En la obra Cómo mueren las democracias Steven Levitsky y Daniel Ziblatt revelan cómo «las democracias pueden fracasar a manos de líderes electos, de presidentes o de primeros ministros que subvierten el proceso mismo que les condujo al poder». Ese desmantelamiento se hace a pasos pequeños y se va ocultando la represión bajo la apariencia de legalidad.

«De ahí que hacerse con el control de los árbitros sea tan importante». En el caso de los medios, los gobiernos «pueden usar su control de los árbitros para marginar ‘legalmente’ a los medios de comunicación de la oposición, a menudo mediante demandas de libelo y difamación», puede leerse en el ensayo de estos dos profesores de Harvard.

Si desde el poder se arremete contra periodistas que disienten o investigan a quienes están al frente de las instituciones, la libertad de expresión se tambalea. No se trata de corporativismo: los periodistas ejercen su derecho a la libertad de expresión en nombre del ciudadano en una democracia. En palabras de la ex senadora argentina Norma Morandini, «si el corazón de la democracia es la libertad de expresión, al amenazar y criminalizar a la prensa se está desmantelando la democracia».

De ahí que los señalamientos a periodistas de El Confidencial, El Mundo y Ok Diario realizados desde www.laultimahora.es, el digital que dirige Dina Bousselham, ex asesora de Pablo Iglesias, sean muy preocupantes en una democracia. La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) condenó en un comunicado esas «críticas ofensivas» realizadas desde «páginas web que se autodenominan medios de información sin respetar las reglas básicas del periodismo».

Bousselham ha sido la testigo clave en la investigación por descubrimiento y revelación de secretos con agravante de género, daños informáticos y denuncia falsa contra el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias.

El jefe del grupo parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, salió en tromba en su cuenta de Twitter a defender a «un modesto digital llamado La Última Hora». Sin pista alguna sobre quién lo dirige y su relación con Unidas Podemos.

El caso Santoro

Estas prácticas son bien conocidas por un buen número de periodistas argentinos, entre los que se encuentra Daniel Santoro, quien ganó el Premio Rey Juan Carlos en 1995 por su investigación sobre la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia. Santoro acaba de recibir un fallo de la Cámara Federal del Mar del Plata que ha levantado su procesamiento y ha acusado al juez que le había encausado de graves errores fruto de su mala fe.

Santoro, que trabaja en el Grupo Clarín, ha vivido un calvario en los últimos años. En esta ocasión se atrevió a investigar a Cristina Fernández de Kirchner, quien fuera presidenta (2007-2015) y hoy es vicepresidenta en el gobierno que lidera Alberto Fernández.

El ‘kirchnerismo’ adopta el concepto de ‘lawfare’… Defiende que hay una conspiración de medios hegemónicos, jueces y EEUU contra los gobiernos populares de América Latina»

daniel santoro

«El kirchnerismo quería enjuiciar a los periodistas que habían investigado a CFK y a otros funcionarios. Adopta el concepto de lawfare de los abogados del ex presidente brasileño Lula da Silva. Defiende que hay una conspiración de medios hegemónicos, jueces y Estados Unidos contra los gobiernos populares de América Latina», explica Daniel Santoro, a quien acusaron de violar la ley de inteligencia e intento de extorsión. Le recriminaban por haber enviado un informe de antecedentes comerciales a una fuente, Marcelo D’Alessio, a quien calificaban de agente de la DEA.

Fue Valeska Teixeira, abogada de Lula, quien popularizó la teoría del lawfare y sus seguidores la equiparan con la warfare, o la teoría de la seguridad nacional, aplicada por Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo. En lugar de torturas o persecución, esas fuerzas hegemónicas persiguen judicial y mediáticamente a los «representantes del pueblo».

CFK adoptó esta tesis para justificar las causas en su contra y las investigaciones periodísticas como la realizada por Daniel Santoro, autor de La ruta del dinero K, sobre la trama secreta de lavado de dinero que implica a Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo, diputado.

Parten de las tesis del teórico político argentino Ernesto Laclau, que sostiene que «los medios de comunicación han sido siempre un factor de resistencia a la movilización popular, porque se ha dado una enorme monopolización de sos medios de producción en torno a ciertos núcleos centrales». Los enemigos eran los medios hegemónicos, a ojos de Laclau, en quien se inspiran los dirigentes de Unidas Podemos.

CFK no está sola. El constitucionalista argentino Eduardo Barsesat, que integra la fundación Common Action Forum, anunció en enero de 2020 la creación de un Tribunal Ético contra el lawfare.

Para Barsesat, el lawfare tiene aliados poderosos, que son «los relatos periodísticos de medios hegemónicos que anclan en las creencias populares ese vínculo de los políticos y la corrupción». Formaba parte de este Tribunal Ético el juez Baltasar Garzón, que no tardó en desmarcarse.

Es una concepción del poder que desprecia a la prensa como inherente al sistema democrático para garantizar los derechos ciudadanos a conocer la verdad sobre la honestidad de sus gobernantes»

norma morandini

«Es una concepción del poder que desprecia a la prensa como inherente al sistema democrático para garantizar los derechos ciudadanos a conocer la verdad sobre la honestidad de sus gobernantes», afirma Morandini.

A juicio de la ex senadora, que fue directora del Observatorio de Derechos Humanos del Senado, «es deshonesto confundir un foro de debate de ideas, sea cual sea su ideología, con un tribunal político para defender a los funcionarios procesados por corrupción».

Cristina Fernández de Kirchner sabía que la credibilidad es el pilar sobre el que se construye la carrera de un periodista. De ahí que acabar con la credibilidad de Santoro, y de los que se atrevieron a investigar cómo se ha enriquecido en el poder, ha sido uno de sus objetivos.

«CFK sabe que dependemos de nuestra credibilidad. Nos ataca, nos cuestiona, y después salen miles en las redes secundando sus diatribas. Luego nos presentan una denuncia penal. He estado dos años con prohibición de salir del país y pendiente del procesamiento. Ahora una Cámara Federal ha anulado el procesamiento», afirma Santoro.

No hay límites en esta operación de señalamiento y difamación. Llegaron a publicar su dirección y una foto de su esposa. Fomentan la división entre los periodistas, la grieta, de la que habla Santoro, que recuerda cómo el número de periodistas dedicados a casos de investigación se ha reducido a los dedos de una mano.

«Hasta que salió el fallo vivía estresado. Mi familia tenía miedo. Perdí empleos en la radio y en la televisión, aunque el Grupo Clarín siempre me ha respaldado. Gané el Premio Rey de España con una investigación sobre Menem, por la que fue investigad. Menem me criticaba pero nunca mencionó a mi familia. Han pasado todas las líneas rojas», señala Santoro, si bien distingue a Fernández, que respalda a CFK pero «no tiene esa virulencia».

Recuerdan Santoro y Morandini un programa de la televisión pública, 678, en el que se dedicaban a insultar a los periodistas de medios privados no afines, como el Grupo Clarín. Por ejemplo, elegían al periodista del mes, al que ridiculizaban. CFK, en su segunda presidencia, gestó además la ley de medios, con el objetivo de desbaratar al Grupo Clarín, que le plantaba cara.

Jorge Lanata, que ahora conduce Lanata sin Filtro en Radio Mitre, es uno de sus objetivos por sus investigaciones sobre la corrupción de CFK y familia. Le ridiculizaban, le llamaban «farandulero», incluso crearon un hashtag ad hoc, y cuestionaban continuament su credibilidad.

«El debate democrático no justifica la descalificación. Aprendí en la universidad que los periodistas formamos, informamos, entretenemos y somos el guardián de la corrupción. Pero ellos no aceptan que cumplamos esta tarea», concluye Santoro. 

Como Trump a su pesar

La lectura que hace la periodista e investigadora de medios argentina Adriana Amado sitúa a estos políticos pop cercanos a Donald Trump. «No son populistas en el sentido estricto. Hacen uso de la cultura pop. Su comunicación apunta a generar un impacto como el pop, quieren que se hable mucho de ellos y que se repita, aunque no van más allá de esa superficie. Su obsesión es estar en los medios tradicionales», dice Amado, autora de Política pop: de líderes populistas a telepresidentes

«Estos partidos no han entendido bien la revolución digital. Están muy pendientes de una agenda de los medios, que pudo tener el impacto hace años atrás. Pero no ahora que hay una comunicación más dispersa. En esa obsesión se genera una tensión con el periodismo y ahí se entregan en sus argumentos y terminan generando una perspectiva totalitaria: es mi versión y si no, estás mintiendo, y ahí se acercan a personajes como Trump», añade Amado. «Es la misma narrativa, aunque sea diferente la ideología».

Como hacía Trump al aludir a las fake news cuando algo no coincidía con su versión, también estos populismos mantienen que aquello que les cuestiona es fruto de una conspiración en su contra.

El pluralismo siempre tiene que ser desde su perspectiva. La versión alternativa siempre es mentira. Incluso cuando están en el poder insisten en una conspiración universal contra ellos»

adriana amado

«Fuera del poder se puede pensar acaso en esa manipulación. Pero están en el poder y piensan que el poder está en otro lado. El kirchnerismo llegó a manejar en un millón de de dólares en pauta oficial al día, y aún así estaban preocupados por los que generaban otra información. El pluralismo siempre tiene que ser desde su perspectiva. La versión alternativa siempre es mentira. Incluso cuando están en el poder insisten en esa conspiración universal contra ellos», comenta Adriana Amado. 

Recuerda Amado cómo CFK cuando estaba en la Presidencia llegó a ser más agresiva que Trump. Y no solo ella, también Rafael Correa en Ecuador. «Hay quienes cierran sus medios por el hostigamiento pero otros muchos optan por no hablar para no ser objeto de represalias. El horror que vimos con Trump lo hemos vivido en Argentina sin los contrapesos del sistema estadounidense».

Resulta paradójico que quienes critican a los medios hegemónicos pretendan ejercer la hegemonía de los medios una vez que llegan al poder, al confundir las prerrogativas del gobierno con las del Estado.

En palabras de Norma Morandini, «descreen de los valores de la democraica, pero se aprovechan de su generosidad para sustituirla por una concepción de poder que se arroga una superioridad moral, ‘la conciencia jurídica de la humanidad’, solo por invocar los derechos humanos, la pobreza, las víctimas, sin que se renozca que la corrupción con el dinero público como otra de las amenazas de la democracia y causa de la pobreza».