarrotada. Y Alexei Navalni, poco antes ha dibujado un corazón con sus dedos y ha mirado a su esposa, Yulia. El tribunal de la ciudad de Moscú, protegido por grandes medidas de seguridad y con asistencia de diplomáticos de una veintena de países, ha dictado sentencia contra el disidente ruso por no comparecer ante la justicia a finales de año pasado por el caso sobre estafa y blanqueo llamado Yves Rocher de 2014. La pena es de tres años y medio, aunque le restan lo ya cumplido en prisión domiciliaria. Ha de pasar dos años y ocho meses en un penal en duras condiciones.

En previsión de disturbios, las fuerzas de seguridad han cerrado la Plaza Roja. La sentencia irrita a los seguidores de Navalni, que van a mantener el desafío al líder ruso, Vladimir Putin. Más de mil personas han sido arrestadas en la jornada del miércoles.

El secretario de estado de EEUU, Antony Blinken, ha dicho que esta condena es un intento de Rusia de acallar a la disidencia. La Unión Europea ha exigido la liberación de Navalni. El Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, visita esta semana Moscú, donde tiene previsto entrevistarse con el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov. El Kremlin ha apelado a que otros países no se inmiscuyan en sus asuntos.

Ante el juez, Navalni ha dicho: «Sabemos por qué está pasando todo esto. La razón: el odio y el miedo de un hombre en el búnker. Le ofendo por haber sobrevivido cuando dio la orden de matarme». Ha remarcado que Putin pasará a la Historia como «el envenenador».

Navalni ha dicho que el juicio se basa en mentiras y es ilegal. «Pido mi inmediata liberación», ha señalado.

El opositor ruso no pudo cumplir con las condiciones impuestas cuando suspendió la condena a tres años y medio porque estaba convaleciente en Berlín por haber sido víctima de envenenamiento. Tanto Alexei como su hermano Oleg fueron acusados de apropiarse indebidamente de más de 30 millones de rublos de Rocher y MPK, empresas donde trabajaron. Varios directivos hablaron a su favor.

Y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos consideró en 2017 arbitraria e injusta la decisión previa. Nada de esto ha importado a la Corte moscovita. Pero la Fiscalía argumenta que igual que daba entrevistas en Alemania también podría haber cumplido con sus obligaciones judiciales. La defensa de Navalni argumentaba que es un juicio político.

Hay más causas pendientes que pesan sobre Navalni. Una de ellas comenzó su curso cuando ya estaba en Alemania. El disidente ruso está acusado de desviar fondos destinados a su fundación. Todos estos procesos pueden llevarlo a pasar varios años en la cárcel. Lo que ha dicho en reiteradas ocasiones es que no tiene intención de quitarse la vida, pase lo que pase.

Navalni marca la agenda política

El pulso entre Navalni y Putin va a marcar la agenda política de 2021 en Rusia. Por mucho que le pese a Putin, que hasta ahora se negaba a nombrar a quien trataba de quitar importancia.

«El bloguero que no interesa a nadie» ha logrado congregar a miles de seguidores en varias ciudades de Rusia, no solo en Moscú y San Petersburgo, el pasado fin de semana y el anterior. «¡Putin, ladrón!», «Libertad para Navalni», gritaban, a pesar del hostigamiento de las fuerzas de seguridad.

Las manifestaciones de los dos últimos fines de semana son las mayores de la última década. Y lo más relevante: un 40% de los asistentes nunca antes habían protestado en las calles.

Alexei Navalni regresó el pasado 17 de enero a Moscú tras haber pasado cinco meses en Alemania. En el hospital Charité de Berlín lograron que se recuperaron de un intento de envenenamiento que sufrió el pasado mes de agosto cuando volvía desde Siberia a la capital rusa. Navalni acusó a Putin de estar detrás de su intento de asesinato.

Sin embargo, el líder ruso, en su comparecencia anual ante la prensa internacional, a finales de diciembre, aseguró que si hubiera estado el Kremlin detrás, no habrían fallado.

Al aterrizar en Moscú, Navalni fue arrestado. Sabía que corría ese riesgo pero quiso volver porque Rusia es su país, y es desde donde quiere plantar cara a Putin.

La UE y EEUU han demandado su liberación. En la primera conversación telefónica que mantuvo el nuevo presidente de EEUU, Joe Biden, y el líder ruso, Vladimir Putin, salió a relucir el nombre de Navalni. Biden exige su excarcelación al Kremlin, mientras Moscú acusa a Occidente de injerencia en asuntos internos.

La Fundación Anticorrupción (FBK en sus siglas en ruso), organización fundada por Navalni, se ha dirigido a Joe Biden para que aplique sanciones a 35 altos cargos y empresarios rusos, entre ellos ocho estrechamente vinculados al presidente Vladimir Putin.

El balance de detenidos en las protestas del último domingo de enero ha batido todos los récords: más de 5.000 arrestados en todo el país. A pesar del riesgo a acabar en la cárcel, de la campaña de acoso a sus correligionarios más cercanos, como su hermano Oleg, o su esposa Yulia, son miles los que creen que Navalni no debería estar en la cárcel. Y miles quienes creen que sus denuncias de corrupción son verosímiles, lo que daña gravemente la credibilidad de Putin.

Decenas de científicos y académicos han firmado una carta abierta dirigida a Putin en la que le piden que cese su persecución de activistas. Advierten que «la situación puede conducir a un levantamiento nacional», según informa la web rusa independiente meduza.

«Vemos una escalada de represión política contra la oposición y contra manifestantes pacíficos. Las sentencias de los tribunales cada vez se distancian más de la ley rusa. Las autoridades están intentando intimidar a la población e imponer el control del Estado», señalan estos intelectuales.

«La brutal represión de las protestas y la falta de diálogo por parte de las autoridades intensifican las tensiones en Rusia. La situación puede derivar en una levantamiento nacional, un escenario demasiado familiar para los rusos en el pasado. Hacemos un llamamiento en favor de un diálogo abierto con la sociedad en su conjunto», añaden.

Un palacio digno de un zar

La difusión de un video en el que se puede contemplar un descomunal palacio a las orillas del Mar Negro, que sería propiedad de Putin, según Navalni, ha despertado gran interés entre los rusos, que ven cómo el rublo ha perdido el 20% de su valor desde el año pasado.

Mientras unos pocos se enriquecen, millones viven cada vez con menos. Unos cien millones de personas han visto el material difundido por la fundación contra la corrupción de Navalni.

No es nuevo lo que se da a conocer. Lo reveló el empresario Serguei Kolesnikov, que dijo haber estado implicado en los inicios del proyecto. Kolesnikov publicó planes, contratos y otros documentos ligados a la construcción del palacio.

Estaba supervisado por el hombre de negocios Nikolai Shamalov en nombre de Vladimir Putin, según publicó meduza.net. Shamalov se lo vendió a otro millonario, Alexander Ponomarenko, que decía que quería levantar un complejo hotelero.

Según la Fundación Anticorrupción, Ponomarenko, pagó 350.000 dólares (unos 330.000 euros), es decir mil veces menos de su coste real. El palacio y los terrenos superan el valor de 1.200 millones de euros. Uno de los amigos de Putin, el millonario Arkadi Rotenberg, se ha atribuido su propiedad. Rotenberg suele practicar judo con Putin, quien valora la lealtad por encima de todo.

En 2011 el ecologista Dimitri Sevchenko reveló la construcción de la mansión cercano a la ciudad de Gelendzhik. Está enclavado en una zona de bosques junto al mar Negro. La residencia se ubica en una propiedad de 68 hectáreas. Tiene helipuerto, una pista de hielo, iglesia, anfiteatro, invernadero y un aceso directo a la playa.

Putin ha negado que la mansión sea suya y acusa a os que acuden a las protestas de «terrorismo». El desafío de Navalni es lograr que estas manifestaciones sigan en un año que habrá elecciones a la Duma en septiembre. Y que esta ola arrastre a otros opositores para que sumen fuerzas contra el líder del Kremlin.